El resultado del Cádiz CF - Tenerife Varapalo con mala pinta (0-2)

  • El equipo amarillo deja un preocupante reguero de dudas con una justa derrota tras jugar más de 70 minutos con un hombre menos por expulsión de José Mari

Espino (i) y Jurado, cabizbajos mientras los jugadores del Tenerife celebran el primer gol. Espino (i) y Jurado, cabizbajos mientras los jugadores del Tenerife celebran el primer gol.

Espino (i) y Jurado, cabizbajos mientras los jugadores del Tenerife celebran el primer gol. / Fito Carreto

El Cádiz CF no anda nada bien. Pero no ahora, sino desde el retorno de la Liga. El equipo se las fue apañando para arañar puntos partido tras partido, pero las sensaciones no eran buenas hasta el fortísimo golpe de realidad que se dio en el duelo contra el Tenerife. Una derrota sin paliativos que saca a relucir la realidad, que no es nada halagüeña pese a la ventaja que ostenta en zona de ascenso directo, que corre peligro de disminuir este fin de semana. El liderato queda pendiente del resultado del Zaragoza.

La temprana pero justa expulsión de José Mari marcó el devenir del partido. El Cádiz se descompuso desde entonces y quedó a merced de un Tenerife que no dudó en pasar por encima e incluso pudo llevarse un triunfo más abultado. La derrota de los amarillos fue más que merecida, pero además de perder, la impresión que dejaron sobre al tapete fue muy preocupante. No hubo reacción. No hubo nada y el rival fue muy superior con un jugador más.

La primera derrota post-coronavirus sitúa al Cádiz en la cruda realidad. O espabila o el ascenso corre serio peligro. Caminar puntito a puntito, siempre a remolque, ya era un riesgo, pero la derrota era cuestión de tiempo. No se puede vivir siempre al borde del abismo, a base de arreones, con la sensación de llegar a lo justo.

Salieron con energía los locales y en los cinco minutos iniciales ya habían sacado dos veces de esquina, pero fueron los visitantes los que estuvieron a punto de marcar, también tras un córner, con un cabezazo de Álex Muñoz en el 8 que puso el balón en dirección de gol hasta que José Mari lo sacó bajo palos.

No tardaron los insulares en hacerse notar, bien pertrechados sobre el césped y veloces en la aplicación del acordeón: eficaz en el repliegue y el despliegue. Con frescura y ganas.

La posesión del esférico correspondió a los de casa por voluntad de ambas partes y el juego se escoró hacia la izquierda, por donde apareció Jurado. En el 17, Ortolá desvió un disparo flojo pero intencionado del sanluqueño. Hasta ahí llegó el empuje ofensivo del Cádiz.

El equilibrio era absoluto entre dos adversarios que derrochaban intensidad hasta que el partido se torció, y mucho, para el equipo amarillo. En el 21, José Mari se excedió en una entrada a Aitor Sanz en el centro del campo. En una disputa de balón, el roteño no midió nada bien, pisó con los tacos de su bota el tobillo derecho de su oponente y el árbitro no tardó ni un segundo en mostrarle la cartulina roja. Jugó con fuego y se quemó. La expulsión condicionó el desarrollo del encuentro. Fue una medida justa, aunque Moreno Aragón no anduvo demasiado fino. Se comió algunas faltas favorables a los locales.

El Cádiz se reordenó con el paso Álex Fernández de tres cuartos a la media. Acusó la inferioridad numérica hasta llegar a desaparecer. Los de Rubén Baraja, con uno más, se lanzaron al ataque con todos sus argumentos, dueños absolutos del cuero y con acciones de peligro, sobre todo por el costado de Espino.

Poco más que encerrarse en su parcela hicieron los gaditanos, aferrados al asidero de la defensa para tratar de conservar un empate que no era malo dadas las circunstancias. Apenas traspasaron la línea central hasta el intermedio. Una vez más, para no perder costumbre, el líder se complicó la vida y la victoria se convirtió en una quimera.

Un futbolista menos, incapaz de abandonar su campo, un rival pujante... Se dieron todas las condiciones para el 0-1, que para colmo llegó justo antes del descanso. Todo un golpe psicológico para un equipo completamente diluido.

No fue una sorpresa el gol porque el Cádiz había desaparecido tras la expulsión de José Mari y el Tenerife no perdonó. En el 45, Moore sirvió al interior del área, los defensas actuaron como espectadores, Bermejo no alcanzó el balón por milímetros pero sí y lo hizo en el segundo palo Dani Gómez, quien en boca de gol remachó junto a la portería. Un auténtico mazazo para los de casa, obligados a cambiar el rumbo en la segunda mitad.

No le dio tiempo a recomponerse a los anfitriones en la reanudación. Las instrucciones en el vestuario, las sustituciones... Todo se fue al garete en dos minutos con otro golpe al estado anímico en forma de 0-2.

En el 47, Luis Pérez bombeó el balón al área, Marcos Mauro arrancó con lentitud en la acción con Dani Gómez y el ariete, más despierto, se anticipó para rematar de cabeza y sorprender a Cifuentes, que también llegó tarde en la estirada. 0-2 y se acabó.

El partido estaba perdido para el Cádiz pese a que quedaba todo el segundo acto por delante. Nano Mesa y Álvaro Giménez habían entrado al comienzo y Sergio González lo hizo tras el 0-2 para afrontar el tramo restante con una defensa de tres hombres.

Nada surtió efecto. El equipo estaba roto, con el recurso de las jugadas a balón parado como única opción posible de gol mientras el Tenerife gobernaba con total autoridad y amagaba con más goles. Falló en boca de gol Bermejo en el 61 y en el 65 el esférico se estrelló en el larguero tras un centro de Moore.

Alberto Perea y Pombo, los últimos en entrar, aportaron poco. Un misil del zaragozano en el 86 que desvió Ortolá, que un minuto después detuvo un cabezazo de Marcos Mauro. Los locales apretaron al final pero era demasiado tarde.

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