Marcelo Villacorta, presidente de los afectados de Los Chinchorros

Vivienda en Cádiz: “Hoy celebramos 23 años de lucha por un sueño, que era vivir aquí, y lo logramos”

Marcelo Villacorta, dirigiéndose a sus vecinos.

Marcelo Villacorta, dirigiéndose a sus vecinos. / Jesús Cuevas

Hoy celebramos el final de 23 años de lucha por un sueño, que era vivir aquí, en el mismo lugar donde muchos vivimos de niños”, dijo ayer Marcelo Villacorta, presidente de la Asociación de Afectados por la Promoción de Los Chinchorros. Ayer, en el nuevo Pasaje de San Leonardo, entre el antiguo Cementerio de Cádiz y la Plaza de San José, al pie de un flamante edificio que pudo no haber existido nunca, ocurría un hecho insólito: casi un centenar de familias que se conocen desde siempre, o al menos desde hace más de veinte años, y otras de más reciente contacto festejaban que por fin empezaban a convivir en unas viviendas que en más de una ocasión consideraron perdidas.

Hemos tenido momentos de mucha fracción, pero al final lo importante era lo que nos unía más que lo que nos separaba y al final conseguimos llegar a entendernos”, reconoció Marcelo ante sus vecinos. “Es verdad que todos hemos perdido. Que esto no ha sido una victoria. Esto ha sido un no perder. Y lo que más hemos perdido han sido 23 años de nuestra vida”, dijo el portavoz vecinal. “Muchos de nosotros, y hoy quiero tener un recuerdo de ellos, ya no están aquí. Hay gente que ha fallecido por el camino. Y jóvenes que se casaron para vivir aquí con su familia y al final están en otro sitio”, matizó. Entre los asistentes al acto, el concejal de Urbanismo, Martín Vila , cuya intervención ha sido crucial en el buen desenlace de esta odisea, y la edil de Vivienda, Eva Tubío.

Marcelo tuvo palabras de agradecimiento para todos, en especial para “la gente que ha estado al lado de nosotros en la recta final: el equipo de abogados de José María Puelles y Ricardo Torres, y nuestro compañero de la junta directiva Cristóbal Barco”. Pero también para Martín Vila y el arquitecto municipal Alejandro Jones, “porque el cambio en el Gobierno local fue una piedra angular de la solución de problema”. Y para los periodistas Pilar Hernández y Pedro Espinosa, “quienes desde las páginas de Diario de Cádiz siempre estuvieron con nosotros”. A todas estas personas añadió las gracias por la colaboración de La Caixa y de la promotora Servihabitat, que ha terminado la construcción del edificio de la mano de la entidad financiera.

Un momento de la celebración en el Pasaje de San Leonardo. Un momento de la celebración en el Pasaje de San Leonardo.

Un momento de la celebración en el Pasaje de San Leonardo. / Jesús Cuevas

Desde el principio creímos que esto era viable, lo defendimos a muerte, fuimos a luchar por ello a promotoras, a inmobiliarias, a grupos inversores, al Defensor del Pueblo, a hablar con todos los partidos políticos de Cádiz, a la Junta de Andalucía, llamamos a todas las puertas a nuestra disposición”, recordó Marcelo, quien recibió un gran aplauso de los asistentes.

"La avaricia les estropeó un negocio redondo"

Pero ¿qué pasó con Los Chinchorros? Cargado con un tomo de recortes de prensa, el luchador de Los Chinchorros recapitula para este periódico: “Hace 23 años o más hubo un cambio en el PGOU. Aquí iba a ir una promoción de viviendas, llegaron unos señores de una promotora inicial, Somos ya cinco 95, que luego cambio varias veces de nombre, que abusaron de su situación en esta localización y, por un cúmulo de circunstancias, al final quebró. Nos hicieron propuestas de locura. Queríamos que firmásemos contratos del cien por cien de incremento respecto a los iniciales. Hubo situaciones de mucho límite. Nos gustaría que esto no volviera a suceder. Fuentes expertas del sector nos decían que a nivel nacional no se conocen casos que se hayan solucionado de la manera que se ha solucionado este. Esto se debe a que hemos sido incansables en la lucha”.

