Elecciones en El Puerto/Así es...Curro Martínez (Cs) El empresario que quiere ser alcalde de El Puerto

  • El candidato de Ciudadanos a la Alcaldía de El Puerto llega a la política sin vocación de perpetuidad

La imagen de su álbum familiar que ha escogido Curro Martínez le muestra en una de sus facetas favoritas, la de “padrazo”, posando con una de sus dos hijas. Si hay algo que no perdona es atender cada noche su llamada, si no está en casa, para darles las buenas noches. La imagen de su álbum familiar que ha escogido Curro Martínez le muestra en una de sus facetas favoritas, la de “padrazo”, posando con una de sus dos hijas. Si hay algo que no perdona es atender cada noche su llamada, si no está en casa, para darles las buenas noches.

La imagen de su álbum familiar que ha escogido Curro Martínez le muestra en una de sus facetas favoritas, la de “padrazo”, posando con una de sus dos hijas. Si hay algo que no perdona es atender cada noche su llamada, si no está en casa, para darles las buenas noches.

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Curro Martínez acaba de llegar a la política. A sus 36 años este joven empresario se ha liado la manta a la cabeza y ha dejado los cargos que hasta ahora ostentaba con éxito en distintas organizaciones empresariales de la provincia para lanzarse de cabeza a un nuevo proyecto, el de ser alcalde de El Puerto de Santa María, su ciudad natal.

El nombre de Curro Martínez saltó hace pocos meses a la primera línea de la actualidad política cuando se supo, primero, que iba a formar parte de la candidatura de Ciudadanos al Congreso de los Diputados por la provincia de Cádiz, y después que sería el candidato de la formación naranja a la Alcaldía de El Puerto. Hasta entonces era conocido en un sector muy concreto de la población, la más directamente implicada con el mundo empresarial. Ahora ha tenido que darse a conocer para el gran público en un tiempo récord.

Este devorador de periódicos, también siempre pendiente de la radio, se define como una persona natural, extrovertida y amable, amigo de sus amigos. Está casado y es padre de dos hijas, de 2 y 6 años de edad, con las que le gustaría pasar mucho más tiempo del que pasa, debido a sus obligaciones.

Afincado en Jerez hasta hace escasas fechas, Curro Martínez se siente portuense de pura cepa, ya que en El Puerto nació y creció, manteniendo a día de hoy estrechos lazos con muchos de sus compañeros del colegio Guadalete.

Persona de profundas creencias religiosas, es capataz de la Patrona de El Puerto, la Virgen de los Milagros, y fue también costalero de la hermandad del Olivo, de la que es hermano.

Una de las experiencias recientes que recuerda con más cariño es la de haber encarnado al Rey Melchor en la última Cabalgata de Reyes de El Puerto, el pasado mes de enero.

Propietario de la empresa de limpieza Puertoclean, con sede en El Puerto, hasta hace escasas fechas regentó también un restaurante en el Patio de las Siete esquinas, aunque lo tuvo que dejar hace unos meses por falta de tiempo.

Aunque en sus años mozos destacó en el tenis federado, deporte con el que participaba en numerosas competiciones provinciales, su ritmo de vida actual solo le permite practicar el padel, al que es muy aficionado, de manera esporádica. No obstante, también es un gran aficionado al fútbol, llegando a ser hace directivo del Recreativo Portuense durante un corto periodo de tiempo.

Forjado en el mundo empresarial, donde los cargos no son vitalicios y cada quien debe tirar para delante con su negocio, además de trabajar para los demás, Curro Martínez tiene muy claro que no quiere ser un profesional de la política y que esta faceta es algo temporal, algo a lo que se siente obligado a contribuir desde la sociedad civil para que las cosas cambien.

Si bien, como es natural, en las últimas semanas no tiene tiempo para nada, inmerso como está en su primera campaña electoral, confiesa que hay una rutina que no perdona, y es atender la llamada diaria de sus hijas cuando estas se van a dormir, para darles las buenas noches. Aunque tenga que dejar en suspenso cualquier cosa que tenga entre manos en ese momento, eso sí que no lo perdona.

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