Referéndum de la OTAN en España: 40 años de la consulta que dividió al país

En un contexto de Guerra Fría, los españoles se pronunciaron a favor de la permanencia en la Alianza Atlántica

El presidente del Gobierno, Felipe González, durante el mitin de cierre de campaña del PSOE celebrado en Madrid para defender la permanencia de España en la OTAN.
El presidente del Gobierno, Felipe González, durante el mitin de cierre de campaña del PSOE celebrado en Madrid para defender la permanencia de España en la OTAN. / Efe
Redacción

12 de marzo 2026 - 10:39

Este jueves se cumplen 40 años del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, una consulta que dividió profundamente a la sociedad española y que resultó determinante para la integración plena del país en el bloque occidental. Aquel 12 de marzo de 1986, más de nueve millones de españoles votaron a favor (52,5%), frente a los casi siete millones que rechazaron la permanencia (39,9%), con una participación cercana al 60% y un 6,5% de votos en blanco y nulos.

El proceso de adhesión a la Alianza Atlántica había comenzado años antes, en un momento especialmente convulso de la historia española. Fue Leopoldo Calvo Sotelo quien comunicó la intención de España de adherirse a la OTAN el 2 de diciembre de 1981, apenas nueve meses después del intento de golpe de Estado del 23-F. El 30 de mayo de 1982, España se convirtió oficialmente en el miembro número 16 de la OTAN, una organización que hoy cuenta con 32 países miembros.

Sin embargo, la entrada en la Alianza no estuvo exenta de polémica. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por Felipe González, había utilizado en su campaña electoral de octubre de 1982 el conocido lema OTAN, de entrada no, consiguiendo una victoria arrolladora con 202 escaños. Una vez en el poder, González dio un giro radical a su posición y puso en manos de la ciudadanía no sólo la continuidad en la Alianza, sino también su propia credibilidad política. Este cambio provocó la dimisión de su ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, en desacuerdo con el nuevo rumbo.

El viraje de Felipe González hacia el 'sí' a la OTAN

Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política y Administración en la Universidad Autónoma de Madrid, considera que el giro de González hacia el fue "más que lógico" en el contexto de la Guerra Fría. "González no tenía más remedio si quería formar parte de la Comunidad Económica Europea (CEE)", asegura el experto. De hecho, uno de los principales argumentos esgrimidos por el Gobierno socialista fue que el reciente ingreso en la CEE, producido apenas dos meses antes del referéndum, el 1 de enero de 1986, conllevaba unos compromisos de seguridad colectiva ineludibles.

Giulia Quaggio, historiadora especializada en la Europa posterior a 1945 y coordinadora del libro Imaginando la Guerra Fría desde los márgenes: la sociedad española y la OTAN, recuerda que antes del ingreso en la CEE, la narrativa oficial aseguraba que pertenecer a la OTAN era una "condición necesaria" para formar parte de la Comunidad Europea. Esta argumentación, aunque posteriormente matizada, resultó efectiva para convencer a una parte significativa del electorado español.

Las tres condiciones que votaron los españoles

El texto sometido a referéndum fue, según Quaggio, "cuidadosamente elegido" por los socialistas, que "tenían mucho miedo" de las consecuencias de una eventual derrota. La pregunta planteada a los ciudadanos fue: "¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?". Estos términos incluían tres cláusulas que el Gobierno consideraba convenientes para los intereses nacionales.

La primera condición establecía que "la participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada". Esta premisa fue revocada el 1 de enero de 1999, bajo el Gobierno de José María Aznar, tras una negociación de tres años. El cambio se produjo en un contexto radicalmente diferente: el telón de acero había caído y los bloques surgidos de la Segunda Guerra Mundial se habían diluido. Además, la posición de España se había fortalecido cuando en 1995 se eligió al primer secretario general español de la OTAN, Javier Solana, quien ocupó el cargo hasta 1999.

El segundo término garantizaba que "se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español". Esta condición recogía la desnuclearización militar iniciada en 1979 con el Tratado de Amistad y Cooperación Hispano-Norteamericano, aunque España no se adhirió al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares hasta 1987.

La tercera proposición estipulaba que "se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de Estados Unidos en España". De las cuatro bases norteamericanas incluidas en los Pactos de Madrid de 1953 (Zaragoza, Morón, Rota y Torrejón), la base de Zaragoza se cerró en 1992 y la de Torrejón mantuvo presencia estadounidense, cada vez más limitada, hasta 2004. Las bases de Rota y Morón son las únicas que permanecen bajo control hispano-estadounidense en la actualidad.

