Inaugurada la Plazuela Rafael Herrera Valencia en el jardín de la Biblioteca Municipal María Teresa León, en El Puerto
Callejero
Fue uno de los precursores de la reforma psiquiátrica en Andalucía
Este viernes se inaugura en El Puerto la plazuela Rafael Herrera Valencia
La junta de Gobierno Local aprobó en 2019 dedicar este espacio al conocido psiquiatra
Este viernes 23 de febrero se ha inaugurado la Plazuela Rafael Herrera Valencia en la Biblioteca Municipal María Teresa León, en recuerdo al psiquiatra Rafael Herrera, que fue uno de los principales artífices de la reforma psiquiátrica en El Puerto y en España, tratando a miles de enfermos y siempre dando su apoyo a los familiares.
El alcalde, Germán Beardo, ha inaugurado este espacio junto a los hijos de Rafael Herrera, Rafael y Carlos Herrera, que han excusado la presencia de su hermana Amaya, que por motivos personales no ha podido asistir, representantes del equipo de Gobierno y de la Corporación municipal y numerosos portuenses que han querido sumarse a este homenaje nacido de la iniciativa popular a través de Juan de Dios Sánchez Arenas, rubricada por su familia, amigos, compañeros, pacientes y vecinos para que se reconociera su solidaridad y la labor realizada por este psiquiatra cuyo nombre El Puerto ya no olvidará.
La propuesta fue aprobada en Junta de Gobierno Local el año 2019 en recuerdo de un profesional comprometido con la salud mental, con su formación y su sensibilidad. Los que lo conocieron lo definen como un trabajador incansable, hombre sabio, colaborador y organizador con unas capacidades didácticas inusuales.
Rafael Herrera Valencia, fallecido el 18 de octubre de 2009 a los 62 años de edad, fue un pionero en la reforma en el tratamiento de la Salud Mental a nivel nacional, cambiando el método y la atención a los enfermos, creando los centros de día y formando a los psicoterapeutas para estudiar al paciente en su totalidad, incluido su entorno y familia, dándole el trato humano necesario, la mínima medicación y aplicando terapias ocupacionales en los casos que lo precisaran. Impulsor de la neuropsiquiatría en las prisiones, siempre dispuesto a la colaboración altruista y del lado del más débil, con un espíritu de generosidad que ha dejado huella ganándose el afecto de todos los que coincidieron con él a lo largo de su intensa trayectoria profesional.
Sus hijos Carlos y Rafael Herrera han descubierto junto al primer edil la placa de esta plazuela que ahora lleva su nombre, para que ningún portuense olvide su labor, compromiso y sensibilidad para avanzar en la asistencia de los enfermos mentales y en la psiquiatría penitenciaria.
El Puerto le ha rendido así tributo a título póstumo en agradecimiento a su excepcional trabajo que permitió que con la reforma psiquiátrica se cerraran manicomios y se dejara atrás el estigma que perseguía a los enfermos para integrarlos dentro de la sociedad, brindándoles una atención especializada y específica para cada paciente. El alcalde también ha recordado a Cristina Rosales, su mujer, trabajadora social con especialidad en psiquiatría y su eterna colaboradora, que lo acompañó en su labor profesional hasta sus últimos días.
Fue coordinador de Salud Mental en el antiguo hospital San Juan de Dios
Rafael Herrera Valencia nació en Sevilla, donde realizó los estudios de medicina y psiquiatría, trasladándose a El Puerto en cuanto los finalizó para trabajar en el hoy desaparecido Hospital Psiquiátrico Nuestra Señora de la Paz, en el pago El Madrugador, por la carretera de El Puerto- El Portal. Fue trasladado dos años después al Hospital Psiquiátrico de San Baudilio de Llobregat, donde llegó a ser director. El Gobierno de Generalitat de Catalunya lo llamó para la reforma psiquiátrica de dicha comunidad autónoma, participando en la elaboración de la nueva doctrina para la atención de los enfermos mentales. Iniciando así la reforma en el tratamiento de la Salud Mental en España. A su regreso a El Puerto, Rafael ejerció como coordinador del Ambulatorio de Salud Mental que estaba ubicado en el antiguo Hospital San Juan de Dios, que posteriormente se trasladó a calle Palacios. Formó a los psicoterapeutas en distintos seminarios, así como a estudiantes de MIR en el Hospital de Puerto Real.
A principios de los 90 comenzó a visitar los centros de cumplimiento penitenciario en El Puerto, encontrándose con una de las realidades más duras donde los internos jóvenes considerados muy peligrosos en una proporción muy significativa presentaban una carga de patología psiquiátrica importante, con los que empezó a trabajar para impulsar su reinserción.
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