juan maría nin génova. abogado-economista, analista y ex vicepresidente de caixabank

"Hemos condenado al mileurismo a las próximas generaciones"

  • Este testigo privilegiado de los principales acontecimientos políticos y económicos de las últimas décadas no contempla otro escenario futuro que avanzar en la unidad de Europa, contexto en el que "nos va la vida como ciudadanos y como país" tras los sacrificios ya realizados y los que aún quedan

Juan María Nin posa durante su reciente visita a Jerez como invitado de excepción a un encuentro con empresarios. Juan María Nin posa durante su reciente visita a Jerez como invitado de excepción a un encuentro con empresarios.

Juan María Nin posa durante su reciente visita a Jerez como invitado de excepción a un encuentro con empresarios. / fotoS: vanesa lobo

-como barcelonés y analista económico y político me veo obligado a preguntarle, ¿qué hacemos con Cataluña?

-Lo más importante que tenemos ahora entre manos es el contexto europeo. Después del Brexit y habiendo superado zonas de resistencia populistas en los países más importantes, y creo que en el futuro de la construcción europea, Macron en Francia y Merkel en Alemania nos permiten alumbrar pasos adelante en la construcción de la unión bancaria, la económica y política. Ese es el contexto que tenemos que tener presente porque España, con todo el respeto por Italia, es prácticamente ya el número tres en la UE. En el contexto de construcción europea, España ha desarrollado un soft power, unas posiciones de poder real que derivan de un código de valores y de fundamentos morales, potentísimo. Hemos sido capaces de hacer una transición desde todos los puntos de vista admirada en el mundo entero, salvo quizás en algunas partes de España, no geográficas, sino ideológicas. En ese contexto europeo nos va la vida como ciudadanos y como país. Y es en ese contexto donde ahora tenemos un problema político muy importante, que se encardina en las dos grandes estructuras democráticas occidentales de progreso. Por lo tanto, en las reglas del juego, la superestructura legal, la europea y la española como modelos de éxito, es donde hay que afrontar ese problema político. Encontraremos la solución dentro del marco europeo y dentro del marco constitucional. Por supuesto que lo resolveremos.

En el marco europeo y español, como modelos de éxito, encontraremos la solución al problema político [de Cataluña]"

-Por tanto, no contempla una Cataluña independiente y menos fuera de la UE.

-No es mi trabajo ni estoy capacitado para ser un analista político. Hay un marco que lo condiciona todo y, vuelvo a repetir, no podemos ni debemos perder de vista que en este marco las competencias más importantes de tipo económico ya están delegadas y son competencias exclusivas de la UE. En ese marco europeo con reglas del juego ya marcadas, España es el país con más posibilidades de avance y progreso. Ahora nos ha surgido un problema, que ha sido expuesto y dictaminado a nivel político, y la solución vendrá por el funcionamiento ordinario del marco legal y del marco institucional público y privado. Qué solución final habrá, pues no me corresponde a mí decirlo. Lo único que puedo decir como ciudadano es que soy positivo y que se encontrará una solución. Faltaría más.

-Habrá solución, pero también graves consecuencias económicas.

-De momento los mercados dicen que no. Escuchemos por lo tanto la voz de muchísima gente, de muchos operadores cuya responsabilidad es tomar decisiones y colectivamente confían mucho en el funcionamiento, dentro de un marco internacional, legal, constitucional, democrático y español de un sistema político que ha demostrado que es muy maduro. En ese marco de construcción europea todavía vamos a delegar más competencias. ¿Quién está en contra? Los populistas. ¿Y qué ha pasado?. Que los ciudadanos han reaccionado, y en Francia, Alemania y en otros países europeos la clave populista se está desactivando, porque la experiencia hasta ahora ha sido muy positiva y porque hay que terminar con los mensajes que no prosperan.

-Estados Unidos también se enfrenta a un problema de populismo con la llegada de Trump.