Subimos con Marcelo y Manuel Pereira al domicilio de este último vecino, desde donde se divisa en el horizonte la inmensidad del Atlántico con la antesala de un Cementerio ya prácticamente desalojado de restos mortales que debiera convertirse en el menor tiempo posible en el anunciado Parque del Descanso. A un lado, sobreviven en pie las últimas casas de pescadores de Los Chinchorros.

“Yo vivía aquí justo, en la calle San Leonardo, en una casita baja de cal blanca", cuenta Marcelo. "Esto era un barrio pesquero, con callecitas pequeñas, con muchos recovecos, que yo recuerdo con mucho cariño, por la manera que teníamos de vivir: en verano salíamos a la calle con nuestras silla y mesitas, los vecinos charlaban y eso era muy bonito… Era un chavalín cuando empecé con esto de la asociación y ahora me pregunto cómo pude hacer todo aquello... Nuestra casa era de los abuelos de los abuelos de mi madre. Mi familia ha vivido siempre allí… Los dueños de la promotora inicial eran vecinos de mi madre;  ellos no se dedicaban a esto: montaron la promotora para ese fin. Luego hicieron otra serie de viviendas en Cádiz, muchas de ellas con mucha polémica… El caso es que mi madre no se podía imaginar que una persona con la que había jugado de chica, que era vecino nuestro, que lo conocía, le fuera a engañar de esa manera. Ningún vecino se lo podía imaginar".

El flamante edificio que sustituye a las casas bajas de Los Chinchorros. El flamante edificio que sustituye a las casas bajas de Los Chinchorros.

El flamante edificio que sustituye a las casas bajas de Los Chinchorros. / Jesús Cuevas

"Ellos tenían un plan maestro, que era permutar los terrenos por un hipotético piso en una futura promoción", continúa el portavoz vecinal. "¿Cómo construyen? Vendiendo sobre plano a nuevos compradores los pisos añadidos a los de los propietarios de los terrenos. Así consiguen la financiación. Era un negocio redondo. Habría salido muy bien si no hubiesen sido tan avariciosos. Porque hubo un momento en el que pararon la promoción para presionar al Ayuntamiento porque estaban negociando con Teófila que querían subir un par de plantas más. Teófila les dijo que no, que ni mijita. A ese parón le sucedió el estallido de la burbuja inmobiliaria, cayó el precio de todo por los suelos. Y entre lo que se habían gastado ya y lo que habían abusado, quebraron. Se asociaron con otro grupo, que también les apretó las clavijas, hasta que los asfixió y los sacó de la sociedad. Todo esto ocurrió hace muchísimos años..."

"Después, la entidad financiera, tenía hipotecados los terrenos, que no eran de la promotora, que eran nuestros, pero bueno... Y gracias a eso, en el proceso concursal se quedó con los terrenos. Y antes de hacerse efectiva la ejecución hipotecaria llegaron a un acuerdo con nosotros, tras la intervención de Martín Vila, de Alejandro Jones y de todo el equipo del Ayuntamiento. Y ese acuerdo inicial abrió un proceso de negociación, que fue muy duro, muy difícil y en algún momento, al límite... Venían gente de nivel muy alto de la entidad financiera desde Barcelona, como Casanova, a quien también agradezco su intervención, porque pese a todo fue pieza clave para que esto se resolviera, como posteriormente también lo fue Silvia, que nos ayudó también mucho. Y gracias a todos ellos estamos hoy aquí…"

Vistas desde la azotea del edificio. Vistas desde la azotea del edificio.

