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Cádiz Ilustrada Opina Una botadura insólita: el ‘Covadonga’

  • En 1909, con los astilleros de la capital cerrados, Rafael Manzano logró construir en su taller del Campo del Sur una embarcación que tuvo que ser trasladada por las calles hasta el muelle

La embarcación, en pleno de proceso de construcción en la muralla del Vendaval, frente a La Salle-Mirandilla. La embarcación, en pleno de proceso de construcción en la muralla del Vendaval, frente a La Salle-Mirandilla.

La embarcación, en pleno de proceso de construcción en la muralla del Vendaval, frente a La Salle-Mirandilla.

En esta ‘nueva normalidad’ que se nos avecina no está de más recordar un acontecimiento que da fe de la ‘resiliencia’, o capacidad para superar las dificultades, de algunos gaditanos que se vieron inmersos en una época de paro y depresión a principios del siglo XX en nuestra ciudad.

Los acontecimientos que aquí se narran acaecieron a finales del año 1909 cuando Cádiz atravesaba una difícil situación económica y social como consecuencia de la pérdida unos años antes de las últimas colonias, crisis que afectaba a su comercio y actividad portuaria, que se veía ahora agravada por el reciente cierre del astillero ocurrido en 1903 (entonces propiedad de La Constructora Naval española, y que en 1917 lo adquiriría Echevarrieta y Larrinaga), que había dejado sin empleo a centenares de operarios cualificados, como cantaba en 1910 la comparsa ‘Los portamonedas’: “Yo, con sentimiento de pena lloraba/ pensando que Cádiz por qué agonizaba,/ y tiene parados en la población / a tantos obreros valiendo un millón,/ ese astillero tanto tiempo cerrado / y los trabajadores se encuentran desmayados”.

Sin embargo, existían gaditanos que en aquellas circunstancias adversas no se resignaban a la miseria y, así, Rafael Manzano Bazán y su hermanastro José Bustelo Bazán que habían sido destacados maestros en el astillero, con ánimo emprendedor, pusieron en marcha el año 1905 un taller de fundición y maquinaria con nombre social El Sur de Cádiz, con el que iniciaron una importante actividad industrial, empleando a mano de obra cualificada proveniente del recientemente cerrado astillero. Estos talleres cambiaron su denominación, y en 1918 se llamaría Compañía Anónima de Suministros Marítimos e Industriales, y más tarde, en 1941, Talleres Manzano S.A., hasta que en 1950 se transformó en Vigorito S.A.

A comienzos del mencionado año 1909, ambos emprendedores recibieron una consulta del armador gaditano Ildefonso Fuentes, poseedor de una pequeña flota dedicada al tráfico de cabotaje, sobre la posibilidad de construcción de un carguero para el transporte de sal entre las poblaciones de la Bahía. Decidieron, sin dilaciones, afrontar este reto y a falta de grada para la construcción pensaron utilizar un corralón existente adosado a la Catedral Vieja, y contiguo al taller, para construir el casco y después transportarlo hasta el borde del mar para su botadura. Como medida inmediata, ambos hermanastros solicitaron y obtuvieron la correspondiente autorización del obispo José María Rancés, quien se unió a la empresa con entusiasmo. Se encargó el proyecto a Miguel Rechea Hernández, ingeniero naval de la Armada, que había sido director de Buques y Talleres en el Astillero de Vea Murguía, quedando establecidas las características de la embarcación como sigue: eslora: 17,25 m; manga: 4,80 m; puntal: 2,35 m; desplazamiento: 40 Tm; máquina: alternativa de vapor, de 140 IHP; caldera: cilíndrica, con llama de retorno; velocidad: 8,5 nudos.

Construcción de la proa del vapor ‘Covadonga’. Construcción de la proa del vapor ‘Covadonga’.

Construcción de la proa del vapor ‘Covadonga’.

Los trabajos de acopio de materiales, corte y conformado de chapa, comenzaron en el mes de julio, poniéndose la quilla a primeros de septiembre. Se habilitó como cuna de construcción uno de los carretones que habían sido utilizados para el lanzamiento a la mar de las 6 cañoneras destinadas a Cuba en la lucha contra los insurgentes, que el astillero había construido en su día para la Armada, y que después serviría para el transporte del casco en su recorrido por la ciudad hasta el cantil del muelle. La obra de acero se realizó a un ritmo vertiginoso, lo que permitió que en dos meses y medio quedase completada. En estos trabajos habían intervenido unos 20 operarios destacados del taller de fundición y calderería, entre los que se encontraba Isaac Manzano Trujillo, hijo del constructor, entonces aprendiz del taller.

Como anécdota simpática hay constancia de las frecuentes visitas vespertinas del obispo que, incrédulo, seguía de cerca los trabajos. Estos se culminaron con fecha 10 de noviembre, de acuerdo con la información publicada por el Diario de Cádiz, que dedicaba cumplida noticia a este acontecimiento, destacando del mismo que “había sido necesario, para sacar el casco del corralón de la Catedral, derribar una de sus tapias”. Y añadía que “la embarcación había sido bendecida el día anterior por el Sr. Cura de la parroquia del Sagrario y bautizada con el nombre de Covadonga”.

