Cádiz

Los parques de ocio infantil llegan al final del túnel tras un año sin actividad

  • La Junta permitirá su reapertura cuando la capital alcance el nivel 2 de alerta sanitaria

  • Las restricciones son aún duras y no permiten la rentabilidad de grandes instalaciones

El interior del Chiquipark, cerrado desde la irrupción de la epidemia.

El interior del Chiquipark, cerrado desde la irrupción de la epidemia. / Jesús Marín

El pase de la capital gaditana a nivel 2 de alerta sanitaria, presumiblemente este fin de semana, llevará consigo la reapertura de los parques de ocio infantil, cerrados desde hace un año cuando el 14 de marzo de 2020 se decretó el Estado de Alarma en el país. El cierre de estos establecimientos para público de edad igual o inferior a 12 años fue una de las medidas adoptadas en la Orden de 29 de octubre por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía. Ahora, “tras el tiempo transcurrido y a la vista del menor impacto de la Covid-19 en el tramo de edad que mayoritariamente acude a estos centros, es por lo que se estima oportuno permitir la apertura de estos centros en aquellos distritos sanitarios declarados en nivel de alerta 2 por los Comités Territoriales, siempre que se cumplan una serie de medidas preventivas”. Esta fue la decisión tomada por la Junta el pasado 4 de marzo.

Un día antes del decreto del Estado de Alarma, el 13 de marzo de 2020, cerraba la empresa gaditana de ocio infantil Valle de Cuentos, ubicada en la calle Santa María de la Cabeza. Desde entonces y durante muchos meses ninguna administración pública recogía la normativa o directriz a seguir para este tipo de empresas, viéndose en un limbo legislativo que desesperaba a sus propietarios. Ana Collantes, la propietaria de Valle de Cuentos, recuerda que “en un año hemos abierto en ocasiones puntuales, Navidad, Halloween, poco más. Sin cumpleaños, sin ludoteca”. Y en la tercera fase de la desescalada “la Junta nos permitió abrir. Saqué a los trabajadores del ERTE y a los 15 días la Junta reculó. Eso me machacó”.

Collantes lamenta que hubo “mucha alarma social y eso influyó. Se olvidaron de nosotros y miraron para otro lado, asustando mucho a las familias como si estos locales fueran los de mayor riesgo de contagio”. En definitiva ha sido un año “en el que lo hemos pasado mal, solos, desamparados, sin ayudas, cerrados y sin normativa clara”.

Apunta que en su otro negocio, la sala de espectáculos Serendipia, “hemos podido tener a cuatro personas en la cafetería, pero no me permitían abrir en Valle de Cuentos. Con los mayores de seis años con mascarillas, por ejemplo. No comprendemos por qué no hemos podido hacer nuestro trabajo”.Así las cosas, Valle de Cuentos podrá reabrir. “Retomaremos a tope la actividad de cumpleaños, las fiestas, la ludoteca. De manera diferente para cumplir con el protocolo Covid. Con sentido común y precaución, pero con optimismo y sin miedo”, concluye Collantes .

Para Jesús Carrascosa, propietario de Chiquipark, la cosa no está aún tan clara. Nada tiene que ver su situación con la que reflejaba hace tan sólo dos meses, ya que ha logrado vender el local que antes de la pandemia dedicaba al Principark y al Chiquichef, algo que en enero le parecía imposible.

Ahora se ha quedado sólo con su local principal, el primitivo y exitoso Chiquipark. Pero aún son muchos gastos y demasiadas restricciones. Jesús Carrascosa se consuela diciendo que hasta que no ha vendido los otros locales los gastos fijos podían ascender a 10 u 11.000 euros mensuales en un negocio cerrado a cal y canto por culpa del coronavirus. Ahora la cosa ha mejorado una pizca y calcula Carrascosa que el Chiquipark le viene a costar unos 7.000 euros al mes.

Las administraciones le han abierto una pequeña puerta para su negocio pero “es aún una puerta demasiado estrecha”. Son 1.700 metros cuadrados de superficie para dos cumpleaños al día con doce niños y un adulto por niño. Y eso sin que se mezclen los niños de una fiesta con los de la otra.

Carrascosa no para de darle vueltas a la cabeza y piensa que la única forma posible sería dedicar la parte de arriba a un cumpleaños y la parte de abajo de la nave para el otro. Pero esto le saldría aún demasiado caro, por lo que duda que en estas condiciones y con estas restricciones pueda abrir las puertas de su negocio.A la imposición de sólo dos cumpleaños se suma que no pueden utilizar los parques de bolas que son las grandes atracciones de su negocio. Los toboganes sí se les está permitido ponerlos al uso pero cada vez que se cambia de grupo hay que limpiarlos, “algo que lo hace inviable”.

“Tiene que pensar lo que me cuesta al mes encender las luces y el aire acondicionado o la calefacción del Chiquipark. Le hablo de facturas de no menos de 3.000 euros al mes”. Carrascosa tiene también palabras para el Ayuntamiento de José María Gónzález ‘Kichi’ del que dice que “no nos ha perdonado ni un solo euro. Todo lo contrario”. “El IBI lo tengo que seguir pagando y son unos mil euros mensuales, súmele los seguros, el mantenimiento del ascensor, la luz, el agua...”.

Pero todo esto se queda en meras intenciones porque el empresario Jesús Carrascosa admite que el ICO le ha salvado la partida pero echa de menos ayudas directas a personas que, como él, llevan un año con su negocio cerrado y con todo su personal en un Erte eterno.

El propietario de este popular negocio ubicado en el polígono exterior de Zona Franca cree que esta medida beneficia a los pequeños negocios de ocio infantil, “y yo me alegro por ellos”, pero no a montajes como el suyo.

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