Asociación Voces Lectoras de El Puerto Lecturas que alimentan el alma

  • El Puerto cuenta con un nuevo colectivo cuyo objetivo es la divulgación de los libros y la promoción de la lectura

  • Sus voluntarios acuden a todo tipo de centros donde les reclaman

Las integrantes de la asociación Voces Lectoras de El Puerto, en una de sus recientes reuniones en la Biblioteca. Las integrantes de la asociación Voces Lectoras de El Puerto, en una de sus recientes reuniones en la Biblioteca.

Las integrantes de la asociación Voces Lectoras de El Puerto, en una de sus recientes reuniones en la Biblioteca.

Los seres humanos tenemos una serie de necesidades básicas que debemos cubrir todos los días para tener garantizado nuestro bienestar. Además de las necesidades obvias como la alimentación o el abrigo, no hay que olvidar tampoco la satisfacción de otro tipo de inquietudes, de carácter intelectual o sentimental, que a veces, por unas u otras razones, no siempre quedan cubiertas.

Para intentar que cualquier persona pueda tener acceso a la lectura, una afición que colma de felicidad a muchas personas, ha nacido hace pocos meses la asociación Voces Lectoras de El Puerto de Santa María, un colectivo cuyo objetivo es la promoción de la lectura en todos los ámbitos, sobre todo entre colectivos que encuentran dificultades para acceder a esta afición.

Varias de las integrantes de la asociación ya venían colaborando con la Asociación de Personas Lectoras de la provincia, pero se dieron cuenta de en El Puerto había mucho trabajo por hacer y campo abierto para la puesta en marcha de una entidad propia.

De momento son diez los voluntarios que participan en este proyecto, que se presentará públicamente en la Biblioteca Municipal el próximo 14 de noviembre, aunque ya está en plena actividad.

Los voluntarios (de momento nueve mujeres y un hombre) cuentan ya con una cartera de centros a los que acuden para leer en voz alta a las personas que así lo reclaman. Asisten, por ejemplo, a varios centros de personas mayores, a asociaciones de enfermos mentales y a asociaciones de vecinos como la de Los Milagros. También a entidades como AFA Puerto, que trabaja con enfermos de Alzheimer y con sus familiares.

La presidenta de la asociación, Pilar Ballesteros, lleva ya muchos años inmersa en esta labor -primero desde la asociación provincial- y recuerda que uno de los primeros centros de mayores a los que acudieron fue el asilo de las Hermanitas de los Pobres, hoy ya cerrado. Para que la iniciativa llegara a otros centros a lo largo del tiempo ha sido fundamental el boca a boca, ya que la mayoría de las personas que toman parte de esta iniciativa terminan encantadas.

"Es una labor muy gratificante, te hace empatizar mucho con quienes te escuchan”

Como explica Pilar “es una experiencia muy gratificante. Es algo que se hace de forma voluntaria pero enseguida empatizas con las personas que te escuchan”.

La presidenta de la asociación destaca que en muchas ocasiones, los colectivos a los que se dirigen están formados por personas que no están plenamente integradas en la sociedad. “Muchas veces están muy bien atendidos en los centros, tienen cubiertas sus necesidades básicas, pero les falta compañía, alguien con quien charlar”, explica.

Los beneficios de este proyecto son mutuos. Las personas que escuchan disfrutan de la compañía de los lectores y comparten con ellos sus recuerdos y vivencias, se van soltando a medida que la sesión avanza y dan rienda suelta a su creatividad y sus inquietudes. “Hay una señora en uno de los centros de mayores que visitamos que también escribe, y nos lee en voz alta los poemas que le dedica a su marido, ya fallecido. Para ella es una expresión de amor, a sus 80 años”, explica Pilar. Pero los lectores también obtienen su recompensa por esta labor, en forma de emociones, aunque a veces se van a casa con un nudo en la garganta. Como cuando una señora muy mayor de uno de los centros visitados, analfabeta, le contó a Pilar con los ojos brillantes cómo su padre, fotógrafo de profesión, a veces no tenía ni para dar de cenar a sus once hijos y los reunía a todos para leerles historias en voz alta y tenerlos así entretenidos. “A nosotros esos momentos con él nos alimentaban más que la comida”, le explicaba la señora, que nunca pudo ver cumplido su sueño de saber leer.

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