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Cádiz

Puntales resiste

  • La Estación Naval de la Armada es hoy destino de 400 militares aunque unos cien preparan mudanza La Base gaditana acoge a varias unidades y embarcaciones

El fuerte de San Lorenzo, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, resiste el paso de los años. La fortificación, que aguantó los ataques de los franceses desde Matagorda y el Trocadero, hoy acoge oficinas, como las de la Fuerza de Acción Marítima de Cádiz y del Servicio Marítimo de la Guardia Civil. Forma parte de la llamada Estación Naval de Puntales, donde distintas unidades y embarcaciones de la Armada tienen sede. Las instalaciones militares, como entonces, también resisten aquí, al final de Cádiz, una ciudad donde muchos de los espacios que eran de Defensa ya no lo son. Y es que en la Estación Naval, de 43.000 metros cuadrados de extensión, trabajan actualmente unas 400 personas aunque cien, las que conforman el Grupo Naval de Playa, se preparan para una posible mudanza.

"Se cree que aquí no hay nadie, pero el movimiento diario es una barbaridad", comenta el teniente de navío Remigio Cruz Blanco, práctico de la base y que acompaña a este medio a conocer cómo es el día a día en este lugar emblemático. El muelle, con unos 750 metros lineables de atraque, es lo primero que aparece ante nuestros ojos al llegar. No están todos los barcos, hay algunos de misión y hay sitio libre para atracar. Allí estacionan el patrullero de altura Vigía, el remolcador La Graña o buques y lanchas del Instituto Hidrográfico, que salen de Puntales a realizar sus campañas. Atracadas están también las lachas de desembarco, los barcos del Servicio Marítimo de la Guardia Civil y además están dejando sitio para los veleros que forman la Comisión Naval de Regatas de Cádiz, unas recién llegadas. Estas últimas embarcaciones estaban repartidas por distintos muelles gaditanos y ahora se unirán todas en Puntales hasta completar un total de 25.

Entrando en la fortificación, dejando detrás la gran torre de 165 metros de Endesa que se levanta dentro del recinto, se localizan las oficinas de la Estación Naval de Puntales y de la Comandancia de la Fuerza de Acción Marítima (Comardiz). El equipo de la estación se encarga de toda la tarea administrativa y servicios que incluye la propia base, ofrece el apoyo logístico para los atraques y servicios que necesiten los barcos. En las oficinas del Comardiz realizan además las tareas pertinentes para dejar los barcos preparados, atienden sus necesidades de personal, materiales o averías. También tienen una parte para las relaciones con el puerto de Cádiz . Curioso que desde aquí controlan el Destacamento Naval de Alborán, que cuenta con sus dependencias.

El movimiento en la base, al menos ese día, se nota sobre todo al entrar en el Grupo Naval de Playa o la Unidad de Buceo de Cádiz. En las dependencias de la segunda, su comandante, el teniente de navío Pablo Eismar, explica la intensa actividad de su grupo, que conforman más de una veintena de personas "con gran vocación" y que a diferencia de otras unidades, hacen un trabajo "real". "La mayoría somos buzos de gran profundidad con lo que las operaciones que hacemos pueden ser más complejas", comenta.

Ellos se encargan en toda la costa andaluza del desactivado de explosivos, por un lado, y por otro realizan todo el trabajo de buceo para los barcos, como reparaciones de casco, objetivos caídos o recuperaciones de blancos e incluso de pesqueros. El primero es sin duda su trabajo más conocido en esta zona ya que en verano no es difícil leer noticas sobre la recuperación de proyectiles en las playas de Sancti Petri, Camposoto o Torregorda. El año pasado llegaron a las 30 intervenciones de este tipo.

Pero en Puntales esta unidad asume además todo el mantenimiento de los equipos, hasta 150 equipos de buceo, tienen un centro de carga de botellas, cuentan con un robot para las intervenciones más difíciles y desde hace un año tienen además una cámara hiperbárica portátil, "la joya de la corona", donde se pueden tratar los accidentes de buceo.

Al barracón del Grupo Naval de Playa, llegamos justo a la hora del desayuno. El segundo comandante del grupo, el teniente de navío Juan José Valero Rodríguez, resume su misión. "No se puede hacer un desembarco anfibio sin el Grupo Naval de Playa", afirma claro. Para ello cuentan con un total 111 hombres y mujeres y un total de doce lanchas de desembarco, las LCM1-Eco, unas "embarcaciones magníficas" que Navantia construyó luego para Australia. "Aquí han venido dos veces los australianos y hemos ejercido como instructores", apunta Valero.

Embarcados en los buques anfibios de la Armada, bien el Juan Carlos I, el Galicia o el Castilla, esta unidad ha participado en operaciones importantes y realiza numerosos ejercicios de adiestramiento durante el año para dejar de la mejor manera en playa a la Infantería de Marina. También ha estado en misiones humanitarias o cada año sus lanchas están presentes en el Plan Romero.

Desde Puntales como campo base funcionan a la perfección pero el grupo más numeroso de Puntales parece que se muda a unos pocos kilómetros, hasta San Fernando y su Arsenal de la Carraca. Todo apunta que a final de año dejarán el lugar donde han estado desde su nacimiento, hace más de 50 años, llevándose una parte importante del día a día. En la estación están confiados de que ya vendrán otros a estas instalaciones.

Aún queda más por ver. Hay una pequeña playa varadero donde, al bajar la marea, se queda un dique para hacer reparaciones en seco. Precisamente allí está una de las lanchas de desembarco. Cerca, hay una residencia con capacidad para albergar hasta 120 personas, el que fuera del cuartel de marinería cuando se hacía el servicio militar. Hay peluquería, lavandería y un comedor con unas vistas impresionantes a la Bahía de Cádiz.

La Estación Naval, que está integrada en el Arsenal de la Carraca formando parte de sus dependencias desde 2004, fue estación de Torpedos y base de lanchas rápidas o sede del mando Anfibio de la Flota. "En su mejor época pudo haber aquí hasta mil personas", cuenta el práctico. En un reportaje publicado en 2001 en este periódico cifraba en 640 las personas entre las unidades y los buques atracados. Hoy son aún 400 y puede ser una de las empresas más grandes de la ciudad, comentan antes de salir camino del barrio del mismo nombre.

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