Una de las mesas instaladas por el PSOE en diversos puntos de Madrid para recoger firmas.
Una de las mesas instaladas por el PSOE en diversos puntos de Madrid para recoger firmas. / Efe

La relevancia internacional del referéndum español

La decisión que adoptaron los españoles el 12 de marzo de 1986 tuvo repercusiones que trascendieron las fronteras nacionales. Como afirma Quaggio, "el referéndum puso a España delante de toda la comunidad internacional". Estados Unidos seguía con especial preocupación la consulta, principalmente por el riesgo de perder las bases militares en territorio español, consideradas estratégicas para sus operaciones en el Mediterráneo y el Atlántico.

En el ámbito europeo, la República Federal Alemana (RFA) también mantuvo una estrecha vigilancia sobre el proceso, dado el peso de España en el equilibrio de fuerzas del continente. Al otro lado del telón de acerola Unión Soviética aprovechó la coyuntura para participar de la propaganda que permeaba los movimientos antibelicistas en toda Europa, aunque "no puede saberse hasta qué punto incidió", según la historiadora Quaggio. Estos movimientos pacifistas llevaron a históricas manifestaciones en España durante los meses previos al referéndum.

Cuatro décadas después: debates renovados sobre la OTAN

Cuatro décadas después de aquel referéndum, los debates sobre la Alianza Atlántica han revivido con España como protagonista. El país se ha negado recientemente a que Estados Unidos utilice las bases de Rota y Morón para los ataques contra Irán que comenzaron el 28 de febrero de 2025. Además, España ha sido el único país en votar en contra de la subida al 5% del PIB del gasto en defensa, una posición que ha generado críticas del presidente estadounidense, Donald Trump. "Es un país perdedor. No juegan en equipo y no voy a jugar con ellos", ha llegado a declarar Trump sobre España.

El analista político Eduardo Bayón sostiene que "el contexto de hace 40 años tiene poco que ver con el actual". Los últimos años de la Guerra Fría que caracterizaban el panorama internacional en 1986 han dado paso a un escenario completamente diferente. Fernando Vallespín describe también como "radicalmente distintos" los contextos de 1982 y 1999, es decir, la entrada en la Alianza y la posterior integración en la estructura militar.

En esta línea, Bayón señala que la Guerra de Iraq de 2003, que España apoyó tras la Cumbre de las Azores, junto con la posterior "muerte cerebral" de la OTAN, como la definió el presidente francés Emmanuel Macron en 2019, refleja la deriva de este tratado de seguridad colectiva. Para Vallespín, esta deriva obligó a la Alianza a "aclararse para qué sirve" en un mundo postsoviético.

El impacto del segundo mandato de Donald Trump

Según Fernando Vallespín, el contexto de la Alianza del Atlántico Norte establecido en el cambio de siglo permaneció relativamente estable hasta Trump 2.0 —en referencia al segundo mandato del actual presidente norteamericano— que "resquebrajó el equilibrio". El catedrático defiende que asistimos a una "situación de indefinición del compromiso de Estados Unidos, que ha sido históricamente la voz de mando de la Alianza". Para Bayón, Estados Unidos se ha convertido en "un aliado no fiable por mera trayectoria".

En relación con los recientes acontecimientos, Fernando Vallespín considera que la posición de España respecto a las bases y la guerra en Irán es "impecable desde el derecho internacional". En cuanto a las amenazas de Trump de que Estados Unidos pueda actuar contra España, Vallespín asume que "la base de Rota es imprescindible. Podrían llevarla a Marruecos, pero sería un coste enorme". Por ello, no ve que sea "viable a corto plazo", al igual que tampoco considera posible "un boicot comercial" efectivo.

El papel de las bases militares estadounidenses en España

Las bases de Rota y Morón constituyen instalaciones estratégicas de primer orden para Estados Unidos en el área del Mediterráneo y el Atlántico. La Base Naval de Rota, situada en Cádiz, alberga el escudo antimisiles de la OTAN y sirve como punto de apoyo logístico para la Sexta Flota estadounidense. La Base Aérea de Morón, en Sevilla, funciona como plataforma de despliegue rápido y centro de operaciones especiales.

Aunque estas instalaciones están bajo soberanía española y tienen un comandante español como máximo responsable, el uso compartido con las fuerzas estadounidenses ha generado debates recurrentes sobre la autonomía española en materia de defensa. Los acuerdos bilaterales establecen que cualquier operación militar que parta desde estas bases requiere autorización del Gobierno español, aunque la interpretación de estos acuerdos ha sido objeto de controversia en diversas ocasiones, especialmente cuando las operaciones estadounidenses no cuentan con respaldo de Naciones Unidas o generan divisiones en la comunidad internacional.

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