Luis Bononato | Director provincial de proyecto hombre “Es una vergüenza cómo se están enriqueciendo las casas de apuestas con los menores”

  • Una guía en la búsqueda del sentido de la vida. Más allá del abandono de las drogas y el juego, este es el objetivo del método de la asociación que dirige este médico jerezano

  • Especialista en adicciones y terapia de familia, alerta del daño que está generando el juego presencial y a través de internet entre los más jóvenes

Treinta y un años lleva este médico jerezano dedicado a ayudar a las personas con problemas de adicciones a encontrar una salida vital del pozo existencial que entiende que significa el consumo de las drogas. Primero, como voluntario en la Asociación Cometa. Poco después, desde Proyecto Hombre, del que es fundador y director en la provincia de Cádiz.

Proyecto Hombre se establece en Jerez en 1991 en una época de gran movilización social contra las drogas ¿Cómo la recuerda?

—Recuerdo mucha alarma social: “por los toxicómanos, la heroína, las jeringuillas, la droga en los colegios...” Había mucho miedo en la sociedad, delincuencia y cárcel entre los chicos que consumían droga... Y las madres y determinados barrios estallaban porque estaban viendo cómo se morían sus hijos en prisión o a causa del sida. Era muy revulsivo todo. Recuerdo manifestaciones, concentraciones... sobre todo en el Campo de Gibraltar. La provincia de Cádiz siempre ha sido de mucho movimiento asociativo, no sólo en temas de drogas, sino también en otros ámbitos. Recuerdo aquello como una época de mucha denuncia social...

—¿Qué vieron en Proyecto Hombre que no vieron en otros programas de rehabilitación?

—Lo que más nos gustó es que se trataba a la persona, el tratamiento no era desde la sustancia. El consumo de la sustancia es un síntoma de algo que les está ocurriendo a la persona. El consumo no es el problema. Hay que buscarlo en la raíz, en la persona, que es quien tiene que descubrir los motivos por los cuales se inició en el consumo y por los que se mantuvo en él hasta llegar a una adicción. Trabajamos desde el vacío existencial que vive la persona, que es lo que le lleva al consumo de drogas. Lo más complicado no es dejar el consumo, sino que la persona empiece a buscar su sentido de vida y comience a llenar ese vacío con un encuentro consigo mismo, con la familia, en el ámbito académico o laboral, con las amistades...

—En su origen tuvo un tinte religioso...

—No, pero sí que inicialmente fue muy apoyado por la Iglesia. En Jerez, muchas Cáritas, junto con algunas parroquias y comunidades cristianas de base, fueron las que impulsaron la creación de una gestora. En la fundación está el Ayuntamiento, la Diócesis de Jerez, la Asociación Cometa y al Asociación de Amigos del Proyecto Hombre. Desde nuestro origen en Italia somos aconfesionales y apartidistas, que no apolíticos. Trabajamos desde la espiritualidad de la persona, no desde lo religioso. Pero por supuesto vaya siempre por delante nuestro agradecimiento a Cáritas de Jerez, que gracias a su aportación facilitó que pudiésemos iniciar nuestra andadura. Posteriormente esa ayuda dejó de darse porque aparecen las subvenciones privadas y públicas que hacen posible que nos podamos medio mantener.

"El consumo no es el problema, sino el síntoma de un vacío existencial que lleva a la persona a las adicciones”

—¿A cuántas personas atienden actualmente en la provincia?

—A unas 422 personas diarias en los distintos programas de tratamiento y, semanalmente, en Puerto 2, Puerto 3 y la prisión de Algeciras.

—¿Cuál es el perfil mayoritario?

