Cádiz CF

Y de repente, Güiza

  • El delantero contribuye con su embrujo a la excelente racha del equipo con un papel de actor principal en Elche en una temporada en la que ejerce un rol secundario

  • El jerezano acumula tres dobletes de amarillo

Dani Güiza, atento a una acción del juego durante el partido entre el Elche y el Cádiz disputado el pasado domingo. Dani Güiza, atento a una acción del juego durante el partido entre el Elche y el Cádiz disputado el pasado domingo.

Dani Güiza, atento a una acción del juego durante el partido entre el Elche y el Cádiz disputado el pasado domingo. / lof

Llevaba cuatro partidos sin jugar, la peor noticia para un futbolista. A Dani Güiza le toca vivir la cara amarga, relegado a la suplencia, que lleva en silencio, como buen profesional, con el reto de ganarse el puesto cada día en los entrenamientos. Pero tarde o temprano le iba a llegar una nueva oportunidad. Y vaya si la aprovechó.

El pasado domingo ocupó plaza en el banquillo, como uno de tantos partidos de esta temporada. De pronto, cuando más espeso estaba el equipo, incapaz de controlar al Elche, en inferioridad numérica desde el minito 23, Álvaro Cervera, desde una cabina enclavada en las alturas del estadio Martínez Valero -cumplió el segundo de los cuatro encuentros de sanción que le cayeron tras ser expulsado en Córdoba-, se sacó un as de la manga y de alguna manera hizo llegar abajo que era el momento de que Dani Güiza saltara al césped con media hora por delante. El técnico demostró una vez más su ojo clínico, apostó por el jerezano, que no participaba desde que fue titular en el duelo contra el Alcorcón, y la carta salió ganadora. No le pesó la inactividad competitiva al delantero, quien seis meses antes, en Alicante, a menos de 30 de kilómetros de Elche, había pasado a la historia del Cádiz como autor del gol ante el Hércules que apuntaló el ascenso que con tanto ahínco había perseguido el club y él también desde su llegada en el verano de 2015. Le sientan bien los aires alicantinos.

Celebró el ascenso por todo lo alto pero ahora ejerce un rol secundario en la vuelta del Cádiz a Segunda División A. La sombra de Ortuño es tan alargada que dispone de poco hueco en el equipo hasta que el entrenador decide juntarlos sobre el césped de manera esporádica o en soluciones de emergencia.

El veterano ariete, curtido en mil batallas, demostró en el Martínez Valero que todavía le quedan páginas por escribir en la recta final de su carrera profesional a sus 36 años. Jugó media hora y la exprimió al máximo para erigirse en el protagonista por un día con un doblete decisivo marca de la casa en el que se apoyó el equipo amarillo para ganar una vez más y prolongar su excelente dinámica. Alguna vez le tenía que tocar a él el papel de actor principal. Lo interpretó con maestría, con absoluta solvencia en las secuencias determinantes. Con su embrujo que le hacer ser un jugador diferente. Fueron sus primeros goles en la Liga esta campaña -hizo uno contra el Levante en la Copa del Rey-. Y su tercer doblete con el Cádiz. El curso pasado le hizo dos goles al Jumilla y otros par al Linares.

Había que dar un giro de 180 grados al partido y ahí estuvo él con su calidad y, por supuesto so sangre fría en el mano a mano con el portero. Dos veces de plantó solo y las dos enchufó el cuero donde debía.

Los dos goles nacieron en acciones similares con idéntico desenlace. El ariete se incrustó entre los centrales, a los que inquietó con su sola presencia, a la espera del pase y cuando le llegó el esférico no perdonó, como en sus mejores tiempos, cuando fue campeón de la Eurocopa con la selección española. Como si llevara toda la vida esperando el balón. En su primer tanto -en ese momento el segundo del Cádiz-, recibió un excelente servicio de Rafidine Abdullah y, tal como recibió el cuero, ya dentro del área, con su bota derecha dio un toque suave más que suficiente para superar a Juan Carlos. Todo calidad en la definición.

Era el 1-2 en el minuto 81 pero poco después, en el 86, igualaba el Elche. Cuando parecía que ese gol de Güiza no iba a servir más allá de una igualada, de nuevo apareció por el centro del ataque para añadir una última línea al guión del partido. Atento a la jugada, agradeció el servicio de Álvaro García con un disparo colocado pegado al palo con el que batió al portero. Otro remate con precisión milimétrica que esta vez sí selló el triunfo en una tarde de gloria para el delantero, protagonista inesperado en el momento más oportuno.

Güiza apareció cuando más lo necesitaba el Cádiz. Con su doblete contribuyó de manera determinante a la suma de tres valiosos puntos. Habló sobre el terreno de juego con un mensaje en forma de goles para avisar de que hay Güiza para rato. El conjunto amarillo está en racha y él no quiere ser menos.

Se siente capacitado para ayudar al equipo y la mejor manera de reivindicarse es con goles, los que le valen para formar parte de la nómina de cinco futbolistas candidatos a mejor jugador de la 20ª jornada de Liga.

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