Crisis del coronavirus

La hostelería no espera una avalancha de público cuando acabe el estado de alarma

  • Hosteleros gaditanos creen que la pérdida de empleos de muchos clientes y la paulatina adaptación a la rutina harán que los negocios tarden en estar a plenitud

  • La temporada de caracoles se retrasa debido a la crisis del COVID-19

Negocios hosteleros del Paseo Marítimo de la capital con las barajas echadas. Negocios hosteleros del Paseo Marítimo de la capital con las barajas echadas.

Negocios hosteleros del Paseo Marítimo de la capital con las barajas echadas. / Julio González

Es necesario, claro está, pero la prolongación del estado de alarma durante 15 días más ha resultado un nuevo revés para la hostelería, uno de los sectores más castigados por el confinamiento debido a la crisis del coronavirus. La apertura de establecimientos tendrá que esperar. Mientras, los hosteleros gaditanos preparan papeles con las gestorías para un ERTE y no son tan optimistas sobre una posible avalancha de público cuando acabe el aislamiento. Les queda, eso sí, la esperanza de que el fin de la pesadilla coincidirá con la primavera y la antesala del verano. Buen clima para recuperar el tiempo perdido en las terrazas.

Los cuatro establecimientos consultados se acogerán a un ERTE

Rodolfo Moreno, copropietario del Mesón Criollo, en la calle de La Palma, pasa el confinamiento en su residencia de Chiclana. “Esto es una película que veíamos en casa y ahora estamos dentro de ella, de protagonistas. Esto es nefasto, pero no queda otra. La salud está antes que nada. Nos va a coger la Semana Santa, que es época de muchas ventas”, dice el empresario argentino. Espera que la reapertura coincida “con que la gente tenga ganas de volver a la calle, a consumir, pero también este encierro está acabando con muchos puestos de trabajo de clientes. Esto puede influir a la hora de gastar dinero”. Un deseo de Rodolfo Moreno: “Rehacernos con lo que quede de primavera y luego el verano”. La plantilla, con un buen número de trabajadores, se acogerá a un ERTE.

El centro comercial de El Palillero, junto a los cines Al-Andalus, se encuentra el bar Perchi’s. Para Manuel Martínez, su propietario, todo es “incertidumbre”, con el bar “cerrado y sin ganar dinero”. Dice que no ve “nada claro” en cuanto a las ayudas que recibirán los autónomos. Con cuatro trabajadores en el negocio, habrá un ERTE. Luego, según confirma, volverán todos a sus puestos de trabajo. Cuando esto ocurra, pasada la cuarentena, el dinero volverá a circular, aunque Martínez no las tiene todas consigo. “Se piensa eso, que la gente saldrá como fieras a la calle a consumir, pero también puede haber miedo y pienso que costará recuperar la normalidad”. Además “muchos clientes se han quedado sin trabajo”. “Menos mal que el virus ha respetado el Carnaval”, concluye.

La llegada de los caracoles depende de la reapertura de las fronteras: muchos vienen de Marruecos

“Los autónomos vamos a sufrir, como siempre, pero ante todo está la salud, eso sí”. Isidoro Cárdeno, con una veintena de trabajadores en plantilla en el Mesón Cumbres Mayores, de la calle Zorrilla, confirma que, como la mayoría de los negocios hosteleros, en su negocio se aplicará un ERTE. Cárdeno lamenta la pérdida de beneficios que supondrá no trabajar en Semana Santa. Tampoco es muy optimista respecto al periodo inmediatamente posterior al fin de la alarma. “No creo que haya una avalancha de público porque mucha gente se va a quedar sin trabajo y además supongo que al principio habrá mucha precaución e incluso miedo”, señala. Dice que “cuando estemos a plenitud se habrán perdido muchas cosas. Yo me conformaría con que fueran dos meses”.

Los hosteleros lamentan las pérdidas ocasionadas por la ausencia de Semana Santa

A bares como el Mari y Jose, en San José, la situación se le agrava por su especialidad en caracoles. Habitualmente la campaña de estos moluscos gasterópodos se inicia a finales de marzo y dura incluso hasta mediados de julio en los mejores años. Uno de los dos socios de este establecimiento, Antonio Camarena, da por perdido el mes de abril. Como poco, la primera quincena. “Será imposible empezar en las fechas habituales. Además, no sabemos cuándo se reabrirán las fronteras. El caracol viene de Marruecos”, explica.

A la espera de que la gestoría le indique los pasos que dar para acogerse al ERTE, Camarena recela de que la normalidad se restablezca de golpe. “No creo que sea a plenitud y supongo que al principio habrá restricciones como aforo reducido o distancias entre comensales”, destaca. Según este hostelero “al principio costará salir y habrá miedo y psicosis, pero conforme pasen los días esperamos que la gente tire para adelante”.

 

 

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