-Los populismos son enemigos de la libertad, responden a una ingeniería social que aspira a manejar la vida de los ciudadanos y, con todo el respeto que me merece Estados Unidos, hay muchos aspectos de la situación actual que responden a claves populistas del ordeno y mando, de las decisiones drásticas, de la exaltación de los sentimientos, de los buenos y de los malos, etc, etc. Sin embargo, ante alguna primera actuación que pudiera ser populista, está la clave del check and balance, que en EEUU funciona muy bien. La fortaleza de los sistemas profundamente democráticos produce ese check and balance, en el que las exageraciones o los exabruptos, que el sistema por definición permite porque es un sistema de libertades, terminan siendo corregidos. En EEUU, ese sistema funciona en un contexto que es legítimo, el de un país que respira en términos aislacionistas o de colaboración. Ya con Obama, la respiración americana empezó a ser aislacionista. América para los americanos. EEUU podría ser autosuficiente, ser el primer país en términos de soft power porque la sociedad mundial, la gente sensata, ha reconocido en EEUU hasta la llegada de Trump un ejemplo de libertad, meritocracia, el trabajo, la posibilidad de equivocarse, lo que es la obstrucción de un sistema profundamente democrático. Eso ha dado al país un prestigio y un modelo de vida extraordinario. Sólo hay que ver a la gente joven de EEUU, que no quiere ir a ningún otro país. Se quieren quedar allí y eso no es por casualidad. Es cierto que EEUU demuestra cierto cansancio cada equis décadas y ahora, con Trump, respira aislacionismo. Pero lo más interesante es que ese populismo de Trump ha sido cortocircuitado por el sistema democrático americano, check and balance.

-Los jóvenes de EEUU no quieren salir de su país, pero los de aquí no saben a dónde ir.

-Voy a decir algo muy duro que está en mi libro, que está pensado en mis hijos y nietos como representación de las próximas generaciones. Hemos hecho cosas que están muy bien, pero como sociedad, y sobre todo desde un punto de vista económico, hemos dejado exhausto un modelo de crecimiento económico, un ciclo largo que empezó en Bretton Woods y que después de cincuenta años está en su final. Hemos agotado ese modelo de crecimiento económico de políticas de demanda, muy keynesiano, donde la deuda ha ido ocupando el lugar que corresponde al capital. Esa deuda creciente ha sido gasolina para el crecimiento, pero a medida que ese ciclo tan largo se iba agotando, las políticas monetarias, y de tipos de interés, y de desregulación bancaria, y por tanto de laxitud, fueron poco a poco alimentando la gran burbuja tecnológica, la inmobiliaria y, finalmente, la financiera, con el estallido final. En ese agotamiento del ciclo largo, con esas políticas de demanda que han impedido reconocer el problema hasta que todo estalla, y en el momento en que se nos caen como vectores de crecimiento para el futuro la demografía, lo que es la pirámide social, y la productividad del sistema, la deuda acumulada deviene impagable. Estamos en una zona que alimenta un debate social muy interesante, pero también populista, donde las nuevas generaciones han entrado en una especie de cápsula del tiempo gracias a las medidas que se adoptaron en 2008 y que nos salvaron del abismo. En esa cápsula del tiempo, con más carbón y una bajada extrema de tipos de interés, la deuda acumulada permite, de momento, tomar otro tipo medidas estructurales. Pero esa deuda está en manos de las siguientes generaciones, porque no hay nadie en el cielo, no hay un deux ex machina que venga a resolver esto.

-A salvo del abismo, pero ¿a qué precio?

-El tiempo ganado ha permitido congelar el problema, pero las medidas tomadas lo dejan congelado para las dos próximas generaciones y, además, producen un efecto terrible no querido que habrá que corregir también. Y es que en los últimos diez o quince años, la política monetaria que ha permitido salvar el abismo ha producido una repreciación, una situación burbujeante de los activos financieros y no financieros. Pero habiendo sido un gran beneficio para rentistas, jubilados... es decir, para millones y millones de personas, hay una parte de la población, que es la gente joven, que se ha quedado sin perspectiva, es decir, que es mileurista. Todos hemos empezado de mileurista o de menos de mileurista, pero el problema es la falta de perspectiva. Hemos condenado a las próximas generaciones al mileurismo. Y la presión de la deuda es tal sobre estas generaciones y los vectores de crecimiento que ya no existen son tales, que la presión fiscal es muy importante, porque los estados para seguir manteniendo el Estado de bienestar tienen que ejercer una presión fiscal desconocida en la historia, y eso cae sobre las empresas y los ciudadanos. Pero también la falta de productividad del sistema, la enorme competitividad y la emergencia de otros competidores provoca que los que tienen que pagar los salarios, la Administración Pública y las empresas, se vean muy limitadas a la hora de incrementar los sueldos, porque el sistema no produce más. El mileurismo como tal y la deuda son dos factores combinados que cargan sobre las futuras generaciones. La solución, y se comenta en el libro, está en la ganancia de tiempo que muy sensatamente los gobiernos han podido llevar a cabo evitando la caída en el abismo que habría tenido consecuencias terribles, pero que hubiera saneado el sistema. Mientras los tipos estén ahí, tenemos tiempo para empezar a crecer como está pasando en España, tenemos tiempo para corregir muchos de los problemas estructurales y volver a competir.

