Las claves

Pilar Cernuda

La coalición aguanta, pero tiene un problema

Iglesias marca las diferencias con Calviño, Escrivá y Robles, aunque también de vez en cuando vive momentos complicados con Carmen Calvo o con María Jesús Montero

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias estrechan sus manos tras el acto de firma del acuerdo programático en diciembre de 2019. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias estrechan sus manos tras el acto de firma del acuerdo programático en diciembre de 2019.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias estrechan sus manos tras el acto de firma del acuerdo programático en diciembre de 2019. / Juanjo Martín (EFE)

No peligra la coalición de gobierno. Por ahora. Así, textualmente, define la situación un sanchista destacado.

El presidente, cada vez que le han preguntado por el futuro de la coalición ha respondido que goza de buena salud, pero esa respuesta no indica nada: son múltiples los ejemplos en los que el presidente ha mentido, la última cuando aseguró que Miqel Iceta sería el candidato a la presidencia de la Generalitat y ya había mantenido el presidente las conversaciones con Iceta que convertirían a Salvador Illa en la cabeza de cartel. Por otra parte, sería impensable que Sánchez, o cualquier presidente de cualquier gobierno, anunciara problemas graves en una coalición cuando no ha dado ningún paso para garantizarse la continuidad del gabinete con otros socios o en solitario con apoyos previamente pactados. Así que se puede dar por hecho que Pedro Sánchez seguirá defendiendo públicamente que su intención es que la coalición se mantenga hasta el fin de la legislatura. Otra cosa es que esa coalición muestre un desgaste que obliga a deducir que no es seguro que se cumpla el calendario que defiende el presidente de gobierno.

Un calendario que personas de su entorno ya ponen en duda. Hoy por hoy Sánchez e Iglesias se necesitan mutuamente, aunque mantienen una lucha soterrada para mantener posiciones que en muchos casos son divergentes, porque es la única manera de que siga adelante la coalición y el Gobierno actual. No se trata solamente de sus propias ambiciones de poder, lógicas siempre en un político, sino que en el caso de Pablo Iglesias también interviene su deseo, o necesidad, de conservar su aforamiento, como diputado y como miembro del gobierno, ante las numerosas noticias que aparecen sobre irregularidades, o presuntos delitos, realizados en Podemos durante sus años como máximo responsable del partido. Es cierto que las cantidades presuntamente utilizadas irregularmente - que incluyen sobresueldos, gastos sin justificar , partidas adjudicadas a iniciativas distintas a las propuestas y no cumplimiento de las obligaciones fiscales- no son especialmente altas, pero se trata de operaciones múltiples y continuadas, que afectan seriamente a la credibilidad del partido, una de cuyas señas de identidad ha sido la lucha contra la corrupción e irrumpir en el escenario político promoviendo la ejemplaridad.

Todo ello afecta electoralmente a Podemos y a Pablo Iglesias, que conocen su situación de declive, y por tanto a la dirección de Podemos le interesa más que nunca que continúe la coalición. Lo sabe Pedro Sánchez mejor que nadie, que en las últimas semanas ha relajado su relación con Pablo Iglesias, que no es tan estrecha y tan incondicional como hace pocos meses, justo antes de la aprobación de los Presupuestos, cuando Iglesias se encontraba en situación de exigir y logró torcer el brazo al presidente que aceptó algunas de sus propuestas, lo que agravó las tensiones que se viven en el gobierno desde el mismo día de la creación.

Bildu y ERC

Sánchez asumió, para cumplir con su objetivo de aprobar los Presupuestos, que era prioritario, aceptó que Iglesias trajera de la mano a Bildu, lo que provocó una rechazo generalizado en la sociedad española, incluido el Psoe y no solo el histórico, porque es difícil olvidar el papel sangriento que ha tenido ETA en la historia reciente de España. Diferentes miembros del sanchismo han dedicado los últimos tiempos a reivindicar el derecho de Bildu a actuar como cualquier otro parlamentario, insistiendo además en que ETA ya no existe. Sin embargo, días atrás el líder de Bildu Arnaldo Otegi, ha hecho declaración expresa de sus vínculos con ETA al pedir el apoyo para Bildu de “la cárceles”. Es decir, de los presos de ETA. Una posición que ha incomodado a los socialistas que siguen pensando que Sánchez tendría que haber evitado el apoyo de Bildu … que le llegó de la mano de Pablo Iglesias.

