El Chiclana, testigo del crecimiento de la Balona (2-4)
Fútbol | Tercera Federación
El equipo linense falla un penalti, remonta el primer gol local, juega toda la segunda parte en inferioridad, media hora con el lateral diestro Chey de portero, pero logra una heroica victoria
La Balona pone punto y final al buen momento del Chiclana CF, que acumulaba cinco jornadas consecutivas sin perder hasta que ha caído a manos de los linenses (2-4). Lejos queda ya esa victoria de los blancos en la primera jornada en La Línea.
Los albinegros llegan, por fin, al liderato después de tres triunfos en ocho días. El tercero, el que firmaron en Chiclana, tuvo tintes heroicos [siempre en el ámbito deportivo] porque lo lograron sobre un terreno de juego absolutamente inaceptable hasta para una partida de cartas, después de marrar un penalti, de verse por detrás en el marcador y de acabar el partido con nueve hombres y con el lateral diestro Chey jugando de portero por la expulsión de Antonio Hermosín. Nadie dijo que esto de regresar a Segunda Federación fuese a resultar fácil. Pero igual tampoco avisaron de que en esta Tercera RFEF que se antojaba tan frágil fuese a ser tan complicado.
La Balona desenterró desde que comenzó 2026 el espíritu de Recia. Ese que le distingue desde no se sabe cuándo. Ése que enamoró a una afición que fue legión también en Chiclana. La misma en la que hizo llorar a más de uno en las gradas cuando Aschalew Sanmartí hizo el 2-4 que daba el partido por zanjado.
Esta nueva Balompédica lo fió todo a la solidaridad, a un esfuerzo que no se negocia y a la inacabable pólvora que acumulan sus hombres de arriba. Ésos a los que tanto temía, y con razón, Alfonso Cortijo. Aquel equipo cuyo rollo no era el gol, ha pasado a hacer trece tantos en sus cuatro últimos desplazamientos. Ahí estaba.
Con los preceptivos cambios en el once a los que invitaba una semana con tres partidos, la visita a Chiclana en busca de la revancha a aquella injusta derrota de la primera jornada pareció ponerse de frente para la Balompédica a los ocho minutos. Penalti a favor. Pero Juaniyo falló. Tendrían que darle una vuelta a eso de los once metros en la caseta, porque ya deja de tener gracia.
Los linenses, que habían salido sólidos, se desarregló un poco con el error. O el Chiclana se rehízo con el suspiro de alivio de ver que se había salvado por los pelos. Lo cierto es que en el 21" tras una jugada en la que los visitantes enlazaron errores y algún resbalón inoportuno, llegó el 1-0, obra de Dani Guerrero (ex de Los Barrios).
Fue precisamente ahí cuando la Balona dio muestras de la madurez, de la solidez en la que tanto había ido creciendo últimamente. No se descompuso. Lejos de perder el norte, se mantuvo sobria. En el 25" un golpe indirecto dentro del área acabó con un disparo de Lanzini entre el meta local y el larguero. Pero en el 31" sí llegó el empate. Zaki, en el segundo remate tras un pase de Pepe Rincón, acertó con el marco.
En el 38" Carri estrelló el balón en la madera de Antonio Hermosín en el saque de una falta. El último susto antes de que en el 46", cuando parecía que los dos conjuntos daban por bueno el empate antes de pasar por la caseta, llegase el 1-2. Zaki rentabilizó un error colectivo del rival para completar con un doblete la remontada.
Pero estaba escrito que el partido iba a tener mucho más. En el 46", nada más iniciarse la segunda mitad, Tomi Lanzini se fue al suelo en campo contrario. Igual no fue ni falta, aunque su acción, con una amarilla ya acumulada, fue un poquito temeraria por parte del capitán balono. Como poco innecesaria. Lo que no era, seguro, era merecedora de tarjeta. Hasta el propio árbitro torció el gesto cuando se percató de que suponía expulsión.
Pero estaba dicho que esta Balona se ha curtido con el paso de las jornadas. Aún estaba David Sánchez recomponiendo a los suyos con los cambios cuando llegó el 1-3. Un jugadón de Zaki y un mal despeje del meta local permitieron a Pepe Rincón marcar.
El camino se había despejado, pero en el 74" una falta ensayada permitió a Adrián Pascual meter el miedo en el cuerpo (2-3).
Como, aunque hacía rato que se antojaba complicado, aún cabía aquello del más difícil todavía, en el 81" el árbitro -no más de los muchos muy malos que había en esta categoría- se le fue la mano y un pues anda que tú con esos pelos entre Mawi y Antonio Hermosín lo resolvió con una disparatada doble expulsión.
El problema se lo creó a la Balona, que se quedó con nueve y que además ya había agotado los cambios, de manera que Chey se hizo el valiente, se enfundó los guantes y se puso a defender el marco.
El que más y el que menos se temió lo peor. Pero esta nueva Balona de 2026 se hizo hercúlea. Más si cabe. En una situación límite cada uno de los que estaba en el campo se multiplicó hasta evitar que el Chiclana lanzase siquiera a puerta. Fue un ejemplo de compromiso que inevitablemente recordó a aquel de Sanlúcar con el imberbe Manu Cano en el marco de la 2018-19.
En medio de tanto elogio cuesta destacar a nadie, pero el partido de Julio Algar, de Boateng y, como quedaba dicho, de Zaki, fue para enmarcarlo. Sin olvidar a Cascajo, que literalmente se reventó. Algo que, por cierto, no era nada inhabitual en él.
Un partido como ése, con tantas cosas, con tanta emoción, con tanto significado, tenía que acabar a lo grande. Y lo grande fue un gol de Aschalew Sanmartí cuando comenzaba el añadido, tras un jugadón precisamente de Cascajo.
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