"La Reina ha dado a luz un Rey"
HISTORIAS DE CÁDIZ
La difusión de las noticias en el siglo XIX
Cañonazos y repique de campanas para dar a conocer la muerte del Rey Alfonso XII y el nacimiento de Alfonso XIII
Las noticias llegan hoy a conocimiento de los ciudadanos a velocidad de vértigo. Cualquier acontecimiento, ocurrido en cualquier lugar del mundo, es difundido con carácter inmediato gracias a las llamadas redes sociales. La prensa escrita, la televisión y la radio difunden las noticias cuando éstas son ya conocidas por gran parte de la población.
Esta velocidad en la información contrasta con lo que sucedía hasta hace unos cien años, cuando no existían la radio ni la televisión y los periódicos recogían lo sucedido con enorme retraso. Hasta bien entrado el siglo XX los grandes acontecimientos, como el nacimiento de un Rey o la elección de un Papa, era difundida a la población con un repique general de campanas o por cañonazos de los buques de guerra o de la batería de la plaza.
Buen ejemplo de lo que venimos diciendo ocurrió en Cádiz en 1885 y 1886 con la muerte de Alfonso XII y el nacimiento de Alfonso XIII, noticias que fueron conocidas por los gaditanos a través del repique de campanas y los cañonazos de los buques de guerra.
La enfermedad del Rey Alfonso XII fue seguida con enorme interés en toda España. Con la Restauración y la Constitución de 1876, la nación parecía vivir una época de tranquilidad y progreso. Atrás habían quedado los violentos experimentos de la Primera República y la alternancia de los grandes partidos, liberal y conservador, con Sagasta y Cánovas a la cabeza, parecían asegurar la prosperidad de España.
Las noticias de la grave enfermedad del Rey, que contaba con apenas 27 años, llegaban a Cádiz por telegrama y con mucho retraso. Diario de Cádiz al publicar, días antes de la muerte del monarca, la noticia de la gravísima situación indicaba a sus lectores “la vida del Rey es un factor fundamental para la vida de España. Su vida es símbolo de la tranquilidad patria. ¡Que Dios proteja a España!”.
Alfonso XII falleció en El Pardo a las nueve y cuarto de la mañana del día 25 de noviembre de 1885. El telegrama oficial remitido por el Gobierno llegó a Cádiz a las doce de la noche, simultáneamente recibido en el Gobierno Civil y Diario de Cádiz. Al amanecer del día 26 la batería de San Felipe y la fragata Navarra, fondeada en la bahía, comenzaron a disparar las salvas de ordenanza, cinco cañonazos seguido de otro cada cuarto de hora. Desde primera hora, todas las campanas de la iglesias y la del Ayuntamiento estuvieron doblando en señal de duelo hasta la llegada de la noche. De esta manera y con veinticuatro horas de retraso conocieron los gaditanos la muerte del Rey Alfonso XII.
Los apasionantes momentos que siguieron a este fallecimiento fueron conocidos en nuestra ciudad con varios días de retraso. Poco a poco y por medio de telegramas y crónicas enviadas desde Madrid supieron los ciudadanos que no se procedería a nombrar Reina a la Princesa de Asturias, ya que la Reina viuda se encontraba embarazada y el en el caso de que diera a luz un varón éste quedaría convertido automáticamente en Rey de España.
Durante seis meses fueron llegando noticias de la Corte. El Gobierno, mensualmente, remitía a las provincias un telegrama dando cuenta que el embarazo de la Reina Cristina seguía felizmente y sin ninguna novedad. Al mismo tiempo, el obispo de la diócesis, Vicente Calvo y Valero, ordenaba a todas las iglesias que elevaran las preces correspondientes para la salud de la Reina.
Entre las informaciones recibidas nos llama hoy la atención la elección de la nodriza encargada de dar de mamar al futuro Rey de España, si nacía varón, o Infanta si nacía mujer. Médicos y personal de la Casa Real seleccionaron a varias jóvenes voluntarias, procedentes todas ellas del Valle del Pas, donde aseguraban estaban las mejores nodrizas.
Tras varios exámenes, cuyos pormenores desconocemos, fue elegida la joven Maximina Pedraja Vega, de 26 años de edad. Según la prensa, “es alta, morena, de ojos muy expresivos, color pálido, enjuta de carnes y de hermoso y abundante pelo negro”. Entre las candidatas estaba Venancia Pellón, de Selaya, que, aunque disponía de bienes de fortuna, se había ofrecido voluntaria “por el gusto de lactar al regio vástago”.
El parto de la Reina tuvo lugar a las once y media de la mañana del día 17 de mayo de 1886. Una hora más tarde llegaron a Cádiz los primeros telegramas. “La Reina ha dado a luz un Rey”. “Acaba de nacer el Rey de España”.
A las dos y media de la tarde fue dada a conocer la noticia a todos los gaditanos. La batería de la plaza disparó 21 cañonazos y en el balcón principal del Ayuntamiento se izó la bandera de España. Las campanas de la Catedral iniciaron un repique general que fue seguido por el de todas las iglesias de la ciudad.
Al día siguiente fueron conocidos algunos detalles interesantes del parto y momentos posteriores. El Rey nació en el Palacio Real, en la plaza de Oriente, e infinidad de madrileños aguardaban noticias desde la noche anterior en los alrededores del Palacio. El presidente del Gobierno, Sagasta, los ministros, autoridades militares y representantes del Cuerpo Diplomático aesperaban en la habitación más próxima al dormitorio de la Reina.
Doña Cristina fue atendida por el doctor Reidel, auxiliado por varios médicos de la Casa Real. En el momento del parto, Reidel gritó con voz potente para que pudiera ser oída en las habitaciones próximas: “Un varón. Un varón”.
Poco después, el recién nacido fue colocado en una bandeja de plata y entregado al presidente del Gobierno. Sagasta lo llevó al salón donde aguardaban las autoridades e invitados y levantando la sabanita para que todos pudieran ver el sexo del niño, gritó: ¡Viva el Rey!
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