Seguridad Un grupo de Whatsapp para controlar al ladrón

  • Ante los hurtos, amenazas y falta de vigilancia los comerciantes se protegen unos a otros por el móvil

  • En la última semana han vuelto a robar en tres negocios

Imagen actual de un tramo de la calle Luna, donde varios locales y comercios permanecen cerrados. Imagen actual de un tramo de la calle Luna, donde varios locales y comercios permanecen cerrados.

Imagen actual de un tramo de la calle Luna, donde varios locales y comercios permanecen cerrados. / Andrés Mora

Según Visual Capitalist -la agencia encargada de recoger datos y plasmarlo a travéz de infografías- en un minuto se envían 41,6 millones de Whatsapps alrededor del mundo. Parecen muchos. Pero si tan exagerada te parece este dato prueba a dejar de leer un momentito esta noticia y comprueba cuántos mensajes se anuncian ahora mismo en la barra de notificaciones de tu móvil. ¿A qué ahora no parece tan exagerado verdad?

En general, la mayor parte de los mensajes que recibimos diariamente provienen de los cientos de grupos que tenemos en la aplicación. Uno para la familia más cercana (así podemos saber en todo momento donde está cada uno de los miembros de la unidad familiar) y otro para la familia más lejanas (donde suelen estar los primos que se ven de boda en boda, donde en realidad no se habla el resto del año, pero esta feo irse así como así ¿no?), dos grupos más para el trabajo- uno donde está el jefe y que sólo vale para los anuncios importante y otro para los compañeros, cumpleaños y por donde se pasan los vídeos de coña-. Y por supuesto, que no falte el grupo de los padres del colegio. Todo un clásico. (No vaya a ser que el niño tenga que llevar algo y yo no me entere). Y todo esto sin contar con los grupos de las cenas de Navidad donde más de uno siempre se queda (por si acaso). Al final, entre unos y otros más de 500 mensajes. ¡Vaya estrés! Y seamos francos: la mayoría al final ni se paran a leerlos.

Reclaman más presencial policial por las tardes en la zona del centro

No obstante, en el caso de los comerciantes del centro, sí hay un grupo al que están pendientes con los cincos sentidos y donde leen todos y cada uno de los mensajes que se envían porque de ellos dependen tanto el futuro de su negocio como su propia seguridad. “Hemos tenido que hacer un grupo de Whatsapp para avisarnos unos a otros y evitar que nos roben. Pero lo peor de todo no es que se lleven la cosas. Lo peor es que se meten en la tienda, te echan cara y te amenazan. Estás vendido. Así que cuando nos pasa algo o vemos que hay alguien raro por la calle nos avisamos unos a otros”, explica uno de los comerciantes que prefiere permanecer en el anonimato. En su caso tiene miedo. En general, la mayoría de ellos están asustados ya que han tenido varios episodios importantes donde se han encontrado al propio ladrón dentro del almacén, buscando entre sus pertenencias personales o incluso han recibido amenazas dentro de la tienda.

Algunas tiendas prefieren no arriesgar y han decidido no abrir por las tardes

“La otra tarde estaba yo aquí solo y entraron un hombre y una mujer. Se pusieron a contarme que no tenían para comer, que si podía abrirle la caja para darle dinero. Yo les conté la verdad: que no podía y que además mi jefa me iba a pillar por las cámaras que nos estaban grabando”, explica otro de los comerciantes. “Ella que fue muy rápida me dijo que le diera dinero de mi cartera. Y obviamente me volví a negar. Cuando ya vieron que no había manera de conseguirlo ella se fue para las estanterías con la intención de tirármelo todo al suelo y destrozar la tienda. El hombre se fue para ella, la paró y le dijo que no se pusiera así, que mejor sería volver en otro momento para romperme los cristales. Pero eso no es todo, también me encontré otro día a un tío que me sacaba cuatro cabezas, también pidiendo dinero, y poco a poco como pude lo fui sacando hasta la puerta”.

Este no es el único caso. “Estaba en el almacén y cuando salí me encontré a un hombre rebuscando en mi bolso que lo tenía guardado detrás del mostrador”, explicaba una de las chicas que trabajaba en Vanessa Calzado, la tienda de zapatos de la calle Luna que cerró en septiembre del 2018. “Cuando él me vio, salió corriendo con el bolso. Yo ni me lo pensé. Salí también corriendo detrás de él. Lo pude coger en la puerta y estuvimos un rato los dos enganchados del bolso: el por un lado y yo por el otro. Yo gritaba y pedía ayuda pero no vino nadie. Al final cogí y dejé que se lo llevase. ¿Qué iba a hacer? No había un alma en toda la calle Luna”.

No obstante, lo peor de todo es que a medida que pasa el tiempo la situación no mejora. Mientras que los robos siguen ocurriendo (la semana pasada detuvieron a una mujer que robó en una tienda, una clínica y un bar cercanos a la calle Larga), ellos se enfadan cada vez más ya que una de las promesas del actual Equipo de Gobierno antes de las elecciones fue reforzar la presencia policial por la zona del centro durante el horario de tarde. Por el momento, aún no se ha cumplido y muchos negocios optan mejor por cerrar por las tardes y no arriesgarse. “Aquí por la noche pides ayuda y no hay nadie. Esto está desierto y oscuro. Tras las elecciones nos prometieron una pareja de Policías vigilando, pero aquí no ha venido nadie. Cualquiera te puede encerrar, llevarte al almacén y nadie te oye gritar”.

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