A partir de este momento se pone en marcha la operación para deslizar el carretón por la calle San Juan de Dios abajo hasta la plaza del mismo nombre (en aquellas fechas de Isabel II) y de allí transportarlo hasta el cantil del muelle para suspender el casco del gancho de la cabria ‘Hércules’ de la J.O.P. de Cádiz y situarlo en el agua. Comienza así la botadura más larga de la Bahía y, con seguridad, una de las más singulares de la construcción naval mundial. Así, el Diario de Cádiz de 15 de noviembre de 1909 con el titular de “Un vapor en la Plaza de Isabel II“, informaba que “los trabajos de arrastre del carretón que tuvieron serias dificultades por hundirse las ruedas en el pavimento, siendo por ello necesario ‘alfombrar’ el recorrido con chapas de acero, han tenido éxito y en esta fecha la embarcación se halla situada en la Plaza de Isabel II. Fueron centenares las personas que bajaron a la plaza movidos por la curiosidad a contemplar el buque y seguir la complicada maniobra, elogiando a los obreros que lo han construido, a los que se ocupan de la complicada tarea de arrastrarlo hasta el muelle, y a su propietario Sr. Fuentes, y al hábil maestro Sr. Manzano”. Al día siguiente, el Diario comentaba: “Anoche, al parar la circulación de los tranvías, empezaron los trabajos para seguir arrastrando el vapor ‘Covadonga’ desde el sitio de la Plaza de Isabel II, donde se encontraba, hacia el muelle. En aquel momento se acercó un sereno, participando al dueño del vapor, D. Ildefonso Fuentes y al maestro director de los trabajos Sr. Manzano, que tenía orden de que no siguiera el arrastre. Comenzaron las gestiones para obtener el necesario permiso, pues parece que el Sr. Alcalde interino había dispuesto que no se trasladara el vapor hasta que el Sr. Ingeniero municipal informara si podía hacerse. Hubo conferencias con el alcalde Sr. del Toro y con el que actuaba de interino Sr. Rivas, y se pidió informe al ingeniero Sr. Díaz Escribano. Parece ser que éste, desde su casa de donde no salió por encontrarse enfermo, manifestó por escrito que cree que el buque ha pasado ya la parte más difícil, ó sea la calle de San Juan de Dios. D. Rafael Manzano y D. José Bustelo expresaron “que no ocurriría nada, puesto que el vapor está sobre un carro grande y éste tiene ocho ruedas”. Dadas al fin las órdenes oportunas, a la una menos cuarto, siguió la operación curiosa de arrastrar el ‘Covadonga’. Anoche a pesar de que las operaciones continuaron hasta la una de la madrugada, fueron presenciadas por unas doscientas personas. Veinte hombres tiraban con largas y gruesas cuerdas del carro sobre el cual está el buque; debajo de aquél iban poniendo planchas de hierro para mayor facilidad. El barco se encontraba a las dos y veinte frente a la calle Soto”. El miércoles 17 de noviembre de 1909 el Diario, en su suplemento anunciaba: “El vapor ‘Covadonga’ ya está en el agua. Detalles del lanzamiento”, y continuaba…“Con toda felicidad se ha lanzado a la mar esta tarde el vapor ‘Covadonga’ sin que ocurriera ningún incidente. Circuló la noticia y en el muelle se congregaron centenares de curiosos desde la Capitanía del Puerto hasta la pescadería, formando compactas filas. Eran las dos de la tarde, cuando la grúa flotante ‘Hércules’, de la Junta, se acercó al cantil del muelle, teniendo que ser separadas muchas personas, porque los curiosos se agolpaban en número extraordinario y entorpecían las operaciones. Cuando se logró el sitio necesario, se pasaron cuatro gruesas cadenas por debajo del carro donde se encontraba el ‘Covadonga’; estas cadenas estaban pendientes de la alta pluma de la potente grúa. Empezó ésta a recoger las cadenas, y el carro y el buque se levantaron del suelo, siendo suspendidos a considerable altura. La grúa empezó a dejar caer el Vapor, despacio, y aquél tocó el mar a las tres de la tarde, habiendo hecho las operaciones con toda rapidez y lucimiento… El ‘Covadonga’ quedó fondeado en Bahía, cerca del muelle, por donde siguieron desfilando toda clase de personas. Probablemente dentro de un mes empezará a prestar servicio el nuevo barco.”

La embarcación es conducida hacia el muelle por San Juan de Dios, entonces plaza de Isabel II. La embarcación es conducida hacia el muelle por San Juan de Dios, entonces plaza de Isabel II.

La embarcación es conducida hacia el muelle por San Juan de Dios, entonces plaza de Isabel II. / C. I.

La construcción y botadura del ‘Covadonga’ tuvo repercusión nacional. El ABC de Madrid del 20 de noviembre publicaba información sobre la misma, con una foto en primera plana de la nave sobre el carretón en el Campo del Sur, con el Colegio de la Mirandilla al fondo, donde aparece el armador Sr. Fuentes (con paraguas y bombín), junto a Rafael Manzano (con gorra y bigote) y su hijo el aprendiz Isaac Manzano (quien se haría cargo del taller antes de su traspaso a Vigorito). También el diario madrileño La Correspondencia de España se hizo eco con un artículo ingeniosísimo que divertiría a cualquier gaditano titulado “La juerga de Cádiz. ¿A do va la nave? ¡Quién sabe do va!”.

Finalizamos esta historia con el tango que la misma comparsa ‘Los portamonedas’ (1910) dedicó al barco y a su constructor: “Hace poco, en Cádiz con alegría, / vimos botar un barco en la bahía/ que ha de causar asombro en general/ y en el Campo del Sur construido está. / Con ese barco probado quedará, / que Don Rafael Manzano como obrero gaditano, / puede con la humanidad”. Ejemplo de gaditano ‘resiliente’ que nos debería servir como ejemplo ante las dificultades económicas y laborales, añadimos nosotros, cuando no existían los ERTE, ni las prorrogas de las cotizaciones de los ‘autónomos’.

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