Cádiz

Aquel verano de 1997

  • El verano de la consternación: muerte de Lady Di y Miguel Ángel Blanco

El príncipe Carlos y sus hijos en el funeral de Diana Spencer. El príncipe Carlos y sus hijos en el funeral de Diana Spencer.

El príncipe Carlos y sus hijos en el funeral de Diana Spencer.

En el escaso plazo de dos meses ocurrieron dos sucesos de esos que marcan vidas, dos sucesos de esos que casi cualquier persona puede decir qué estaba sucediendo cuando se conocieron. El verano del 97 había empezado con la liberación por la Guardia Civil del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. Había estado secuestrado 532 días en un zulo de tres metros. La reacción de la banda criminal fue organizar un nuevo secuestro y el elegido sería el concejal del PP Miguel Ángel Blanco, un joven economista gallego de 29 años que había obtenido el acta en Ermua. Esta vez no fue un secuestro largo, fue muy corto. ETA exigió al Gobierno de Aznar el acercamiento de los presos y, ante la negativa, Blanco fue ejecutado de un tiro en la cabeza y su cuerpo fue abandonado en el bosque. Habían sido horas angustiosas, los españoles se movilizaron pidiendo su liberación. Tras ese crimen ETA, además de ejecutar a Blanco se ejecutó a sí misma. De ese crimen nació lo que se conocería como el espíritu de Ermua. Ya no había excusas para los criminales. La sociedad, en buena medida también la vasca, estalló. Más de veinte años después ETA se ha disuelto y su epitafio fue un fenómeno editorial de gigantescas proporciones, la magnífica novela Patria, de Fernando Aramburu, que vendió 800.000 ejemplares, algo insólito en nuestro mercado cultural.

La segunda muerte de impacto de aquel verano ocurrió el último día de agosto en París. Una mujer de 36 años moría en un accidente de circulación. Su nombre era Diana Spencer, Diana de Gales, Lady Di, la princesa triste. Se había casado con 20 años con un hombre trece años mayor que ella, un hombre que era el heredero al trono británico, Carlos. La noticia de su muerte, que se produjo cuando huía de los paparazzis con su pareja de entonces, también fallecido, Mohammed Al-Fayed, generó literatura rosa y literatura negra a espuertas. Se dijo que su cuerpo había sido embalsamado para ocultar que estaba embarazada, se habló de un complot de los Windsor, se demonizó a los fotógrafos del corazón, cuya imagen salió muy dañada de aquel túnel de París y Elton John vendió lo nunca vendido de Candle in the wind, la canción que le dedicó en su funeral. El verano pasado, al cumplirse veinte años de la muerte, la memoria de Lady Di seguía muy viva y se hicieron películas, innumera bles documentales televisivos y se publicaron libros que prácticamente canonizaban a esta mujer poco leída, cuentan que caprichosa y de corta conversación. Pero de este material están hechos los mitos. Y Miguel Ángel Blanco y Diana Spencer murieron jóvenes para adquirir la inmortal categoría de símbolos.

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