Cádiz

"Mi patriotismo es uno en el que quepa todo el mundo, sin exclusiones"

  • La ganadora del premio Federico Joly dice no tener problema identitario: "En mi corazón caben muchas banderas"

  • Tuvo un papel fundamental en los tensos días vividos hace un añoii premio Federico Joly

Inés Arrimadas posando antes de la entrevista con Diario de Cádiz. Inés Arrimadas posando antes de la entrevista con Diario de Cádiz.

Inés Arrimadas posando antes de la entrevista con Diario de Cádiz. / reportaje gráfico: juan carlos vázquez

-Ha recibido el premio Federico Joly por su defensa de los valores constitucionales. Hay un artículo que conoce bien, el 155.

-No es el que más me gusta, me gustan más otros.

-Habrá otros que tampoco le gusten porque están por la labor de reformar la Constitución.

-Estamos a favor de reformarla, no de cargárnosla, como quieren los populistas. La reforma del Senado, las competencias de cada administración, eliminar privilegios de los políticos o hacer los cambios que permitan contar con una nueva ley electoral son aspectos en los que creemos que se debería trabajar. Un cambio en la Constitución de mayor calado tendrá que venir cuando haya más posibilidades de acuerdo para poder plasmarlo. Pero, en cualquier caso, la Constitución no es el problema de este país.

-¿Cuál es el problema de este país?

-Hay mucho en lo que trabajar. Ser más eficaces para favorecer la creación de empleo y la educación, que en 40 años no hemos conseguido llegar a un consenso para tener un modelo que no haya que ir cambiando según el gobierno que haya. Y generar ilusión. Somos un gran país y no paramos de escuchar discursos pesimistas. Creo en una ciudadanía libre que se sienta orgullosa de ser de donde es. Tenemos demasiados complejos de nuestros símbolos y de nuestra historia.

-Pues de símbolos estará usted servida. Supongo que no quiere ver el amarillo ni en pintura.

-En Cataluña sufrimos una saturación de símbolos ideológicos, pero yo no tengo ningún problema con los símbolos oficiales, con la senyera, con la bandera de España, la andaluza, la europea... En mi corazón caben muchas banderas, pero la simbología ideológica en Cataluña es excluyente, es una forma de decir esto es nuestro. Con la ocupación de los espacios públicos tratan de expulsar a la mitad de los catalanes de Cataluña, que es lo que busca todo nacionalismo.

-¿Se considera usted una patriota?

-El patriotismo bien entendido es una magnífica estrategia de país. Creo en el patriotismo que se autoafirma y que confía en sus investigadores, en sus productores, en sus trabajadores, el que no desconfía de España. Y, sobre todo, creo en un patriotismo en el que quepa todo el mundo, que no sea excluyente.

-La sociedad catalana está fracturada. ¿Usted ha perdido amigos?

-Perdí amigos con los que tenía muy buena relación cuando me presenté a las elecciones por Ciudadanos. Se apartaron de mí. Sentí tristeza porque a mí siempre me ha gustado relacionarme con todo tipo de personas y, de hecho, me gusta hablar con gente que no piensa como yo porque me enriquece. Pero lo importante no es lo que me pase a mí, sino lo que el nacionalismo ha hecho con las familias, las pandillas... el nacionalismo siempre acaba por rasgar las sociedades.

-¿Cuántas veces al día se dice para qué me he metido en esto?

-Alguna vez piensas que con lo bien que estaría en mi trabajo en la consultora siendo una persona anónima. Lo que más echo de menos es pasar desapercibida. Pero también pienso que defendemos lo correcto frente al supremacismo y que es mi obligación defender los valores de igualdad, solidaridad y libertad.

-¿Le insultan mucho por la calle?

-Me insultan, sí, pero al mismo tiempo también recibo muchísimas muestras de apoyo, gente que te dice no paréis, no nos dejéis solos. Esa mezcla te da fuerzas. Si sólo me insultaran sería para irme y si sólo recibiera buenas palabras me volvería gilipollas, así que asumo ese punto medio.

-¿Ha pasado miedo durante todo este proceso? Pero miedo del de verdad, físico.

-He sentido preocupación grande, una preocupación muy cercana al miedo en situaciones puntuales. Pero más que miedo lo que siento es pena, una inmensa pena, de lo que han hecho con una tierra a la que quiero tanto, de la que me siento parte. Catalanes se han tenido que ir de Cataluña porque ya no aguantaban más. O saber lo que pasan algunos concejales en determinados pueblos. Es tremendo.

-Usted vive allí, tiene que entender el independentismo mejor que yo. Si el independentismo ha pasado en poco tiempo de ser una minoría a ser la mitad de la población es que algo se ha tenido que hacer mal.

-Es el producto de haber dejado durante décadas Cataluña en manos de los nacionalistas.

-Bueno, en manos de los nacionalistas tampoco. Ganaban las elecciones.

-Ganaban con una ley electoral injusta y llegaban al acuerdo en Madrid con el PP y con el PSOE de déjame Cataluña a mí y yo te dejo que gobiernes el resto. En todo este tiempo, con mucha paciencia, el nacionalismo ha ido robando el relato, creando redes clientelares, haciendo crecer el desapego con el control de los medios de comunicación públicos. Al final el producto es el sentimiento de odio. No se puede pactar con aquellos que quieren romper España. Cuando los socialistas gobernaron en el tripartito no tuvieron mejor idea que entregarles a Esquerra la Educación y la televisión. De esas cosas la gente se acuerda.

