Balance de la fase clasificatoria del Concurso del Falla 2019 Se busca la calidad

  • La longitud y la configuración de las preliminares afectan al bajo nivel general de los grupos

‘Los quemasangre’ de Selu García Cossío marchan primeros en el Jurado Diario en chirigotas. ‘Los quemasangre’ de Selu García Cossío marchan primeros en el Jurado Diario en chirigotas.

‘Los quemasangre’ de Selu García Cossío marchan primeros en el Jurado Diario en chirigotas. / Jesús Marín

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El cierre de la fase preliminar del Concurso del Gran Teatro Falla el pasado jueves ha dejado una sensación agridulce. Por un lado, a nivel general se percibe un descenso de la calidad respecto a otros años. Sin embargo, entre los grupos potentes –especialmente en chirigotas– la competición va a ser dura al haber mejorado varias agrupaciones las prestaciones ofrecidas hace un año.

Esto viene a constatar las enormes diferencias que existen entre la clase alta y el resto de los grupos en el certamen de coplas. Para llegar a estas conclusiones, son muchos los factores que afectan al resultado de una primera fase en la que se busca la calidad desde el primer minuto. Algunos de ellos se circunscriben al nivel de las agrupaciones que se presentan, pero otros están más relacionados con la configuración de las preliminares y la organización del propio Concurso, que provocan que parezca que la calidad sea menor.

A pesar de que existen voces que piden una fase previa fuera del Falla o un tope en el número de grupos que pueden participar, quizás no sea necesario tomar una medida tan drástica para recortar el COAC, aunque sí se debería tener en cuenta una serie de claves que podrían ayudar a que las preliminares mantengan su esencia sin que se hagan eternas.

EL ARRASTRE DE LOS PUNTOS

Por segundo año consecutivo, las puntuaciones de la fase preliminar no arrastran para el resto del Concurso. O lo que es lo mismo, para el resultado final del Concurso no sirve de nada lo que se ha cantado durante las 20 primeras sesiones. Esta decisión, que se tomó de manera cortoplacista sin pensar en el bien del Concurso, hace que las clasificatorias pierdan interés para los grandes grupos. Aunque saben que la primera impresión importa mucho en un certamen que dura poco más de un mes, ya nadie arriesga en su primer pase, por lo que las letras de calidad se guardan para las actuaciones que sí van a contar para el resultado final.

Esto provoca que la primera fase, la más bonita del Concurso al dar los grupos el primer impacto, sea la más descafeinada. Por ello, es necesario recuperar el arrastre de los puntos durante todas las fases, lo que convertiría al COAC en una carrera de fondo y evitaría que las agrupaciones se jugaran el pase a las semifinales sólo con lo que canten en cuartos de final.

En el lado positivo, la recuperación de los puntos en las preliminares y la eliminación de la calificación como apto y no apto ha sido una buena medida para que los grupos que no han superado el primer corte conozcan su nivel real.

LA ILUSIÓN

La palabra ilusión puede ser una de las más repetidas en las coplas que se han escuchado en la fase preliminar. Es evidente que sin ilusión no se puede participar. Sin embargo, no es lo único necesario para concursar, ya que lo que hace falta es traer calidad. Esto no significa que todos los grupos tengan que ser buenos al participar por primera vez. De hecho, se constata año tras año que hay agrupaciones que siguen progresando.

Sin embargo, hay grupos que basan su actuación exclusivamente en la emoción que les produce cantar en el Falla sin hacer antes una mínima autocrítica sobre si lo que ofrecen está al nivel del teatro que les da cobijo.

LA DURACIÓN Y LOS INCENTIVOS

Es el quid de la cuestión y el gran motivo de la polémica que genera la fase preliminar. Las clasificatorias se han alargado durante 20 días, una jornada más que en 2018 y una menos que en 2017, año en el que se puso en marcha la reducción del número de agrupaciones por sesión. Antes, lo normal era que las clasificatorias se celebraran a lo largo de dos semanas –cuando había funciones de tarde y noche, la primera fase se despachaba en una semana–.

Es necesario que las clasificatorias tengan una duración máxima de 15 días

Aunque con esta medida se ha buscado mejorar el espectáculo al acortar la duración de las sesiones, al final quien se ha visto perjudicado ha sido el propio Concurso. Lo primero que hay que tener claro es que las agrupaciones compiten entre sí y que el jurado tiene que evaluar a todas bajo un mismo baremo. Si existe cada vez más distancia de días entre las que cantan en la primera sesión y las que cantan en la última, las referencias para puntuar las coplas se acaban perdiendo.

Todo esto se ha hecho con el único beneficio de reducir las funciones entre media hora y una hora. Teniendo en cuenta que las sesiones empiezan a las ocho de la tarde y que se ha eliminado el descanso, si se optara por funciones de nueve grupos se acabaría como muy tarde en torno a las 1.30 horas, durando la preselección 16 días con el actual número de grupos –en algunas noches habría 10 agrupaciones, por lo que acabarían a las dos de la madrugada como máximo–.

La comparsa de Martínez Ares 'Los carnívales'. La comparsa de Martínez Ares 'Los carnívales'.

