Del 'Miño' al 'Segura', pasando por África y el Mediterráneo

El Servicio Marítimo de la Guardia Civil abre las puertas de dos de sus buques oceánicos cuando cumple un cuarto de siglo velando por la seguridad en el mar

Un grupo de visitantes se hace una foto en la pista del helicóptero del 'Río Segura'.
Un grupo de visitantes se hace una foto en la pista del helicóptero del 'Río Segura'. / Jesús Marín
J. M.

Cádiz, 29 de abril 2018 - 11:06

Pese a su tipología, al blanco y verde y al emblema del Instituto Armado, los buques oceánicos del Servicio Marítimo de la Guardia Civil hoy se parecen más a un barco de Salvamento Marítimo que a uno de la Armada o de Vigilancia Aduanera. No es que hayan bajado la guardia, ni mucho menos, en la lucha contra el narcotráfico. No hay operación a gran escala que no lidere o en la que no participe una de sus embarcaciones. Las crónicas de sucesos así lo demuestran casi a diario. También los 'trofeos' de la Sala España del Río Miño que recuerdan, por toneladas, la droga intervenida en tres mares. Pero el control de las fronteras marítimas y el auge del tráfico de personas desde las costas africanas de la última década han hecho que gane relevancia la labor humanitaria que supone el rescate de inmigrantes que conlleva la intercepción de pateras en el Estrecho, África y el Mediterráneo.

Tanto en el Río Miño como en el Río Segura disponen de sendas salas de náufragos donde, después de horas de peligrosa singladura y tras ser atendidos por un enfermero se recuperan y descansan hasta que son transbordados a una salvamar de Salvamento Marítimo. Son espartanas, no hay comodidades, sobre todo cuando se trata de grandes expediciones, pero están limpias y no les faltan unos aseos dignos. "Los subsaharianos suelen alegrarse de vernos; los marroquíes, como hay convenio de repatriación con su país en 48 horas, no", comenta el comandante José María Dueñas, al mando del Río Miño.

Este buque oceánico -el primero y uno de los tres de los que dispone el Servicio Marítimo-, es un antiguo pesquero de altura japonés que fue adquirido por la Guardia Civil en 2006, precisamente cuando estalló la crisis de los cayucos, que llegaban a cientos a las costas canarias abarrotados de inmigrantes, en uno de los mayores flujos migratorios registrados en la historia. Costó un millón de euros y otros cinco, acondicionarlo. Después de unos años en aquellas aguas, el buque, de 50 metros de eslora y una tripulación de unas 25 personas, regresó a la costa española cuando se compraron el Río Segura y el Río Tajo, ambosde mayor envergadura.

Desde entonces ha estado trabajando principalmente en Andalucía, pero también en apoyo de la labor inspectora de la pesquería de la caballa en la cornisa cantábrica y -junto al Río Segura- en la operación Tritón, en Italia, bajo la autoridad de la Guardia Costera Italiana. "Es un mechero", dice el comandante Dueñas. "En 24 horas sólo consume 1.800 litros de gasoil y eso nos permite una gran autonomía. Sin tener que repostar, podría darle una vuelta y media al mundo".

En popa dispone de una plataforma para evacuaciones en helicóptero por gancho. Como la de un buzo del GEAS que se amputó un dedo participando en la recuperación de los cuerpos del pesquero Santa Ana, hundido en el Cabo de Peñas, en Asturias.

Desde dentro del Servicio Marítimo se reconoce que hay necesidades de renovación de la flota, "como en cualquier otra", pero creen que disponen de medios adecuados. Actualmente la componen tres buques oceánicos y 117 embarcaciones entre los 12 y los 30 metros de eslora, desplegadas por toda las provincias costeras de España.

"Lo que si nos falta es mucho personal, puesto que cualquier servicio en la mar requiere de muchas horas, de muchos días de navegación, con las millas de costa y el gran número de embarcaciones pesqueras y recreativas que tiene España", comenta el oficial. Hoy disponen de 1.400 efectivos. "Solemos hacer navegaciones de entre cuatro y siete días de un puerto a otro. E intentamos hacer relevos de un mes para que no nos dé la mamparitis, que es cuando te enclaustras y ya no rindes. Tenemos guardias constantes tanto en máquinas como en el puente para que el barco nunca deje de funcionar".

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