Oscuro silencio para en Nazareno
En la avenida de Micaela Aramburu se apagaron las farolas para la salida de la hermandad del antiguo hospital
2008 ha sido la Semana Santa más tempranera de las últimas décadas y esta circunstancia ha beneficiado a la hermandad de Los Afligidos. Esto ha provocado que anochezca mucho antes (a lo que se suma que aún no se ha producido el cambio de hora que se realiza con la llegada de la primavera) por lo que su salida procesional comienza ya en sin luz de día, lo que contribuye aún más a lograr ese recogimiento que la cofradía trata de imprimir a su salida procesional.
Sin embargo, la asignatura pendiente sigue siendo el público que en masa se concentra en torno a la avenida Micaela Aramburu. La mayor parte sigue aplaudiendo cuando no debe y por motivos poco justificables. Lo hace inexplicablemente por el simple hecho de que se abran las puertas de la capilla o cuando aún el paso de palio está realizando su dificultosa salida (lo que provoca que la cuadrilla apenas pueda oír las voces de los capataces). El recogimiento no sólo se logra con el sello que la hermandad quiere imprimir en la calle (completamente acertado, por cierto) sino también con la aportación de los que acuden a verla.
Por lo demás, hubo algunas modificaciones para la salida de ayer. Dada las dimensiones de la puerta de la capilla, este año se desmontó uno de los brazos de la cruz que porta el Nazareno. Gracias a ello, la cuadrilla no tuvo en echarse a tierra para salvar la puerta. Sobre los pies, y muy poco a poco, salió el bello paso que hizo Manuel Guzmán Bejarano para el señor del antiguo hospital. Todo un alivio para la cuadrilla. Ya en la calle se terminó de montar la cruz.
Sí se hizo un año más la meritoria salida del palio de María Santísima del Rosario en sus misterios dolorosos. Dificultosa como siempre pero superada con brillantez por la cuadrilla.
Pocos minutos antes de iniciarse la salida se apagaron las luces de la avenida Micaela Aramburu y de las calles adyacentes, una medida más para tratar de dar un ambiente más acorde con esta corporación. Las únicas luces encendidas eran los dos faroles del azulejo del Nazareno junto a su capilla y la de los dos candelabros de cera roja (color representativo de la corporación dado su carácter de sacramental) situados a ambos lados de la puerta del templo.
A lo largo de la salida sólo se oyó el picar de la campana del edificio histórico cada minuto aproximadamente. Delante de la cruz de guía, y por segundo año consecutivo, un hermano portaba un címbalo real. Era el muñidor, que anunciaba la presencia de la cofradía.
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