La comparsa de Martínez Ares 'Los carnívales'. / Julio González

Junto a esto, también hay que tener en cuenta que si se reduce el número de sesiones, la calidad quedará más concentrada, por lo que se rebajaría una dispersión que ha acrecentado la sensación de bajo nivel. Por ello, lo ideal sería que la primera fase durara como máximo unos 15 días. A esto hay que añadir el sorteo puro del orden de actuación en las sesiones para que los cabezas de serie no tengan que cerrar la función o, directamente, la eliminación de esta figura para que todos los grupos participen en igualdad de condiciones. Asimismo, también se debe eliminar el privilegio que tienen los coros de abrir las funciones.

Por otra parte, y dentro del debate que existe sobre el número de agrupaciones, se hace necesario replantear el incentivo de los derechos de televisión y publicidad que perciben los grupos. Por el simple hecho de participar, todos los conjuntos reciben una cantidad mínima de dinero aunque queden clasificados en último lugar. Esto se debería cambiar para convertirlo en un premio según se vaya avanzando en el Concurso, por lo que los que no superaran el primer corte se quedarían sin este incentivo.

EL PRIMER CORTE

La creación de la fase de cuartos de final supuso bajar el listón para el pase a la segunda fase, a la par que se establecieron unas nuevas semifinales para que se convirtieran en tres minifinales. Este formato de Concurso del Falla, que lleva vigente desde hace una década, se ha encontrado este año con una novedad: la ampliación de los cuartos y las semifinales con una sesión más.

Esta decisión que tomó la Junta del COAC sólo suponía sobre la práctica que como máximo podrían pasar dos agrupaciones más que hace un año. Es decir, de las 54 que permitía el reglamento de 2018 a las 56 del actual. La idea era tener una sesión más a costa de reducir el número de grupos por día. O lo que es lo mismo, la recaudación aumenta al tener las entradas el mismo precio.

No existe una explicación más allá de la monetaria que sostenga esta decisión, ya que el público paga lo mismo por ver menos agrupaciones, lo que viene a corroborar el afán que tiene el Patronato de reducir el número de grupos por sesión.

Teniendo en cuenta la calidad de la fase preliminar que finalizó el pasado jueves, no hubiese sido raro que el jurado hubiera optado por clasificar menos grupos de los 53 que han superado el primer corte. Sin embargo, un fallo demasiado duro podría haber dejado funciones con solo seis agrupaciones, lo que habría sido un fraude para el espectador que paga una entrada.

La ampliación de los cuartos en una sesión impide que el jurado pueda endurecer su fallo

Entonces, ¿para qué se ha hecho este cambio? Esta reflexión la deben tener de manera concienzuda los miembros de la Junta del COAC. ¿Es más importante la taquilla o el funcionamiento del Concurso? Lo que queda claro es que un séptimo día de cuartos de final es innecesario ya que puede limitar la libertad de acción del jurado por el interés económico. Aun así, hasta la fecha no habido ningún jurado que haya sido capaz de endurecer el corte excepto en la modalidad de cuartetos.

A esto hay que sumar el concepto equivocado de los cupos máximos de agrupaciones por modalidad. El jurado debe poder deliberar por sí mismo el número de grupos que deben pasar a la siguiente fase en función de la calidad de cada una de las modalidades y no por un número establecido por la Junta del COAC. Antes del Concurso no se puede saber si en cada una de las modalidades habrá la calidad suficiente para cubrir los huecos designados en el reglamento.

Por último, también es necesario que antes del inicio del Concurso se sepa la nota de corte para poder entrar en cuartos de final ya que no es de recibo que se anuncie públicamente el día antes de que acaben las preliminares.

EL PÚBLICO

Éste sigue siendo uno de los principales problemas del Concurso del Gran Teatro Falla. La globalización de la fiesta y la venta de las entradas a través de internet para todas las funciones tienen como daño colateral la pérdida de la capacidad crítica del público. A esto se une la desgaditanización del respetable, por lo que el ambiente se resiente.

Esto se ha convertido ya en una cuestión insalvable ya que no se puede negar el acceso a una entrada por el lugar de nacimiento de la persona que quiera comprarla. Sin embargo, sí existe una cuestión que se debe arreglar: la entrega de entradas a las agrupaciones.

Lo que se vio como un derecho para que los familiares de los componentes puedan comprar una entrada sin tener que hacer cola se ha convertido en un problema. Si ya el nivel de exigencia había bajado desde hace unos años, este privilegio ha acrecentado este hecho aún más. Muchos espectadores sólo van a ver a su agrupación y a la cabeza de serie. Esto hace que en algunos momentos parezca que en el Gran Teatro Falla se está celebrando una fiesta de fin de curso.

Y es que en otros tiempos el público era el primer filtro para las agrupaciones de dudosa calidad. En el gallinero ya no se forman bullas, por lo que los grupos ya han perdido este miedo que hacía que se pensaran a conciencia si merecía la pena pisar el Falla.

Como al final siempre pagan justos por pecadores, una de las medidas que debe tomar el Patronato es la eliminación del cupo de entradas que tienen reservadas las agrupaciones.

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