-Es una herencia envenenada.

-La gran solución estructural viene con la revolución digital, que con una transición que va a ser muy complicada sí da luz a un mundo mucho mejor para las siguientes generaciones. Recuperando la productividad del sistema, por supuesto en un mundo mucho más respetuoso en términos ecológicos con el entorno, porque se ha abusado del medio ambiente y de la tierra hasta donde no se puede soportar más, y con la demografía moderándose, esa revolución digital es la que permitirá hacer frente a esa deuda y construir una sociedad mejor. Pero es cierto que en el camino estamos dejando una herencia muy complicada.

-Hemos ganado tiempo, pero ¿lo estamos perdiendo en iniciar esas reformas?

Depende del país. Estados Unidos, por ejemplo, lo ha hecho muy bien y está retirando ya ese tratamiento casi de quimioterapia para empezar a subir los tipos. Pero la experiencia histórica nos dice que cuando la política monetaria ha sido muy agresiva, retirar ese tratamiento puede volver a provocar una recesión. EEUU está en pleno empleo, la tecnología allí es extraordinaria, la educación también... Básicamente, ha hecho los deberes, pero en Europa no tanto, aunque hay países como España que ha hecho reformas estructurales, empezando en 2010. Esas medidas, que han continuado los siguientes años, nos permiten crecer al 3%, crear centenares de miles, millones de puestos de trabajo, de afiliados a la Seguridad Social... Los que ya peinamos canas sabemos cuán peor puede ser esto, pero hay países en Europa que han tomado decisiones y han hecho los deberes; otros están en camino y otros no, es decir, tenemos algún elefante en la habitación europea.

-¿Somos demasiados países?

-Somos demasiados y hay países importantes que no han tomado decisiones. La clave es que ha empezado a tomarlas y Alemania ya las ha tomado. Y la gran esperanza de Europa son las cifras económicas de España consecuencia de esas reformas estructurales. Tenemos un bonus de tiempo, podemos rectificar, la revolución digital tardará años, pero aporta la solución, y como todas las revoluciones es muy buena, porque la naturaleza parece que necesita de cambios cualitativos para dar un paso adelante. Sabemos cada vez más, hemos sabido no caer en el abismo y, por lo tanto, hay que ser positivos. Pero también hay que reconocer y entender que el esfuerzo que lo que se va a hacer es muy duro, por supuesto no tanto como en épocas pasadas, y que la tentación extremista es grande. Pero transitaremos bien.

-¿Hemos aprendido de los errores?

Mucho. Veo los mercados todos los días y vuelve a haber entusiasmo burbujeante. Empieza a haber ganancia de confianza como si, habiendo superado esa crisis y habiendo tomado las medidas que se han tomado, esto está arreglado. Volvemos a cabalgar sobre la inversión en el inmobiliario, la inversión en hoteles, la inversión en Bolsa... La crisis ha sido de una violencia y de un peligro que quizás no se ha explicado suficientemente, es posible que porque no ha hecho falta, y sigue habiendo una conciencia colectiva en el mundo académico, en los bancos y en los gobiernos occidentales de que queda mucho por hacer. Pero en la grasilla del día a día vuelve a haber cierto nivel de inconsciencia, aunque esto también forma parte de la economía. Detrás de esto late algo más profundo y es que al hilo de la efervescencia del final de este ciclo largo, las ganancias fáciles, la exuberancia total... todo esa riqueza artificial produjo una quiebra de valores y, además de la revolución tecnológica, la parte más importante y profunda de la solución está en la recuperación de esos valores. Eso no se ha hecho y puede ser por esa falta de memoria que señala. El capítulo más importante en el que tenemos que invertir para recuperar esos valores es la educación. No va a haber futuro, ni para los jóvenes ni para nosotros, si no recuperamos valores.

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