historias del diario

El "¡torero, torero!" se hizo pura realidad

  • 'Mágico' González se puso el traje de luces en El Puerto Se mostró partidario de "no matar al toro" y dijo que "no sería torero ni por una montaña de oro"

Joselito dixit: "Quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es un día de toros". Esta sentencia, pronunciada allá por el año 1916 por el considerado como uno de los mejores toreros de la historia, es conocida por cualquier aficionado a la tauromaquia y demostrativa de la importancia del coso portuense, inaugurado en 1880. Por lo tanto, Paco Perea y Fito Carreto no pudieron elegir un escenario mejor para realizar un reportaje que vio la luz en la edición de Diario de Cádiz del día 5 de junio de 1988. Y no se trató de un reportaje cualquiera, ya que la amalgama formada por el texto escrito por el redactor jefe de Deportes y las imágenes captadas por el fotógrafo produjeron un enorme impacto, sobre todo en un cadismo que idolatraba -aún hoy lo sigue idolatrando en el recuerdo- al futbolista más virtuoso que jamás haya vestido la camiseta amarilla.

Recién finalizada la temporada 1987/88, que continúa siendo la de mejor clasificación del Cádiz en Primera División, Paco y Fito se plantearon hacer realidad los gritos con que la afición solía premiar los golazos geniales y los regates inefables de Jorge Mágico González, el maravilloso futbolista salvadoreño. Si era aclamado a menudo con el consabido "¡torero, torero!", ¿por qué no vestirlo con un traje de luces en una plaza de toros de categoría? La maquinaria se puso en marcha y Mágico acabó en manos del mozo de espadas José González El pileta, quien le colocó, como mandan los cánones, un traje verde y oro, estrenado dos décadas antes por Paco Camino, y todos los complementos.

Fito consiguió que Mágico posara con aires de torero consagrado y Paco le sacó confesiones más que curiosas, pues nadie negará que el artista se mojó a base de bien.

Como los diestros triunfadores, el delantero sabía lo que se siente al ser llevado a hombros: "Aquella tarde fue demasiado. Tanta gente alrededor de mí, llevándome en volandas desde el coche hasta los vestuarios. Como si fuera un torero. Cómo me palpitaba el corazón. Ser torero debe ser algo grande".

No se mordió la lengua y afeó la labor del picador utilizando un símil futbolero: "Por un lado estoy de acuerdo en que es una fiesta cruenta. No lo sería tanto si el del caballo no pinchara con esa enorme vara al toro, ya que eso conlleva que pierda fuerza y le falte la frescura justa para estar en condiciones de igualdad con el torero. Es como si mi marcador saliese lesionado, figúrate el pobre".

Metido en plena faena, se mostró partidario de abolir la muerte del toro como una parte más del espectáculo: "En Portugal hacen bien en no matar al toro. No estoy de acuerdo con los que defienden que la muerte en la plaza es la mejor que puede tener un toro bravo. Esto me afecta mucho porque soy un gran defensor de los animales. Esto debe ser un arte, una lucha noble en la que no haya una víctima. Yo apoyaría el afeitado de los toros porque entonces el torero podría hacer de esta profesión un arte más grande sin temor a exponer su vida a cada segundo".

Se le preguntó si se consideraba una especie de Curro Romero o Rafael de Paula, artistas inimitables pero a su vez con alguna que otra espantá en sus currículos: "Bueno, una mala tarde la puede tener cualquiera. Cuando pisan la arena lo hacen con la mejor intención pero a veces se dan una serie de condicionamientos que les impiden triunfar. A mí me ha pasado eso cantidad de veces".

De cambio de profesión, nanai de la China: "Para eso hay que nacer. Como soy consciente de que no he nacido para esto, jamás se me ocurriría ponerme delante de un toro. No lo haría ni por una montaña de oro. Solo lo haría si de ello dependiera la supervivencia de mis padres".

Entrando ya en temas futbolísticos, andaba escaso de ambición ante la venidera mejora de contrato: "Aceptaré lo que el presidente me ofrezca. Lo que no voy a hacer es pedir grandes cantidades porque no sería justo, pues aquí hay mucho paro y soy consciente de los sacrificios que la gente hace para sacarse el carné de socio. No hay que exprimir los bolsillos de nadie. Gracias a ellos se sostiene el fútbol y el fútbol es mi vida".

Por entonces ya se hablaba en Cádiz de la necesidad de cuidar la cantera y Mágico no rehuyó el asunto: "El presidente sabe guardar bien el dinero de los socios y hay que empezar a mimar mejor la cantera para hacer posible que algún día podamos tener un complejo deportivo para nuestros chavales. En lo que ahora se siembre en la cantera está el futuro del Cádiz".

Un club italiano, el Atalanta de Bérgamo, se hallaba más que interesado por aquellas fechas en cerrar su fichaje: "Que me ofrezcan 40 ó 50 millones de contrato en el Atalanta no es lo más importante. ¿Acaso tienen precio y se pueden pagar el cariño y la devoción que la gente de aquí siente por mí? Que me suban el contrato lo que en conciencia piensen en el club que merezco. No quiero que el día de mañana se me pueda decir que he robado en el Cádiz".

Su despedida, una estocada hasta la bola, fue para enmarcarla: "Solo dejaría el Cádiz si el club, por salir de su crisis, recibiese los 100 millones de pesetas que, dicen, ha pedido al Atalanta. Quizá me tachen de romántico pero soy así, agradecido y deseoso de no decepcionar a una afición que me ha dado todo su apoyo moral. El mundo del fútbol hace tiempo que empezó a funcionar como la venta de automóviles, con una creciente deshumanización".

Dos orejas y rabo para el inolvidable Jorge Mágico González y para los dos artífices de un reportaje de los de vuelta al ruedo.

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