—En 1991, la mayoría eran personas de unos 30 años, con consumo de heroína fundamentalmente, o unido al policonsumo, con un perfil muy deteriorado, que venía de prisión o de familias ya muy desgastadas. Posteriormente fue cambiando el perfil. En 1997 abrimos Proyecto Joven porque empezaban a llegar chicos de 18 años, de 12, de 22. Lo abrimos para hacer un trabajo más especializado. Luego empezaron a llegar personas de 35 a 40 años, consumidores de cocaína y/o alcohol, que nos decían que con los toxicómanos no querían estar. Nosotros les respondíamos: sois exactamente iguales. El problema no está en la sustancia, en si se consume heroína o cocaína, sino en cómo te enfrentas a los problemas, en cómo la persona busca una salida. Y en este caso tu salida ha sido la cocaína, para tapar tus problemas, tus inferioridades, tus dificultades de relaciones sociales o con tus compañeros de trabajo... Y vimos que al final no entraban en tratamiento. Vimos que si estábamos por y para la gente que necesita ayuda, teníamos que adaptar la metodología. Y ese programa base, que era de dos años y medio, uno de ellos en régimen de internado, se abrió en régimen de externado, en tratamiento ambulatorio. Al principio vienen tres días a a la semana y, conforme pasa el tiempo, va disminuyendo la frecuencia. Vienen por la tarde, igual que los de Proyecto Joven.

"Si se sacasen ya normativas contra el alcohol y el juego entre menores habría muchos menos adictos”

—¿Hay cada vez más menores?

—La mayoría son personas adultas de 35 a 45 años consumidoras de alcohol y/o cocaína, un 85% hombres y un 15%, mujeres. Después habrá unos 50 en Proyecto Joven, de 12 a 21 años, 80% chicos y 20% chicas, que vienen por consumo de alcohol y cannabis, por abuso problemático de nuevas tecnologías. Poco a poco se están incorporando por adicción a juego on line, apuestas deportivas, ruleta, casino y otros juegos de azar, cosa que nos preocupa muchísimo. También nos llegan chicos acompañados con sus padres por problemas de comportamiento. Trabajamos mucho la prevención en los centros educativos. Ahí conocen nuestro recurso. Tenemos un programa subvencionado por Iberdrola que incluye talleres sobre el uso problemático de las TIC’s. Ahí se detecta que ya hay una situación-problema. También tenemos un Programa de Protección de Menores, con ocho plazas en régimen de internado, a través de un contrato con la Junta de Andalucía, para menores con graves trastornos de comportamiento. Luego está Proyecto Hombre en Cádiz, donde se atienden a 23 personas de distintos perfiles. Tenemos otro programa con el que estamos presentes en el Puerto de Algeciras, gracias a un convenio que se firmó con las distintas empresas que operan allí para sensibilizar, informar, formar a los mandos intermedios respecto al consumo de alcohol y cannabis, fundamentalmente, y de cualquier otra sustancia. También estamos en Navantia, en el ámbito militar y en algunos hoteles. Empresas y sindicatos tienen que tomar conciencia de que es un problema que hay que atajar, sobre todo cuando se trabaja con maquinaría o se conducen vehículos.

—¿Cuál es el porcentaje de éxito?

—El 85% terminan con éxito y del 15% restante, la mitad reingresan en el centro.

—¿Cuál ha sido su momento de mayor satisfacción?

— El de un chico que podía haber entrado en prisión. Estaba en una condicional y tuvo la capacidad de decidir entrar en Proyecto Hombre... Una vez un juez me dijo: como vosotros consigáis que esta persona no vuelva a entrar en prisión os pongo en un altar. Y lo consiguió. De hecho, tuvo que entrar en prisión estando en tratamiento, pero conseguimos que saliera por el artículo 182. Fue de los primeros. Estamos hablando de hace 27 años. La madre todavía de vez en cuando me llama y me da cuatro besos por teléfono...

—¿Por qué se abusa de las drogas?

—Todas las personas deciden qué uso hacen de cada cosa. ¿Por qué en lugar de ir a 90 km/hora uno conduce a 160?. ¿Por qué una persona juega a la lotería una vez al año en Navidad y otras están enganchadas al bingo?. Entendemos que hay situaciones personales no resueltas que generan un vacío existencial, sentimientos de frustración, de dolor, de rabia, que no saben gestionar compartiendo sus sentimientos con otras personas y desde ahí, resolver ese conflicto. Lo que hacen es tapar ese malestar con el consumo de una sustancia. Y el malestar desaparece momentáneamente, pero lo que lo originó no se soluciona. Y llega un momento en que no se consume para encontrar el placer sino para evitar el malestar que supone estar sin la droga o el juego.

