Cádiz

El nuevo mercado gastronómico de Cádiz, el más grande de España

  • Por todo el país han proliferado este tipo de centros que ofertan un espacio gourmet El proyecto gaditano ofrece un diseño innovador al recuperar la imagen de una vieja estación

Los mercados gourmet están de moda. De pasar a ser una forma de subsistencia y de evolución de los mercados tradicionales, se han convertido ya en una referencia hostelera de calidad para las ciudades que los acogen, convirtiéndose incluso en muchos casos en auténticos motores para el desarrollo de la zona donde se ubican. Incluso las grandes superficies comerciales han habilitado espacios para ofrecer esta oferta, como ha hecho El Corte Inglés en sus centros de Callao de Madrid o de la Plaza del Duque en Sevilla. No es, además, una oferta exclusivamente española. También hay demanda gourmet en capitales europeas que, incluso, han puesto en marcha proyectos que superan la mera oferta gastronómica al complementarse con la inmobiliaria, como ha pasado en Rotterdam.

Cádiz se unirá de lleno a esta apuesta a lo largo de 2016, cuando se abra el mercado gastronómico en la antigua estación férrea, aunque desde hace unos años en el mercado central ya funciona con éxito una zona habilitada para este tipo de oferta.

La llegada de Cádiz a este selecto club va a ser potente. Los 5.500 metros cuadrados de superficie del mercado en la Plaza de Sevilla lo convertirán en uno de los mayores mercados gourmet de toda España e incluso lo situará en lo más alto de la clasificación si restamos de otros centros la oferta ajena a la gastronomía que algunos de ellos ofrecen.

La Boquería, en Barcelona, es uno de los proyectos de transformación de un mercado tradicional en uno gourmet, aunque mantenga muchos puntos de ventas habituales en una plaza de abastos. Tiene cerca de 300 locales apretados en poco más de 2.500 metros cuadrados de superficie. En Madrid, ha marcado tendencia el Mercado de San Miguel, que aguanta el éxito de público en un espacio aún más reducido: 1.200 metros cuadrados. La capital ha visto transformar también el viejo mercado de San Antón, aunque con un toque de centro comercial, como pasa con el Centro Isabela o Platea Madrid, éste último con una clara tendencia vanguardista.

En Barcelona funcionan también nuevas ofertas como El Mercat, el Nacional o El Ninot, con espacios de ventas que van de los 3.000 a los 4.000 metros cuadrados; Sevilla abrió recientemente un espacio gourmet en la Lonja del Barranco, aunque con apenas veinte locales, con el que pretende mover a cerca de un millón de visitantes al año.

Adif, Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, ha encontrado también en este tipo de oferta un filón a la hora de dar uso a viejas propiedades suyas que se mantenían sin uso alguno, como ha pasado ahora con la terminal gaditana de 1905. Ya está en funcionamiento la Estación Gourmet Valladolid, que se ha habilitado en la antigua nave de Paquexpress de la terminal de la capital castellana. Dispone de 1.700 metros cuadrados con 21 locales, creando también una escuela en la que se imparten talleres gastronómicos.

Valencia, Zaragoza, Bilbao, Córdoba forman parte también de este grupo aunque es fuera de nuestro país donde el mercado gourmet ha dado un paso adelante con un nuevo concepto. Es el centro Markt Hal de Rotterdam, un complejo de nueva planta con 12.000 metros cuadrados de superficie. Oferta cien locales, quince tiendas y ocho restaurantes, aunque lo más novedoso es el centenar largo de apartamentos con lo que se complementa este centro gourmet, donde no falta un mercado tradicional.

En este amplio listado, el proyecto que se ha diseñado para Cádiz defiende las esencias de un mercado gourmet, pues deja fuera otro tipo de ofertas de venta.

Sus 5.500 metros cuadrados se dividen en los 3.100 de la gran nave central, allí donde hasta principios de la década de los sesenta del pasado siglo llegaban los trenes; los 1.800 metros cuadrados repartidos en las naves laterales y los 600 metros que componen los dos edificios que se sitúan en los extremos de la fachada principal de la estación.

El diseño elaborado por el estudio del gaditano Álvaro Linares prevé 40 locales de 9 metros cuadrados cada uno, un mercado tradicional, otro dedicado a productos gourmet, y un elevado número de restaurantes. Si se sigue así la línea puramente gastronómica, será en el diseño elegido para el complejo donde la oferta de Cádiz será totalmente novedoso, convirtiéndose a la vez en un modo de atracción para futuros usuarios.

Sin embargo, la amplitud del complejo hostelero con el que va a contar la ciudad en unos meses contrasta con la población de la propia capital, pues allí donde se ha abierto un mercado gourmet el número de habitantes es sustancialmente mayor. En el caso de Cádiz, la firma promotora juega con varias bazas para garantizar el éxito y viabilidad de la empresa.

Por lo pronto, la imagen de Cádiz como ciudad turística ha mejorado de forma espectacular en los últimos años. En lo que respecta al turismo de cruceros ya se sitúa entre los cinco grandes puertos de todo el país, por encima incluso de una ciudad tan volcada en el turismo desde hace décadas como Málaga. Aquí hay, por lo tanto, un nicho de clientela que supera a las 400.000 personas al año. Pero, más aún, Cádiz está logrando, poco a poco, atraer a un turismo ajeno a los cruceros, con mayor capacidad de compra y más centrado en el ocio y la cultura, que busca también espacios gourmet como el que se ofrecerá en la vieja estación. La propia ubicación del complejo, casi en lo que en su día podría convertirse en el kilómetro cero de la capital (en transportes, oficinas, zonas verdes y de ocio, cercanía al casco histórico y a un pie del nuevo puente -que a su vez deberá de funcionar como icono de la ciudad, y de El Corte Inglés), lo sitúa igualmente como un referente de la oferta turística de la ciudad.

Y, finalmente, el propio diseño ideado por Álvaro Linares que se convierte por sí solo en una atracción para el visitante y que contrasta con la frialdad e incluso la uniformidad de otros mercados gourmet abiertos en España.

Con todo, no deja de ser una apuesta arriesgada cuyo éxito va unido directamente con el propio diseño que deberá de tener Cádiz como ciudad para las próximas décadas, volcada en una oferta de calidad en lo que respecta al ocio, la cultura y el comercio.

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