Submarino amarillo

Orgullo de la bajundad cadista

  • Dimes y diretes en torno a la nueva canción cadista, que compite por el gusto general con los raperos atípicos, que ya suenan en el Ramón de Carranza, sin olvidar el pasodoble de Manolo Santander

CANCIÓN de Navidad para el Submarino. El Cádiz nunca fue muy dado a la música del balón, al ritmo de la pasión envenenada, hasta que surgió el pasodoble de Manolo Santander, diez años atrás. Ni siquiera sonó el Yellow Submarine de los Beatles en Carranza como lo hiciera en el estadio del Villarreal.

Rompamos tópicos, pinchemos el globo: el Villarreal ascendió a categoría nacional, a finales de los años sesenta, a los sones del mítico tema de Ringo Starr, que animaba el cotarro a través de la megafonía de entonces. El Submarino no llegó a Cádiz hasta el año 91, por mucho que algunos se emperren en forzar la memoria falsa, y fue merced a la promoción ante el Málaga. Si acaso, antes la gente prorrumpía en un simpático "¡Submarino es!" cuando el locutor anunciaba la presencia del lateral amarillo Amarillo, valga la redundancia amarilla. En fin. Ahora se llenan la boca asegurando que el Submarino cadista viene de lejos. Mentira. Viene de cubrir tropecientas mil leguas submarinas. Con la música a otra parte.

Mientras el Cádiz se descuelga con una canción oficial de lo más light, una rumbita flamenquita apaleá made in mainstream gaditano, el Atlético de Madrid invita a su fiesta navideña a una chirigota gaditana, la del Canijo. Paradojas del fútbol. Mientras el Cádiz amenaza con convertir la dichosa canción en emblema del próximo centenario del club, en lugar de rendir tributo al pasodoble pepperoni y convertirlo de una vez en himno oficial o al menos situarlo a la verita del himno de Escobar y Parodi, por los altavoces de Carranza suena Cai es un delay, el nuevo single de la Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz, formación compuesta por cadistas nada convencionales, entre ellos Dj Washy, Brigada de Pro, Curva Sur barbilampiño que muestra su orgullo hip hopero y agradece sobremanera el detalle. La canción sonó en el descanso del Cádiz-Jaén, para sorpresa general, y no es la única pieza de Frac que abunda en el orgullo de la bajundad cadista. Estos raperos cantan a Mansilla, a los mitos de ayer y de hoy, a los cadistas traviesos, Cai es un riddim, Cai es un delay, por la gloria del Bob Marley hallado en el fondo del mar gaditano. El Cádiz suspira por los tres puntos, tras el final de año empatón y para ello quizá recurre a una patulea de triunfitos, lolailos, lereles, poperos en adobo, para grabar el tema compuesto por el mismísimo Pepe Mata, consejero delegado de Operación Ascenso.

Con cierta mala leche, en los foros y mentideros amarillos andan estos días poniendo la canción de vuelta y media. Que si OT baja a Segunda B, que si Andylucas la Marimorena, que si el tema se asemeja en hechuras al color esperanza de Diego Torres, que levantó la audiencia de la primera edición de OT, que si no tuvimos bastante con el Jesucristo Superstar del Falla ... Para todos los gustos.

Del alaví, alavá, viva el Cádiz, viva su afición al Parte de mi vida del nuevo siglo media un abismo. Los extremos se tocan. El himno compuesto por el músico Escobar y el letrista Parodi, interpretado por la Coral Universitaria y la Banda de Música de Infantería de San Fernando se coloca a años luz de la rumbita de chicle con todas las voces arriba, medio comparsista, medio lamiosa, que difícilmente calará hondo en la afición, a no ser que la endiñen a diestro y siniestro, hasta en la sopa, por nones, hasta acabar empalagando. Nada que ver con la categoría de algunos artistas participantes, claro está, que merecen el mismo respeto que el amor por la música y por el balón cuadrado. No se trata de criticar a quienes han apoyado al Submarino, desde Marey hasta Nández, desde Andy hasta Lucas, pasando por el tamiz del sonido Cádiz estilo Caños, sino de subrayar la existencia de otros sones y otros méritos contraídos. Manolo Santander, por ejemplo, nunca ha cobrado un duro, ni siquiera un euro, por derechos de autor que le corresponderían a manojitos. Ha preferido callar cuando se le ha atacado desde el mismo Cádiz. Ha esperado la marea. Jamás puso un pero. Paradójicamente, él mismo cuenta que el pasodoble de marras, acaso también orgullo de la bajundad cadista, no gustó en exceso a sus compañeros de chirigota, que de primeras estuvieron a punto de tumbar la pieza, una de las más celebradas, seguro que la más entonada, en la última década. El pasodoble por excelencia sirvió en su día de bálsamo y de magnífica campaña improvisada de promoción de un club que no llenaba su estadio ni levantaba las pasiones de hoy en día. El pasodoble de Santander ayudó a crear la fiebre amarilla actual, se trata de un tratado filosófico del cadismo por derecho, sin palabritas vacuas ni pamplinas variadas.

Canción peligrosa del centenario. Hay tiempo para grabar un elepé de los antiguos, no sólo una canción que divida a la afición musical en dos partes de mi vida. Hay gente pa tó. A propósito de centenario, cuando el Atlético de Madrid cumplió los suyos en 2003, colaboraron un montón de gaditanos en los discos conmemorativos. Ahí quedan para la historia los Motivos de un sentimiento registrados por Joaquín Sabina junto a músicos gaditanos como Antonio Martínez Ares y José Antonio Vera Luque, la comparsa y la chirigota aunados en La banda de los siete canallas. ¿Los cinco restantes? Juan Carlos Moreno, José Manuel Person, Gabriel Castejón, Javier Mora y Francisco Javier Madroñal. Con el gran Pancho Varona a la guitarra. En el disco confluyeron talentos como Josele Santiago, Lichis de la Cabra Mecánica, los Carmona de Ketama o García Vega de Nacha Pop. Otro disco de la época, el disco oficial del centenario colchonero, incluía unos tanguillos colchoneros a cargo de la autodenominada Orquesta Nacional de Malasaña: Esto es lo que hay, esto es lo que hay; yo lo que quiero es que gane el Atleti y que suba el Cai. Cai es un delay.

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