"Hay que retrasar al máximo el uso del móvil;la frustración es una herramienta para educar en la madurez”

—Ahora parece que los centros de drogodependencias están en peligro por los recortes de la Junta...

—Tienen pocos recursos. Es de lo que nos quejamos todos. Aquí, en la provincia de Cádiz, conozco unos cuantos y están en manos de profesionales, con formación en terapia familiar sistémica y mucha experiencia. Si tuviésemos más recursos económicos podríamos tener más personal y hacer una atención mucho más directa, más continua... Se corre el peligro de volver a conceptuar el tratamiento de las adicciones como el problema de los toxicómanos. Y llegar a la conclusión de que si ellos han querido meterse en la droga, que salgan solos. Nos preocupa. Dicen que sí, que van a seguir con las subvenciones... Pero no se es consciente de que son personas de 12, 14, 18 años en tratamiento que no han tenido la oportunidad o el soporte familiar o el ambiente social que han tenido otras personas y han caído en el mundo de la droga. Si las distintas administraciones públicas –nacional, autonómicas y locales– sacaran ya adelante la normativa de alcohol y menores y una normativa más adecuada a la que estamos viviendo respecto a las casas de apuestas y otra a nivel nacional sobre el juego on line, quizá no habría tanta gente que se volviera adicta. Porque eso, en muchos casos, como sabemos, va unido al consumo de cannabis y de alcohol. Son gente que al final necesita tratamiento... Que no se permita la entrada de menores en las casas de apuestas, que no se permita el consumo de alcohol, que no haya tantas en varios periféricos y marginales, que no las haya tan cerca de los colegios... Es de vergüenza cómo se están enriqueciendo una serie de empresas de una forma exponencial en los últimos dos o tres años, y que ya haya concentraciones en contra en Sevilla, en Granada, en Vallecas y hasta en Alcalá del Valle...

—¿Cómo se controla el juego on line de los menores, si lo tienen ahí mismo, en el teléfono?

—Está demostrado que cuantas más posibilidades de acceso se tenga a una sustancia o a un objeto, cuanto más se normalice el consumo, cuanto más se banalice, más riesgo se tiene de que se consuma más o se juegue más. Si a un niño le doy un teléfono móvil a lo 8 o 10 años, hay más riesgo de que este niño entre en páginas pornográficas, que es otro problema, o que entre en esos juegos en los que tanto se apuesta. Lo primero es exigirles responsabilidad a los padres. Retrasar al máximo el acceso al móvil. Controlar el uso el móvil. Poner horario. Filtros para ver en qué páginas se mete. Consecuencias en el momento en que se salten esas normas. Es una oportunidad para educar. Siempre se lo digo a los padres: firma el contrato con la empresa que te venda el teléfono y firma un contrato en la que asumes los conflictos que supone que tu hijo tenga un móvil . Porque eso está asegurado. Viene en el paquete. Es una oportunidad para decirle al hijo: este no es tu móvil, te lo he comprado yo y te lo dejo a tí cuando yo quiera. Y si no, te lo quito. Y cuando estén aquí tus abuelos, o tus tíos, o estemos comiendo, no se está con el móvil. Antes, el profesor era la autoridad y el niño el que obedecía. Ahora parece que es al revés. Va el padre con el niño y le echa la bronca al profesor... Antes el médico era una autoridad y ahora el médico tiene miedo de que le vayan a pegar. La violencia filio-parental se da cada vez más. Los niños son los que mandan en las casas. Si un niño chico come lo que quiere comer, se viste como se quiere vestir, se va empoderando. Llega un momento en el que los padres llegan a Proyecto Joven diciendo que no saben qué hacer, porque no tienen autoridad. Lo que le hace falta a un niño es mucha autoridad, mucha directividad y mucho cariño. Y desgraciadamente no le damos ni lo uno ni lo otro, sino muchas cosas... El sentimiento de frustración es un sentimiento magnífico para educar a la persona en el camino de la madurez..

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