cádiz c.f.

"Estoy vivo gracias al desfibrilador"

  • Miguel García es la imagen de 'Oxidoc', la empresa que comercializa en España el aparato que le salvó la vida · El excadista cayó desplomado el pasado 24 de octubre durante un partido tras sufrir un infarto

Recordar es vivir. Y más aún para aquella persona que ha estado cerca de la muerte. Miguel García cayó desplomado en un campo de fútbol el pasado 24 de octubre. El excadista, que defendía la camiseta del Salamanca en un partido contra el Betis, cayó de cara contra la hierba tras tambalearse un instante. Se había agachado a atarse los cordones de las botas y, al levantarse, sólo anduvo unos metros. En el Helmántico se vivieron unos minutos que parecieron una eternidad. Algunos compañeros de Miguel García lloraban con las manos en la cabeza. Y el silencio en las gradas fue absoluto. Como si la muerte hiciera acto de aparición y la gente le guardara respeto. Con el jugador tendido e inconsciente, los servicios médicos de ambos equipos procedieron a las habituales maniobras de resucitación cardiopulmonar. Pero Miguel no tenía pulso. Había que desfibrilar. O lo que es lo mismo: lograr que el corazón dejara de contraer sus fibras de forma incontrolada y hacerle recuperar su ritmo contráctil normal. Hubo que aplicarle el choque eléctrico en un par de ocasiones. Y el corazón del manchego respondió al fin. Miguel García recuperaba la consciencia en la ambulancia y un cateterismo en el hospital confirmaba el diagnóstico de infarto.

"Estoy vivo gracias al desfibrilador", recordaba ayer Miguel García en la Facultad de Enfermería y Fisioterapia de la UCA, sede que ha acogido estos dos últimos días el XV Congreso Nacional de la Asociación Española de Médicos de Equipos de Fútbol (AEMEF). "Y qué mejor satisfacción que trabajar con algo que te ha salvado la vida", explicaba a la hora de hablar de su nueva labor: ser la imagen de Oxidoc, la empresa que ha comercializado en España, en exclusiva, el desfibrilador Zoll. "Quiero mentalizar y concienciar a la gente en todo lo que pueda para que el día de mañana no falten desfibriladores en ninguna parte. No se trata de que estén sólo en los campos de fútbol. También deben estar en colegios, estaciones de autobuses, de trenes... En caso de urgencia, tener uno cerca te puede salvar la vida. Yo era un deportista sano cuando sufrí el infarto. Y si me ocurrió a mí, puede pasarle a cualquiera. Los reconocimientos médicos no son suficientes. Sé de lo que hablo", argumentaba el exfutbolista. "Afortunadamente no me han quedado secuelas y puedo llevar una vida normal. De hecho, los expertos me recomiendan que no deje de hacer deporte", celebraba.

De la mano de Miguel García paseaban ayer Salvador Moll y Jesús Barón. El primero, director corporativo del grupo Oxidoc, no se andaba por las ramas: "Se producen al año más de 40.000 casos de muerte súbita y con el uso del desfibrilador se podría evitar al menos un cinco por ciento de estas muertes. Es un aparato imprescindible porque sin él no se puede resucitar a nadie. Y nadie está a salvo. La muerte súbita la puede padecer cualquier persona, en cualquier lugar y en cualquier momento. Los desfibriladores son fáciles de usar y deberían estar al alcance de todos. Y que los coches de Policía llevaran uno porque son los primeros en llegar a los accidentes".

El segundo, representante en Andalucía de la firma, añadía lo siguiente: "El primer minuto es vital tras producirse el infarto. Y conforme avanza el tiempo se van perdiendo esperanzas de recuperar el pulso". "El desfibrilador hay que tenerlo siempre al alcance de las manos", concluía Jesús Barón.

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