Provincia de Cádiz

Adicto al sexo con manoletinas

  • "Le ponía un whisky a Satán cuando se le aparecía a medianoche los viernes"

No sólo sus timos dan para llenar páginas y páginas de detalles escabrosos. Su vida íntima no se queda a la zaga. Fuentes de la investigación lo definen como un adicto al sexo "pero no el de una persona normal". Y es que a Carlos Javier le gustaba frecuentar los clubes de alterne y mantener relaciones con prostitutas a las que, en los últimos tiempos, desde que se había montado la película de que era el "verdadero hijo de Satán", llamaba "mujeres de Satán". Ahora, eso sí, siempre les hacía una curiosa exigencia: que se pusieran zapatillas de tela, del estilo de las manoletinas, "y cuanto más usadas mejor". Fetichista el tío.

Este periódico ha podido saber que llegó a tener hasta un club de alterne propio en San Fernando, llamado "La Mansión", en el que tenía trabajando a cinco o seis mujeres.

Invitaba a cualquiera a que fuera allí. Incluso a personal de los medios de comunicación a los que acudía con frecuencia para poner anuncios. Porque no sólo se anunciaba, en publicaciones del tipo de Cambalache y en Internet, como 'brujo satán espiritual'. En los medios 'serios' insertaba anuncios de relax publicitando a las prostitutas que trabajan para él. Del tipo "Polaca rubia, guapísima, lésbico, 24 horas" , "La Mansión, seis chicas modelos, haciendo de todo, streptease y despedidas de soltero" y "Nueva Irina , rusa rubia, muy guapa, especial sado y domicilio". Ahora, al llamar a cualquiera de estos anuncios, una operadora comunica que no hay ningún abonado con ese número.

Lo que contábamos. Su desfachatez era tal que, a cualquier sitio que iba, trataba de captar a nuevos adeptos. Sin ningún pudor iba contando que adoraba a Satán, desde que hace años, le dijo que "si me ofreces a tu hija, tendrás todo lo que quieras". Contaba incluso que el demonio se le aparecía los viernes, a las 12 de la noche, "y que le ponía una copa de whisky", recuerda una chica a la que invitó a ir a la Mansión.

Llevaba colgando del cuello, a modo de amuleto, una cuerda de la que pendía un plástico en cuyo interior guardaba "un trozo del corazón del animal que acabara de sacrificar". Y así invitaba a todos a acceder a su 'secta': sacrificando a un animal.

Hasta aquí, su parafernalia satánica y su sexo fetichista. Resta determinar cuántas son las víctimas estafadas con su 'negocio' verdadero, la venta de coches trucados.

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