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Cádiz

"Esta niña rubia es una hija más"

  • Las familias gaditanas que acogen a los niños bielorrusos viven una "experiencia única" cada verano · Los padres aseguran que cuando vuelven a su país "lloramos todos porque se va una parte de nosotros"

Alina tiene los ojos azules y el pelo rubio. Cuando alguien llama a la puerta, esta niña bielorrusa no puede evitar ir a abrir y abrazarse a la persona que se encuentra al otro lado. "Es extremadamente cariñosa y tímida", aclaró Carmen Domínguez, su madre gaditana.

La familia de Carmen ha acogido años anteriores al hermano mayor de Alina, Sascha, que ahora tiene 16 años y llegará pronto. "Hace 5 años que este niño viene a Cádiz y vive con nosotros, todavía no ha llegado y le echamos mucho de menos. Para nosotros es como un hijo más" comenta el padre de temporada de los hermanos, Juan Manuel Marrero. Este programa, que trae a niños bielorrusos expuestos a radiactividad desde la catástrofe de Chernobyl en 1986, es organizado en Cádiz por la Cofradía de la Vera Cruz y tiene como objetivo mejorar su salud ya que, según numerosos estudios, cuando vuelven a su país el nivel de radiactividad en su sangre ha bajado.

"Ellos viven allí en pleno campo y tienen que alimentarse de verduras y hortalizas que pueden estar contaminadas por la catástrofe nuclear de Chernobyl. Aunque la mayoría de familias conocen el riesgo que conlleva este tipo de productos no tienen la opción de tomar otra cosa, porque son personas de vidas muy humildes y modestas, con recursos limitados", afirmó Carmen Domínguez.

Además aseguró que nadie sabe lo que se siente con estos niños hasta que no "se experimenta por sí mismo".

Esta familia que ha acogido a la pequeña Alina y Sascha tiene además dos hijos propios que actúan como hermanos con ellos.

Este verano, " los niños han llegado más tarde y todavía no han traído a los mayores, que no superan los diecisiete años". Estos programas se llevan a cabo por distintos países y también en Sevilla pero "aquí en Cádiz, la cofradía Vera Cruz intenta buscar los medios para conseguir que vengan el máximo número de bielorrusos posibles y cada vez somos más las familias que queremos pasar el verano con uno o dos de estos pequeños", dijo el padre de acogida de Alina.

Las actividades que a estos niños les programan para sus vacaciones gaditanas son muy diversas, organizadas también por la hermandad, y algunas se realizan conjuntamente con los pequeños bielorrusos que también hay en Sevilla acogidos por familias.

Los niños bielorrusos ya han ido a Isla Mágica y próximamente visitarán el Aquasherry. "Tuvimos que suspender un día en la playa de La Caleta que habíamos concertado con los niños de Sevilla para que pudieran estar junto a los de Cádiz, porque estos no llegaron a tiempo. El Ayuntamiento iba a darnos una zona concreta de la playa para todos.", concretó Juan Manuel. Añadió también que Alina habla con su madre a menudo y que ellos se comunicaban con Sascha durante todo el año, además, "Alina ya sabe contar del uno al diez en español y su hermano, después de tantos veranos con nosotros, es capaz de manejarse muy bien con el idiomal".

En la plaza de San Francisco se reúnen por las tardes muchos de estos niños, con sus progenitores del verano y "todos parecemos una gran familia feliz", comenta Carmen. Para Juan Manuel "esta niña rubia es una hija más" que quiere seguir trayendo cada año porque "esto no es una obra social sino una acción sanitaria".

"Cómo este año han venido más tarde, hemos solicitado que se vayan el 24 de agosto, unos días después de la fecha prevista. El día que se marchan todos lloramos en el aeropuerto con las demás familias porque se va una parte de nosotros", finalizaron los padres de acogida de Alina.

Con esta iniciativa, muchos pequeños volverán a sus casas curados en parte de una catástrofe nuclear que les acortará la vida.

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