-Aún así, usted se fue a vivir a Cataluña y todos sabíamos que eso estaba pasando con el pujolismo.

-No, tanto no. Desde pequeña tenía pasión por Cataluña porque me parece una tierra con unos valores increíbles y con multitud de cosas que admirar. Me siento tan catalana como andaluza. Y sabía que había nacionalismo, pero no me di cuenta de la gravedad. No podía saber que te multaban si rotulabas tu comercio en castellano o que en TV3 aparecía el mapa del tiempo con el nombre de países catalanes... O que a los andaluces nos llamaban inmigrantes, que no es que me parezca nada malo ser inmigrante, pero yo nunca me he sentido inmigrante en Cataluña, igual que no lo sentí cuando viví en un año en Francia. Era una europea viviendo en Europa. En Cataluña se decía que los niños andaluces tenían ordenadores gratis con el dinero de los catalanes. Todo eso me sublevaba. No, no era consciente de la imagen tan desviada de España que se ofrecía.

-¿Y cuándo se dio cuenta no le dio por salir corriendo?

-No, cuando me di cuenta decidí meterme en Ciudadanos. Jamás he pensado en huir.

-Ciudadanos entonces era un partido pequeñito.

-Y tan pequeñito. Tenía tres diputados. Por entonces si te metías en Ciudadanos te decían que o estabas loco o eras un idealista. Quiero pensar que yo lo hice por lo segundo.

-¿Observa alguna conexión del nacionalismo catalán con la extrema derecha europea?

-Lo que sabemos es que son los partidos xenófobos y de extrema derecha europeos los que más han jaleado el separatismo porque es una forma de debilitar Europa. Quizá Europa no ha sabido explicar sus valores a los europeos y así ha crecido este peligroso movimiento nacionalista, excluyente y xenófobo en Italia, en Inglaterra, en Alemania, en Hungría, en Francia...

-En España no tanto, pero en Cataluña quizá sí. Por ser más claro, ¿considera al independentismo catalán parte de esa extrema derecha?

-No, no, en absoluto. No pienso que los que han votado independentismo en su gran mayoría sean extrema derecha. Una parte de ese independentismo, el que viene de Convergencia, ha radicalizado su discurso. Lo que era un partido transversal tiene un discurso que ha hecho que los más moderados se hayan marchado. Incluso Esquerra cada vez se diferencia menos de los que eran convergentes. Pero eso no quiere decir que sean votantes de extrema derecha. Otra cosa que no es que lo piense, sino que lo sé, es que los escritos del presidente Torra sobre España con esa incitación al odio son textos de extrema derecha.

-Ganó las elecciones, pero no intentó la investidura. Algunos se lo reprochan.

-Ganar esas elecciones fue importante porque le dijimos al mundo que esto no era un problema entre Cataluña y España, sino un problema entre catalanes. Yo no tuve la oportunidad de presentarme a la investidura por la estrategia que siguió el presidente del Parlament. Pero no lo hubiera hecho, hubiera sido un error garrafal entregarles ese marco mental de cara al exterior de les hemos derrotado.

-Usted es una de tantas gaditanas que se ha marchado. Forma parte, además, de esos gaditanos que emigran y que están bien preparados. Es una sangría. ¿Podremos detener ese éxodo?

-Es verdad que estamos exportando talento, cuando lo que necesitamos es exportar muchas otras cosas. Invertimos en formación y el resultado no podemos desarrollarlo porque no hay oportunidades. No es mi caso, porque yo me fui por decisión propia. Pero habría que buscar fórmulas para que los que se hayan ido por obligación vuelvan. Esto no es una plaga divina, podemos dejar de ser la provincia con más paro porque tenemos un enorme potencial.

-Sí, todo el mundo habla del potencial, pero no nos movemos de la cola. ¿Por qué?

-Pues por deducción hay que concluir que si en Andalucía gobiernan desde hace 38 años los mismos y seguimos en esa situación será porque hay inercias y políticas fracasadas que habrá que cambiar.

-Pero si en estos cuatro años el PSOE ha gobernado gracias a ustedes.

-Y se han conseguido cosas, pero nosotros no hacemos milagros. Hemos hecho lo que hemos podido con nueve parlamentarios y con nueve hemos bajado el IRPF, eliminado el impuesto de sucesiones y 31 chiringuitos superfluos, más de lo que ha hecho el PP en 38 años de oposición. Pero para cambiar las cosas tenemos que gobernar. En el anterior ciclo electoral estábamos para dar estabilidad, ahora vamos a gobernar.

-¿Va a dar el salto a la política nacional? Usted ya tiene caché de política nacional, es una de las políticas más famosas de España.

-Pero eso es por todo lo que pasó hace un año, que fue muy fuerte. Tengo una tarea tan importante en Cataluña que ni me lo planteo. Mi trabajo ahora es dar la cara. Con todo lo que hemos conseguido en este tiempo me daría muchísima pena irme ahora.

-Entonces por la presidencia de la Junta de Andalucía ni le pregunto.

-Jaja, qué va. Ya tenemos un magnífico candidato.

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