Situación distinta es que también Iglesias remató el acuerdo con ERC, tras las negociaciones que había iniciado la portavoz parlamentaria con los independentistas catalanas. Situación distinta porque Pedro Sánchez ha mantenido un acercamiento constante con ERC desde antes incluso de ser presidente de gobierno, acercamiento que es fundamental para el presidente de gobierno dada su situación de minoría parlamentaria que le obliga a pactos constantes para aprobar sus iniciativas parlamentarias. Por otra parte Sánchez tiene en cuenta la situación en Cataluña, dirigentes de ERC han sido sus principales interlocutores sobre cómo abordar el problema del independentismo, y el presidente no se distanciará de ERC hasta conocer el resultado de las próximas elecciones catalanas, se celebren cuando se celebren.

Creciente rechazo socialista a Podemos

En estos momentos en los que Sánchez defiende menos a Podemos de lo que hacía hace unos meses y se muestra menos dispuesto a aceptar las exigencias de Pablo Iglesias, desde el entorno del presidente se difunde la idea de que Sánchez se ve muy fuerte porque el PP pierde su imagen de partido de Estado al negarse a cualquier tipo de negociación con el gobierno. Si tras las elecciones catalanas se mantiene la fortaleza del voto socialista, es entonces, y solo entonces, cuando Sánchez se plantearía la continuidad de la coalición. De momento la necesita, pero empieza a mostrar cansancio ante las tensiones que provoca Iglesias en el seno del Gobierno, ya no le atraen algunas de sus propuestas sociales, y sobre todo cuenta con informes que indican que la coalición provoca cada vez más rechazo entre sus votantes.

No ayuda a serenar los ánimos en el Gobierno, y por tanto a que el presidente recupere su buena sintonía con Iglesias, aquella que le llevó a a tomar en consideración sus propuestas frente a las de los ministros socialistas, que desde la aprobación de los PGE el vicepresidente segundo del gobierno haya arreciado en marcar las diferencias con los ministros que no son de Podemos, fundamentalmente Calviño, Escrivá y Robles, aunque también de vez en cuando vive momentos complicados con Carmen Calvo o con María Jesús Montero.

Hoy, dos asuntos protagonizan las diferencias: la política energética y los cambios que propone Escrivá sobre las pensiones.

En la energética, Podemos se ha enredado en explicaciones porque si en la oposición a Rajoy criticaba de forma virulenta el precio de la energía y exigía la bajada del iva, ahora ha mostrado su apoyo al alto precio del recibo eléctrico y al mantenimiento del iva llegando incluso a negar que hubiera tenido años antes una posición distinta. Cuando se les ha demostrado su posición de antaño y la actual, Echenique ha provocado aún más polémica negando que fuera buena idea la bajada del iva porque suponía que las empresas energéticas seguirían “forrándose” mientras el gobierno, al tener menos ingresos tendría que reducir los presupuestos de tipo social. En cuando a las pensiones, se niegan taxativamente a que el periodo de cotización de las pensiones se amplíe de 25 a 35 años y que se incremente de forma gradual el número de años para acceder a la jubilación.

En estos dos puntos Padro Sánchez no quiere ceder. Porque se inclina cada vez más a apoyar a los ministros socialistas, porque la Unión Europea está siguiendo muy de cerca las cuestiones relacionadas con la economía española y porque de que Bruselas acepte las decisiones económicas depende en gran parte que las cantidades que lleguen a España con cargo al Fondo de Recuperación de que se aprueben las políticas económicas. Y precisamente las pensiones están en el punto de mira de las autoridades europeas, que exigen una revisión de las emisiones, a la baja y con mayores exigencias.

Un dato que demuestra que Sánchez ya no se siente tan cercano a Pablo Iglesias es que los ministros de Podemos tienen poca voz, en algunos casos ninguna, en la comisión que se encarga de la adjudicación de los fondos europeos. Fondos de los que dependerá, en buena parte, que el futuro económico de España esté garantizado.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios