La Iglesia en Cádiz Los trece del obispo Zornoza

  • El obispo cumple ocho años desde que tomó posesión de la diócesis

  • Con 70 años de edad, le quedarían otros cinco al frente del Obispado si no es enviado antes a otro destino

El obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza El obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza

El obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza / Lourdes de Vicente

Monseñor Rafael Zornoza sigue cumpliendo años en la diócesis. Ocho, para ser más exactos, habrán pasado el martes desde que tomó posesión en la Catedral para relevar a Antonio Ceballos. Y en su horizonte empieza a dibujarse ya el 31 de julio de 2024, día en que en función de lo establecido en el Código de Derecho Canónico deberá presentar su renuncia ante el Vaticano (ya que los obispos presentan la renuncia a su cargo al cumplir 75 años de edad). Cinco años por delante para seguir dirigiendo una diócesis tan difícil y variopinta como la de Cádiz y Ceuta.

Este octavo cumpleaños diocesano de Zornoza llega en medio de una situación un tanto extraordinaria en el panorama católico nacional. Por un lado, porque coincide con el nombramiento del nuevo nuncio apostólico en España, el arzobispo filipino Bernardito Auza, hasta ahora observador permanente de la Santa Sede ante la ONU y que releva al italiano Renzo Fratini. Y por otro lado, porque la Iglesia española se enfrenta a un proceso de cambio de gran calado, ya que en los próximos tres años serán nada menos que 33 las diócesis que tendrán que buscar nuevo obispo al alcanzar los 75 años de edad los actuales.

Esto último implica una importante revolución episcopal, primero con el nombramiento numeroso de nuevos obispos que puedan asumir la dirección de tantas diócesis. Y por otro lado por los cambios que puede traer el nombramiento de esos nuevos obispos en la era del Papa Francisco, que nada deja al azar y que busca implantar su modelo de Iglesia allí donde tiene que hacer un relevo o un nuevo nombramiento.

Entre esas diócesis que contarán con nuevo obispo en estos próximos tres años hay algunas destacadas, como Sevilla, Toledo, Madrid, Valencia, Salamanca o Barcelona; y nombres propios que dejarán su actividad episcopal como Ricardo Blázquez, Braulio Rodríguez (que presidió la misa del 450 aniversario de Vera-Cruz en 2016), José Vilaplana, Juan José Asenjo, Carlos Osoro, Antonio Cañizares o Juan José Omella.

En concreto, según un informe que publicaba Carlos Navarro en Diario de Sevilla hace unos días, la Santa Sede mantiene vacantes tres diócesis españolas en la actualidad: Ciudad Rodrigo, Astorga y Zamora. Y ha recibido ya cinco renuncias, correspondientes a los prelados de Toledo (Braulio Rodríguez), Valladolid (cardenal Blázquez), Zaragoza (Vicente Jiménez), Burgos (Fidel Herranz) y Tarazona (Eusebio Hernández); a los que antes de que finalice el año se sumarán los titulares de las diócesis de Canarias (Francisco Cases) y Huelva (José Vilaplana).

En 2020 deberán renunciar los prelados de Lérida (Julián López, el 21 de abril), Madrid (cardenal Osoro, el 16 de mayo), Valencia (cardenal Cañizares, el 15 de octubre), Sevilla (Juan José Asenjo, el 15 de octubre) y Salamanca (Carlos López, el 4 de noviembre).

A lo largo de 2021 será el turno de las renuncias de ocho prelados: el obispo auxiliar de Valencia (Esteban Escudero, el 4 de febrero), Jaén (Amadeo Rodríguez, el 12 de marzo), Orihuela-Alicante (Jesús Murgui, el 21 de abril), Barcelona (cardenal Omella, el 21 de abril), Gerona (Francisco Pardo, el 26 de junio), Santiago (Julián Barrio, el 15 de agosto), Sigüenza-Guadalajara (Atilano Rodríguez, el 25 de octubre) y Almería (Adolfo González, el 13 de noviembre).

En el año 2022 renunciarán los arzobispos de Granada, Pamplona, y el Castrense; los obispos de Alcalá de Henares, Cuenca, Palencia, Sant Feliú de Llobregat, Santander y Tui-Vigo, lo que supone la marcha de tres arzobispos y ocho obispos.

Todo estos nombramientos corresponderán a Bernardito Auza, que tomará posesión de su cargo el próximo 1 de diciembre y que deberá afrontar así un frenético aterrizaje en la Nunciatura Apostólica. La pregunta es si Rafael Zornoza y la diócesis de Cádiz pueden verse de algún modo afectados de manera colateral por esta situación. ¿Puede Roma enviar a Zornoza a alguna de las diócesis que ya están vacantes en la actualidad (Ciudad Rodrigo, Astorga y Zamora) o que lo estarán de aquí a 2022, y con ello nombrar a un nuevo obispo para Cádiz?

“Es posible que Cádiz se vea afectada en toda esta revolución que está por venir”, han trasladado a este periódico fuentes cercanas a la Iglesia. Efectivamente, el obispo diocesano se muestra con aparente vitalidad, buena salud y fortaleza mental para seguir asumiendo responsabilidades y encomiendas por parte de la Iglesia; y desde ese punto de vista no habría que descartar un posible nuevo destino para sus últimos años en activo.

Además, en apoyo de esta posibilidad estarían las dificultades que ha encontrado Zornoza en estos años en Cádiz, donde se ha encontrado con el rechazo frontal de algunos y de forma callada de otros muchos por algunas de las decisiones que ha tomado, por la renovación casi completa que realizó tras su llegada (y que no sentó nada bien en algunos sectores) entre los cargos de confianza y por algunos rumbos que se han adoptado en la gestión de la diócesis (especialmente en el capítulo económico, que concentra las principales críticas hacia el Obispado por parte de laicos y de sacerdotes). A todo ello se unen algunos episodios sonados que han tenido al obispo en el foco de la polémica y que ha necesitado incluso de apoyos externos (como el que protagonizó en su momento el arzobispo de Sevilla). ¿Será Roma consciente de esta situación que ha vivido, y de algún modo sigue viviendo la diócesis? ¿Será un nuevo destino de Zornoza la fórmula ideal para resolver las dos partes de un conflicto velado que se inició hace ahora ocho años?

En el lado contrario, no favorable a un cambio de destino de Zornoza, estaría como principal argumento el de la edad del obispo de Cádiz. Con 70 años cumplidos el pasado 31 de julio, un nuevo destino tendría un período muy corto de trabajo pastoral, apenas cinco años. ¿Merece la pena nombrar un obispo que va a estar nada más que cinco años en ese destino, tiempo que no es suficiente para desarrollar en una diócesis los planes y objetivos que se quieran marcar a corto y medio plazo? Atendiendo a esto, parece que lo oportuno sería que Rafael Zornoza continuara en Cádiz durante los cinco años que le restan, cumpliendo así un episcopado de trece al frente de la diócesis de la que tomó posesión en 2011.

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