Cádiz

Panorámica de Babel

  • Cádiz es la capital europea de género; aquí, una hora limpiando casas se cobra a poco más de ocho euros

(Ahí va una historia: Cruza el amable laberinto policial una mujer de unos treinta y tantos años, a la que llamaremos Lorena, colgada del brazo de una mujer mayor. La conocemos hace poco tiempo y, al vernos allí, se interesa: "¿Esto es lo de las ministras?". "Ya no hay ministras. Ahora son grupos de trabajo sobre problemas de la mujer". "Sí, yo sé algo de eso". Lorena -nombre supuesto- tuvo un hijo a los dieciséis años con un chaval de dieciocho o así. No pasó mucho tiempo antes de la primera paliza y dijo que a ella no le ponía nadie la mano encima. Cogió a su hijo y se largó a las islas, a trabajar a un hotel. Cayó demasiado bien a uno de los encargados, al principio muy cariñoso, con muchas ganas de ayudar y, luego, con muchas ganas de sobrepasar las líneas. Acoso, intento de violación en las dependencias del servicio, amenazas: o sexo o trabajo. Una mañana va al banco, saca sus ahorros, coge al niño y un taxi y pide dirección aeropuerto. Regresa a un erial. No hay trabajo. Limpia casas. Un poco más barata la hora que las horas de las demás. "Yo sé algo de las mujeres... y de los hombres". Lorena cruza, sortea mujeres extranjeras que salen para meterse en un autobús panorámico).

El presidente de la Junta, José Antonio Griñán, ha llegado pronto. Pregunta por Bibiana, pero no ha llegado. Teófila le dice ven, que te enseño el Palacio de Congresos. Griñán dirá un poco después que el maltrato es una manifestación terrorista. Indudablemente, lo piensa, pero eso es un discurso. Se lo han escrito y lo leerá. Él está de acuerdo con todo lo que dice su discurso. Antes, recorre con la alcaldesa la antigua tabaquera.

La ministra Bibiana Aído tiene algo de estrella. No es su culpa. Es que las cosas son así. Lleva un delicado vestido rojo. Entra acompañada de una nube de periodistas, cámaras, flashes, escoltas, asistentes y otros cargos políticos.

Griñán está ya preparado para su intervención. Al auditorio principal entran diferentes autoridades, mezcladas en nacionalidad y rango. Pilar Sánchez, alcaldesa de Jerez, también lleva un traje rojo. Qué casualidad. Se le escapa un bostezo nada más entrar, pero se tapa la boca.

Los maletines también son rojos, con dossier en dos idiomas y la Declaración de Cádiz, también en dos idiomas, incluida. Las azafatas, educadas y políglotas, disimulan el agobio que les produce hacer varias cosas a la vez. Los dichos populares dicen que ellas son capaces de hacerlo; ellos no. Posiblemente sea cierto. Lo mismo dicen 'por favor entre' a una eslovaca que 'please the conference is about to begin' a una concejal de un pueblo de Sevilla.

Griñán dijo lo que tenía que decir. Hay hechos abominables contra la mujer que hay que erradicar. Todo el mundo está de acuerdo, pero no es tarea suya decir cómo. Descanso. Menú desayuno. Menú internacional. Sandwiches salados, plumcake, croissants... Se come en Babel. Hay conversaciones en inglés, francés, alemán y portugués. Muchas risas y fotos. Por corrillos se ríen, toman café, se saludan, algunas son buenas amigas que hace tiempo que no se ven. Amigas de foros. Mucho sorry, please, pardon para pasar de un lado a otro café en mano y bollo en la otra. Los periodistas combinan desayuno y trabajo, algunos hacen entrevistas en el patio principal, ejercitando malabares con café y bollería.

Se avistan pocos hombres, apenas una veintena, si no incluimos los camareros. Apenas se les ve. Estar están, pero ellos mismos parecen buscar lugares recogidos. Son una minoría consciente de que no es su momento. Alguien dirá que los periodistas siempre están con la guerra de sexos, que la realidad es que todos tenemos que trabajar juntos/as... y tendrán razón. Siempre estamos con la guerra de sexos, pero sin noticias de los hombres en el Foro de la Mujer.

Foto de familia. Un poco caótica, un poco desordenada. Bibiana, tras la foto, intenta escabullirse, pero se acerca un grupo de mujeres a hacerse otra foto de familia con ella. Siempre sonríe. Visto, no visto, las dos mujeres se preguntan dónde está ahora Bibiana.

Khady Koita es una mujer negra, con una túnica de tonos azules, rojos y dorados. Lucha contra la mutilación genital femenina. Tiene una mirada llena de orgullo y dignidad. Destaca. No es una burócrata. Se ve a la legua. Carmen Alborch sufre un bombardeo, como si estuviera en la pasarela Cibeles. Es de las pocas a la que reconocen los periodistas.

Almuerzo. Bullicio. Más pasteles, más croissants. Hora y media de retraso con el siguiente panel. Palabras. La jornada acaba a las seis y media.

(Lorena sigue caminando. A las siete continúa su jornada limpiando las casas de los demás. Son tres horas. Cobrará 24 euros. Los suelos quedarán como un espejo).

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