Salud en Cádiz

Lo que el covid nos enseñó y a veces olvidamos

Un bote de gel hidroalcóholico en un pasillo del colegio Tierno Galván de Cádiz.

Un bote de gel hidroalcóholico en un pasillo del colegio Tierno Galván de Cádiz. / Julio González

El incendio que asoló el pinar de Las Canteras, en Puerto Real, el pasado 6 de agosto dejó una imagen que hace apenas cuatro años habría sido imposible de ver: quienes formaron cadenas humanas para arrojar agua a las llamas que ya calcinaban los árboles tenían puestas mascarillas. Fue, posiblemente, un acto reflejo acordarse de que aún guardaban en casa las mascarillas que en 2020 se convirtieron en símbolo de una pandemia y de protección ante un covid que cambió nuestra vidas. Aquel contagio masivo, universal, que se llevó por delante tantas vidas nos dejó también un conjunto de pautas preventivas, de medidas sanitarias e higiénicas que años después, con el coronavirus aún latente pero con menor incidencia y mortalidad, cabe preguntarse si las mantenemos o las hemos guardado en el cajón en el que almacenamos las mascarillas. La higiene de manos, el uso del gel hidroalcohólico, la ventilación de la casa y de los espacios y transportes públicos o la recomendación de toser y estornudar en el codo servían para prevenir el covid pero también, por mucho que ya no les hagamos caso, para hace frente a otras enfermedades cuyos efectos podrían minimizarse con aquellas pautas ahora olvidadas.

Varias personas con mascarillas ayudan en la extinción del incendio de las Canteras, el 6 de agosto de este año. Varias personas con mascarillas ayudan en la extinción del incendio de las Canteras, el 6 de agosto de este año.

Varias personas con mascarillas ayudan en la extinción del incendio de las Canteras, el 6 de agosto de este año. / Miguel Gómez

La doctora Encarnación Benítez, jefa de servicio en funciones del Servicio de Medicina Preventiva del hospital Puerta del Mar, y María Victoria García, doctora del mismo departamento y miembro de la Comisión Covid que vigiló la evolución de la pandemia en Cádiz, creen que aquella alerta sanitaria dejó en manos de la población un conjunto de comportamientos válidos, muy útiles, para prevenir el contagio y, por tanto, para influir positivamente en la salud pública. Tan convencidas están que llaman a “conservar lo aprendido” incluso sin que las autoridades sanitarias lo obliguen.

Ambas sanitarias recuerdan que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de considerar el covid una emergencia de salud el pasado 5 de mayo, pero advierten: “No obstante, el virus sigue ahí fuera circulando igual que otros virus respiratorios. Todos ellos pueden tener impacto en la población, de ahí que no debemos olvidar las lecciones aprendidas en esta pandemia, que nos ayudarán a evitar su propagación y sus efectos”.

Y esta vez, desde luego, no será necesario partir de cero porque las medidas propuestas, tan sencillas como prácticas, son aquellas que machaconamente nos fueron recomendando durante la pandemia y que la mayoría de la población puso en práctica con un alto grado de responsabilidad; y que los sanitarios animan a mantener sin caer en una relajación motivada por la reducción del riesgo, que no su eliminación, y porque han dejado de tener la vinculante etiqueta de lo obligatorio.

Encarnación Benítez y María Victoria García. Encarnación Benítez y María Victoria García.

Encarnación Benítez y María Victoria García. / Julio González

En su justificación, estas dos expertas echan mano de lo aprendido como comunidad científica durante la pandemia: “Entre los factores más importantes que contribuyen a la diseminación de virus respiratorios se encuentra la calidad del aire que respiramos. Hasta ahora, hemos considerado que algunos microorganismos se transmitían únicamente por gotas a corta distancia de la persona infectada. Sin embargo, el covid nos ha enseñado que la propagación de esta y otras enfermedades respiratorias se produce fundamentalmente a través de la generación de pequeñas gotitas o aerosoles que quedan suspendidas en el aire durante un tiempo prolongado y que surgen al hablar, toser e incluso gritar; y no sólo por actuaciones, procedimientos médicos o en ciertas enfermedades, como solíamos pensar”.

La reflexión de estas dos doctoras da paso aquellas medidas elementales que nacieron del covid y que justifican también recordando una frase de la reputada científica Margarita del Val: “Si todas las personas no bebemos del mismo vaso de agua, tampoco deberíamos estar respirando el aire que ya ha respirado otro”.

Por eso recuerdan la necesidad de “una buena ventilación” en los edificios públicos, los transportes y los centros de trabajo, aquella apertura de ventanas también recomendada en los domicilios y que sigue siendo imprescindible en aquellos lugares con un sistema de ventilación antiguo. Los microorganismos respiratorios siguen estando a nuestro lado y obviarlos no conduce a nada bueno.

En este punto cabe recordar la vigencia de las mascarillas, sobre todo en lugares públicos donde puede haber personas vulnerables: “Usar mascarillas en sitios muy concurridos en épocas de circulación de virus respiratorio es una medida altamente recomendable, sobre todo si somos nosotros los que tenemos síntomas, para de esta forma no contagiar a personas vulnerables”. O lo que ambas llaman la higiene de la tos, una práctica que fácilmente se puede comprobar que está olvidada y que debería convertirse en un gesto adoptado para siempre: no toser al aire, sino tapando la boca y la nariz con el codo o con un pañuelo desechable.

A ello se une la higiene de manos, un ‘clásico’ de la pandemia. Un gesto sencillo, que va más allá de la simple medida sanitaria aunque cobra vigencia para prevenir enfermedades respiratoria y, con más razón, “en infecciones relacionadas con microorganismos multirresistentes”. Por eso, advierten de su necesidad. “No debemos retroceder en lo aprendido en cuanto a la higiene personal de manos personal y el uso de soluciones hidroalcohólicas que podemos llevar en el bolso. La higiene de manos antes de comer, después de usar el baño, de estornudar, toser o sonarse. Y, sobre todo, antes de atender a pacientes y familiares a nuestro cargo que sean personas vulnerables”.

Porque el virus está ahí, casi cantando por su cuenta ‘Resistiré’, la canción que todos los días durante la pandemia, como recuerdan, sonaba en el hospital a modo de motivación mientras la población aplaudía desde los balcones. Una población que “ha ganado en madurez”, pero que no debe olvidar aquellas normas dictadas para una situación de alerta sanitaria y que, sin embargo, son igual de útiles y beneficiosas en las felices épocas de normalidad sanitaria.

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