Sucesos

Quinquis de Cádiz, la leyenda de los fuera de la ley

A la derecha el Torete, junto a otros dos protagonistas de 'Perros callejeros', icono del cine quinqui de los 80.

A la derecha el Torete, junto a otros dos protagonistas de 'Perros callejeros', icono del cine quinqui de los 80.

Para echarle el guante al Piraña hay que tenerlos bien puestos. El tipo se las trae. Tiene un pronto, digamos, explosivo. Tanto es así, que cuando entra en erupción más vale que no te pille cerca porque la colada, la fajana, las bombas piroclásticas y toda la retahíla de términos geológicos que aprendimos con el volcán de La Palma te pueden llegar a la vez en forma de porrazos. El Moi pasa de cero a cien en cero coma dos, como los coches guays. Tras liarla en su última detención del lunes, donde rompió varios dedos a un policía nacional que acudió a pararle los pies y obligó hasta a cuatro agentes a emplearse a fondo, resulta imposible no recordar el bagaje delictivo de un hombre que a sus 39 años lleva media vida entrando y saliendo de la cárcel y cuyo expediente podría ocupar media estantería judicial.

Pero Moi El Piraña no es un caso aislado. De hecho, a finales de la década de los 70 y principio de los 80 se dio en Cádiz el mismo fenómeno que se expandía por todo el país. La heroína campaba a sus anchas por las calles, que se poblaron de caminantes blancos desdentados, esclavos de la señora que te ata al primer pinchazo. En los telediarios personajes como El Vaquilla se hacían populares, y nacía el llamado cine quinqui, donde películas como Perros callejeros y su protagonista, Ángel Fernández Blanco, El Torete, adquirían fama global sin necesidad de redes sociales.

En Cádiz, también, fueron tiempos duros. Santa María, el Cerro del Moro, Guillén Moreno y algunos puntos de la Viña, Candelaria o el Mentidero se convirtieron en zonas peligrosas. No era extraño que en cualquier punto te sacaran una navaja y te dijeran, con esa voz pastosa tan desagradable, dame to lo que llevas. Lo de menos era perder los cinco duros que tu madre te había dado para unos chicles bazoka. Lo peor llegaba cuando la cosa se ponía seria y aparecían pinchos y destornilladores que se clavaban en cualquier sitio. A algún desafortunado lo dejó por el camino. A otros le provocó secuelas gravísimas que conllevaron incluso la pérdida de la movilidad. Eran los tiempos donde nombrar a quinquis como el Moreno producía terror. Verlo pasar, con su gran lunar negro en el cuello y su sonrisa salvaje, hacía agachar las cabezas y rezar por lo bajini para que no cruzara la mirada contigo.

En aquellos años Los Pirañas, la familia a la que pertenece el Moi, ya ejercía el control de algunas zonas de Santa María. Su madre vendía caballo desde su propia casa de Jabonería. Desde entonces las correrías de uno de los niños malos de Cádiz, un fuera de la ley, se han sucedido sin que las condenas penitenciarias hayan logrado reinsertarlo en una sociedad de la que no se siente integrante y a la que no sólo desprecia sino a cuyos miembros no tiene problema en atacar y amenazar de muerte, ya sean policías, sanitarios o simples ciudadanos anónimos. Está en guerra con el mundo y, a estas alturas de la película, no parece sencillo darle un motivo para firmar un armisticio.

No es el único caso, ni será el último. Algunos otros quinquis famosos han muerto hace años y no conviene ni invocar sus nombres por lo que pueda pasar. Tipos enganchados a la heroína y que no dudarían en dar un tirón del bolso a su propia madre para lograr esas pocas monedas que le permita comprar un chute que calme la fiera que les corroe por dentro. Otros malviven entre la calle y Puerto II, donde su comportamiento tampoco podemos decir que sea ejemplar. Cuando salen en libertad, la Policía lo nota. Suben los robos con violencia, los tirones de bolsos, las entradas en domicilio, las denuncias. La vida es más fácil con estos tipos entre rejas. Pero para eso el juez de turno tiene que entender que la sociedad corre peligro con los fuera de la ley pululando a sus anchas. Y no siempre están por la labor, por más pruebas que se les presente.

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