Vistas desde la azotea del edificio. / Jesús Cuevas

"Yo no me dedico al mundo inmobiliario, ni hipotecario, ni jurídico, ni político ni de la comunicación. Todo lo hemos tenido que aprender a marchas forzadas, rodeándonos de gente que sabía, con mucho conocimiento de todo esto", explica Marcelo. "Tengo siempre presente el recuerdo de la gente que ya no está, como el de Carmelita, que yo llamaba Carmelita la de la Ventanita. Tenía más de 90 años. Mientras que durase la construcción la empresa le pagaría un alquiler. Pero la empresa dejó de pagarlo y la echaron a la calle. Tenía una pensión muy pequeña, el hijo no tenía trabajo y vivían los dos en la misma casa. Se vió en la calle con una mano delante y otra detrás y tuvo que recurrir a Asuntos Sociales… En mi mente siempre estaba ella y que esto tenía que solucionarse. Cuando llegamos al acuerdo me dijo que ya no quería la casa sino vivir bien sus últimos años de vida. Para mí aquello fue muy duro. Cuando recibió la transferencia del dinero fue increíble… Ver que podía pagar la luz, el agua; no se lo creía…"

"Mis padres están muy orgullosos de todo lo que ha pasado. De hecho por eso decidieron que como por el piso había peleado yo tenía que tenerlo yo”, responde el hombre que luchó por su casa en Los Chinchorros. "De los más de 40 vecinos iniciales algunos optaron por no seguir esperando sus viviendas y recibir el dinero que les correspondía… Hay gente que no ha podido verlo y parejas jóvenes que quisieron vivir aquí y ya están casados y con los niños con la Comunión hecha..".

“Yo fui de los últimos en llegar. Compré en 2002 y a partir de entonces me encontré todo el pastel”, cuenta Manuel Pereira. “Yo quiero destacar la figura de Marcelo, aunque él diga que no. No he visto persona más insistente ni más cabezota, en el buen sentido de la palabra, a la hora de conseguir esto. Los abogados, los técnicos y los expertos han sido muy necesarios, pero Marcelo siempre estuvo ahí diciendo: esto lo vamos a conseguir. Y eso lo reconocemos todos los vecinos que hemos vivido todo este proceso. La constancia al final da sus frutos. Pero muchas veces hemos desfallecido”, reconoce el vecino.

La satisfacción de Martín Vila

“Esto me produce mucha satisfacción por ver a los vecinos y vecinas festejar que vuelven a vivir aquí, en su barrio, de donde les echaron hace 23 años, donde la empresa les estafó y les dejó en la calle y que 23 años después , tras un proceso de lucha y de pelea”, dijo Martín Vila a este periódico ya finalizada la intervención de Marcelo Villacorta. "Y a la par, siento satisfacción por ver cómo los vecinos de la antigua promoción están conviviendo con los vecinos nuevos. Es bonito que se cree comunidad en la ciudad", añadió.

"Pero siento satisfacción también por nuestro trabajo en el Ayuntamiento. Porque este proceso de negociación a tres bandas con los afectados, con La Caixa, ha demostrado que David podía vencer a Goliath, siempre y cuando tuviera herramientas e instrumentos a mano. Y nosotros pusimos el Ayuntamiento en manos del más débil como herramienta", añadió. 

"Nada más llegar al Gobierno en 2015 nos reunimos con la asociación de afectados, que ya conocíamos anteriormente", explicó el concejal. "Conformamos una mesa de negociación. Ellos querían desde hacía tiempo sentarse con La Caixa, que era acreedora del suelo principal, pero la entidad financiera no llegaba a atenderles. Creamos ese espacio común y comenzamos a plantear posibles soluciones. Hubo momentos de tenisón, difíciles muy duros, pero en una jornada maratoniana conseguimos firmar el acuerdo por el que la entidad financiera empatizaba con la ciudad y veía necesario rescatar a los vecinos y vecinas, reconociéndoles socialmente sus derechos".

El edil tuvo palabras de agradecimiento “a quienes desde La Caixa, como Julián Casanova, tuvieron la sensibilidad social necesaria para entender que debían encontrar una solución a los vecinos”.

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