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Educación

Resignación y pena entre las familias del colegio Adolfo de Castro de Cádiz

Acceso principal del colegio Adolfo de Castro.

Acceso principal del colegio Adolfo de Castro. / Germán Mesa

En la primera mitad de la década de los años 80, el colegio Adolfo de Castro contaba con dos clases por curso: desde la educación infantil con cuatro años hasta octavo de la ya extinta Educación General Básica. Por aquellos años, el colegio inauguró un nuevo edificio mejorando sus prestaciones. Cuatro décadas después, se ha anunciado el cierre del colegio que lleva el nombre del escritor y erudito que llegó a ser alcalde de Cádiz en el siglo XIX. El barrio del Cerro del Moro, en cuya frontera con la barriada de la Paz se encuentra este centro de la calle Guadalmesí, se quedará sin colegio público. La creciente bajada de la natalidad en la capital y las escasas solicitudes con que ha contado este curso (apenas 33 desde infantil hasta sexto de Primaria) han terminado por dar la puntilla a un centro referente en muchos aspectos educativos y que se fusionará con el cercano colegio Fermín Salvochea, que curiosamente lleva el nombre de otro ilustre alcalde de la ciudad. Una desaparición que es acogida con “resignación” y “pena” por las familias del Adolfo de Castro, que ayer comentaban para este periódico sus sensaciones.

Los sentimientos eran unánimes. “Este es muy buen colegio, es una pena que vayan a cerrarlo con la de cosas que se hacen aquí. Pero hay pocos niños, y en los últimos años muchos padres se los han llevado a las monjas...”.

Dos de las familias coinciden en relatan una experiencia educativa similar: hace poco cambiaron a sus hijos de colegio buscando una mejora educativa que, aseguran, haber encontrado en el Adolfo de Castro. Ahora se verán obligados a realizar un nuevo traslado.

Pero también sienten el cambio las familias que tienen a sus hijos en este centro desde el primer año de la etapa de Infantil. “Mi hija lo está pasando mal”, cuenta una de las madres, que lamenta la situación y destaca el buen nivel del profesorado del centro: “Parece que no todos se irán al Fermín Salvochea”.

Mientras que algún padre se aferra a que exista aún una mínima posibilidad de evitar el cierre, otros creen que la decisión, que aún no ha sido comunicada oficialmente a nivel educativo, es “inevitable”. Y recuerdan: “El año pasado ya intentaron cerrarlo, pero pudimos luchar para evitarlo. Esta vez parece todo más complicado”.

De hecho, los padres y madres de los alumnos del colegio Adolfo de Castro comenzaron a ver las orejas al lobo a finales del curso pasado. En verdad, el descenso del número de alumnos ha sido paulatino desde hace bastantes años, pero fue tras el proceso de matriculación de 2023 cuando se percataron de que en el centro quedarían esos 33 alumnos repartidos en tres grupos: de 3 a 8 años, otro con los escolares de cuarto y quinto de Primaria y otra línea más con los estudiantes de sexto de Primaria. Vladimir Jiménez, representante del AMPA del centro, es quien ejerce de portavoz y explica cómo se ha llegado a la situación actual, en la que el centro cuenta con 8 profesoras, más tres compartidas, además de 12 alumnos en sexto, 8 en quinto y 4 en cuarto. El resto se reparten entre los 3 y los 8 años.

Señala esta representante del AMPA que ya en el curso anterior, con todas las matrículas hechas y con muy pocos alumnos, desde la delegación se confirmó el mantenimiento de los servicios especiales por parte de Educación, como las actividades extraescolares o el servicio de comedor. Pero ya para el próximo curso, desde la comunidad educativa del colegio se prefirió contactar con tiempo con la administración para conocer los planes para el futuro más inmediato, el curso que debe comenzar en septiembre de este 2024. “La intención es que lo que fuera a ocurrir no nos cogiera en fuera de juego”, explica Jiménez.

Desde la Delegación de Educación se le pidió al Consejo Escolar del centro una propuesta para ese futuro. Hubo reuniones por separado del claustro de profesores y de la propia AMPA, encuentros que se formalizaron en el Consejo Escolar que agrupa a los dos colectivos, a docentes y padres, y que también cuenta con un representante municipal. Casi en paralelo, hubo ofrecimientos de fusión de dos centros cercanos: el colegio Juan Carlos Aragón y el ya citado Fermín Salvochea. De todo este proceso, y después de reuniones con la propia delegada de Educación, Isabel Paredes, y también con inspectores de la delegación territorial, se envió desde el Consejo Escolar la propuesta que había sido solicitada previamente por la administración.

El resultado final es la ya conocida propuesta de fusión con el colegio Fermín Salvochea. Una integración que afecta al alumnado por completo pero también a todo el profesorado, salvo que algún docente prefiera solicitar un cambio de destino. Esta, la del mantenimiento del profesorado, ha sido una de las condiciones que desde el Consejo Escolar se han trasladado a Educación para una fusión en la que se respete la línea educativa que están siguiendo los alumnos del colegio que va a ser cerrado.

Y es que por ejemplo, como explica Vladimir Jiménez, el colegio Adolfo de Castro es un centro de compensatoria al contar con una alta ratio de alumnos con necesidades educativas especiales y al encontrarse ubicado en una zona también sensible desde el punto de vista social. De hecho, una de las principales exigencias de las familias es que los escolares pasen al colegio Fermín Salvochea con sus mismos profesores y con sus actuales compañeros, como una manera de asegurar la atención educativa y, de paso, hacer un cambio menos traumático y con más garantías. Aunque el colegio de Loreto no está catalogado como centro de compensatoria, lo que podría lograr tras la absorción, sí tenía plazas suficientes para acoger al profesorado saliente del Adolfo de Castro.

Asunto distinto será lo que pase con la condición de centro bilingüe, español e inglés, del colegio Adolfo de Castro, una enseñanza que no tiene el centro Fermín Salvochea. Y otra circunstancia que distingue a los dos centros y que Educación tendrá que ver cómo se puede resolver: mientras que el colegio del Cerro del Moro está adscrito al instituto Alberti, el centro del barrio de Loreto lo está, con lógica, al Fernando Aguilar, un instituto bastante más alejado para los actuales alumnos del Adolfo de Castro. Vladimir Jiménez cree que Educación tendrá en consideración este asunto para permitir a los alumnos trasladados que puedan cursar Secundaria en el Alberti.

La prioridad para los padres en esta fusión son los hijos, aunque flote de fondo una profunda lamentación por la pérdida, la octava en los últimos años, de un colegio público en la capital y la preocupación por un centro que tiene mucha vida por las tardes con entrenamientos de equipos de fútbol en su amplia superficie deportiva, ensayos de comparsas de Carnaval o actividades sociales como la de la asociación Alendoy.

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