Javier Olivares: "Las series se han convertido en el símbolo de nuestra época"

guionista

El creador de ‘Ena’ o ‘El Ministerio del Tiempo’ imparte esta semana en la UCA un curso sobre narrativa en televisión

'Ena': hay que hacer muchas más series sobre nuestra historia

El guonista y productor Javier Olivares.
El guonista y productor Javier Olivares. / Lourdes de Vicente

Con una de sus creaciones ('Ena') recién emitida, Javier Olivares (Madrid, 1958) impartirá desde este lunes el curso El guión en la ficción tv, organizado por la Escuela de Cine de la UCA, en el Edificio Constitución 1812. Entre su historial como productor ejecutivo, Olivares cuenta con referentes como Vïctor Ros, Isabel o El Ministerio del Tiempo.

–Partamos de que ya no hacemos series como las de antes, no sé si para bien o para mal.

–Históricamente, siempre ha habido grandes series. A todos se nos vienen a la mente ejemplos como Dr. en Alaska o Los azules de Hill Street, de los primeros noventa... Este tipo de series de estilo cultural y de audiencias al mismo tiempo, tan propio de la BBC, va generando una asunción de que lo primero que tiene que hacer una serie es entretener, sí, pero no basta con eso.

–¿Qué ha cambiado?

–Hoy día, hablamos de los creadores de series como si fueran los grandes autores de novela del XIX. Hay un salto con producciones como The Wire o Los Soprano y, a partir de ahí, otras plataformas o productoras de pago van interesándose.

–¿Qué diría que caracteriza a la producción contemporánea frente a la de tiempos pasados?

–Pues la aparición de una figura, de un creador que controla toda la serie: el showrunner, que asume la función de guionista y productor ejecutivo, y dice quién dirige el proyecto, está al tanto del casting, etc. Aquí, en España, es muy complicado algo así, que te dejen desarrollar un proyecto de autor, por decir. Pero ese momento de gloria implica que lo que pesa en una serie es el punto de vista del creador, la voz. También la peculiaridad de que el prota no puede ser bueno al 100% (o malo al 100%); la aparición de la mirada femenina, como en Borgen o en Happy Valley. Todos los elementos tradicionales del guión se deconstruyen, cambian la potencia, se juega con todos los elementos del guión. Por ejemplo, si viajas por el tiempo, no viajas por el tiempo en vano. Alemania ha aprovechado el pasado propio del país para exponerlo como análisis en Padres y Madres, o Italia con Gomorra; o Sambre, en Francia, que se dedica a señalar treinta años de violaciones en serie donde nunca se detuvo al culpable por inoperancia...

–¿Un antes y un después en el fenómeno?

–Para mí, un momento de inflexión lo supuso Breaking Bad: a partir de ahí, las series se convierten en un fenómeno cultural muy importante. Es el símbolo de una época, como en otros periodos lo fueron la pintura o la música, y lo que aglutina a la gente, es aquello de lo que todo el mundo habla. El punto más alto de creación artística o cultural es cuando define los tiempos en los que vivimos. Así que las series van a generar lo que llamamos branding: buena imagen de sí mismas. Incluso aquí, que no se estrenaban muchas series, pudimos ver cómo eran un gran fenómeno gracias a la piratería, en el Metro o en los medios la gente hablaba de producciones que no se podían ver legalmente.De hecho, hoy día, el único país de Europa que produce mayoritariamente para plataforma es España.

–¿Qué pros y contras puede tener esto?

–Hombre, lo bueno es que invierten en ti y tú vas produciendo. Pero, en la parte negativa, se pierde una realidad social: queda excluido quien no paga la plataforma. De hecho, vemos que la televisión pública apenas invierte hoy día en series. Antes, también A3 y Tele5 eran potencias en series en abierto.

–¿El fenómeno series ha llegado a su tope, puede morir de saturación?

–En el momento de mayor eclosión, quizá con Netflix como estandarte, se han vuelto a rebajar las narrativas. Además, es muy difícil calibrar el éxito real de una serie tal y como está organizado el sistema, con poca transparencia. Si analizas ahora lo que ves en plataformas parece que estás viendo privadas de hace 20 años. De tanto en tanto, alguna, como Adolescencia, se cuela y es el éxito del año. Pero pienso que las buenas series sobreviven y siguen marcando el paso. Hay más trabajo que nunca, el problema es cuando se devalúa la calidad. Antes veíamos cosas llenas de clichés, por ejemplo, y tenían audiencias millonarias... Hasta que se agotó el modelo. De tanto en tanto, se produce un replanteamiento, pero pienso que a los seres humanos nos gusta que nos cuenten cuentos: tenemos la necesidad de volar, aunque luego asumamos la realidad. A ti te cuentan Robin Hood, y te están contando muchas cosas.

-¿Es posible saber cuándo un proyecto va a salir bien o es bastante aleatorio?

–Nadie sabe nada. La única regla es que lo que está bien hecho puede que funcione, pero lo que está mal no va a funcionar nunca.

–¿Hay trucos?

–Mira, yo podría pillarte a veinte personas random por la calle, da igual la edad o la formación, y en tres meses podrían estar haciendo guiones, si les enseño la técnica. Pero, sobre eso, tienes que tener algo que contar, y ahí yo ya no puedo hacer nada. Lo que intento hacer con estos cursos es que los alumnos piensen, más allá del manejo de la estructura o la técnica.

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