Crisis del coronavirus La lluvia, aliada del confinamiento en Cádiz

  • La gente no saca casi ni a pasear los perros a unas calles aún más desiertas que el lunes

  • Jornada de despliegue de la Armada en distintos puntos de la ciudad 

  • Los pescaderos de la plaza aguantan el tirón con mucho género y pocos clientes presenciales

Una mujer con mascarilla acude a comprar al Mercado Central.

Una mujer con mascarilla acude a comprar al Mercado Central. / Julio González

Ni gente paseando a los perros. La lluvia y el frío se ha convertido en el mejor aliado para hacer efectivo el confinamiento de las personas. La Cádiz fantasmagórica, la Cádiz desierta del primer día laborable es superada por este martes. Las borrascas caídas sobre la ciudad no invita ni a tener una excusa para bajar al supermercado. 

Este martes está siendo el día de despliegue de la Armada en distintos lugares. Poco antes de las 11 de la mañana una patrulla formada por doce personas de Infantería de Marina han entrado en la estación de ferrocarriles con sus chalecos amarillos que no han causado ni expectación, porque a esa hora la infraestructura se encontraba prácticamente vacía.

Su labor ha sido realizar una inspección ocular debido a que este equipamiento se considera crítica y susceptible de un mayor riego de propagación del virus con el fin de garantizar la eficacia de posteriores labores de desinfección u otras acciones sanitarias. Y también, por qué no decirlo, una manera de hacerse visibles.

Lejos de allí, en los alrededores del Mercado Central el supermercado Carrefour no tenía la cola del lunes de gente esperando turno para poder acceder al interior. En la plaza de abastos ha vuelto el pescado a la venta tras el fin de semana a medio gas. Hay bastantes puestos cerrados y otros que tienen su género a la venta.

El detallista Paco Tigre decía que a nivel de lonja no hay problemas para hacerse con los productos y todos tienen sus puestos perfectamente abastecidos. Gente no hay mucha y a eso la lluvia no les ha ayudado. Paco Tigre asegura que el 90% de sus ventas las está realizando a través de Internet y por el reparto a domicilio. Entre los detallistas hay alguna mascarilla y también entre los pocos clientes que a media mañana están en estas instalaciones municipales.

La calle pelota se encontraba casi desierta a media mañana de este martes. La calle pelota se encontraba casi desierta a media mañana de este martes.

La calle pelota se encontraba casi desierta a media mañana de este martes. / Julio González

Las calles se encuentran aún más desiertas. Bajo el arco del Pópulo tres indigentes que se encuentran sentados en un bordillo echan pan para alguna paloma o gaviota. Ni estas aparecen. Cuando ven al fotógrafo de este periódico, uno de ellos empieza a gritar proclamas sobre el fin del mundo que se avecina y que nos va a coger a todos. Mensaje apocalíptico.

La plaza de San Juan de Dios se encuentra absolutamente vacía, al igual que Pelota y la plaza de la Catedral. En la Farmacia Central de la plaza del Palillero los clientes tienen que dejar sus tarjetas o monedas en una cesta que es recogida posteriormente por el empleado para que no haya un acercamiento no contacto físico entre unos y otros. Toda precaución es poca.

En otra farmacia de la calle Compañía hay carteles en el escaparate en el que dicen que no hay ni mascarillas, ni guantes, ni geles desinfectantes ni nada por el estilo. Una medida para que el cliente se ahorre de entrar a preguntar. La producción de mascarillas se está centrando ahora mismo en abastecer a los centros sanitarios.

Allí mismo, en la puerta una mujer llega con un carrito azul y ve el cielo abierto porque ve un taxi esperando en la parada. "Menos mal que he encontrado un aliado". Los taxistas se las ven y se las desean también estos días ante la falta de gente en la calle. Los autobuses urbanos, por su parte, también se encuentran prácticamente vacíos.

Y si alguien quiere acudir a la ayuda divina, en Cádiz todavía hay iglesias abiertas. A mediodía de este martes se podía entrar en la de San Agustín sin problemas a rezar si alguien lo necesitaba.

Esta es la crónica de unas calles prácticamente sin actividad. Después podría estar la del interior de las casas. La de las familias compartiendo tareas domésticas, teletrabajo, estudios de los colegios y muchas horas para llenar un día que se hace infinito. Segundo día laborable con estado de alarma. Ya llevamos uno más y queda uno menos.

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