Milagro entre los escombros

Eusebio Pérez Tomás fue el único superviviente de un corrimiento de tierras en Santa María del Mar en el que perecieron sus padres y otros dos jóvenes, sin que nadie se hiciera responsable de la tragedia

Eusebio señala al lugar donde se produjo el derrumbe y que, a consecuencia del mismo, fue posteriormente reparado.
Eusebio señala al lugar donde se produjo el derrumbe y que, a consecuencia del mismo, fue posteriormente reparado.
Pedro Manuel Espinosa / Cádiz

28 de noviembre 2010 - 01:00

La madrugada del 21 de julio de 1985 fue calurosa. Una de esas típicas del verano gaditano con levante en calma y una luna creciente y luminosa, como las que pintan los niños en las esquinas de sus dibujos y luego rodean de estrellitas. Fue una noche perfecta para estar en la playa, para compartir un rato con los amigos en el chiringuito y hasta echar una cabezada al raso antes de abrir nuevamente el garito a los domingueros más madrugadores. Un amanecer perfecto para todo menos para morir. Sin embargo, una jugarreta del destino en forma de avalancha de tierra y piedras quiso que el 21 de julio de 1985 cuatro jóvenes gaditanos encontraran la muerte en la playa de Santa María del Mar mientras dormían acurrucados en un chiringuito que habían montado para ganarse la vida. Nadie les dijo que en su apuesta por la supervivencia estuviera tanto en juego. Nadie respondió por lo sucedido. Ni el Ayuntamiento dirigido entonces por Carlos Díaz ni el MOPU, que en esos momentos llevaba a cabo unas obras de regeneración en el arenal gaditano. Las víctimas fueron Francisco Javier Díaz García, de 24 años; Gregorio Aragón Castro, de 19; Eusebio Pérez Longobardo, de 22; y María del Carmen Tomás Pérez, también de 22. Estos últimos eran padres de un bebé de año y medio, Eusebio, que dormía junto a ellos debajo de unos tablones que, a la postre, le salvaron la vida. Fue el único superviviente de una tragedia que podría haber alcanzado dimensiones gigantescas de haberse producido a mediodía, cuando el chiringuito se llenaba de bañistas sedientos.

Bomberos, policías y miembros de la Cruz Roja, que fueron los primeros en llegar al lugar del accidente, rescataron de entre los escombros al pequeño Eusebio y permitieron que 25 años después del accidente pueda relatar a Diario de Cádiz lo que le han contado algunos de los testigos presenciales de aquella madrugada en la que la tierra quiso fundirse con el mar y sepultó a sus padres. Entre ellos estaba su tío Juan, hermano de su madre y al que él llama mi hermano Juan, puesto que sus abuelos maternos adoptaron al pequeño Eusebio y les dieron sus apellidos. "A mí me lo fueron contando poco a poco cuando yo tenía entre diez y once años. Mi hermano Juan me dijo que aquella noche no podía dormir y que se puso a mirar el mar cuando de pronto oyó un ruido tremendo y vio como toda la ladera se venía encima de mis padres. Casi alcanza a otros familiares y amigos que estaban durmiendo en una barca cercana. Eso fue lo que los salvó".

A Eusebio le salvó su llanto. Cuando ya se habían iniciado las labores de desescombros le oyeron llorar y pudieron sacarlo ileso. Había tragado tierra y fue necesario ponerle oxígeno. Lo llevaron en ambulancia al hospital y allí pasó varios días sometido a pruebas médicas hasta que pudo volver a casa de sus abuelos, de unos abuelos destrozados por la pérdida de la hija y que se encargaron de criarlo.

Eusebio quiere puntualizar que el chiringuito era sólo una barrita. "Llevaba abierto dos o tres meses y no tenía lonas ni puntales ni nada, como dijeron después. Era sólo una barrita para vender bebidas y buscarse la vida. Fíjate, cosas del destino".

Tras el accidente, Carlos Díaz, que acudió al hospital a ver al pequeño y también asistió al sepelio por las víctimas, que recorrió toda la avenida, indicó que "la playa no es competencia del Ayuntamiento" y dio a entender que el MOPU no había puesto remedio a los frecuentes desprendimientos de tierra y piedras que se producían en Santa María del Mar. Así lo recogió la edición del 23 de julio del Diario. José Antonio de Cos, director provincial del MOPU, dijo en esas mismas páginas que "no sé si hay responsabilidad de alguien en el accidente". Punto final. Una simple duda para saldar cuatro muertes.

A Eusebio le llama la atención que no hubiera una investigación, ni una indemnización, nada. "Se agarraron a que el chiringuito no tenía licencia de apertura. A mí no me dieron una paga de orfandad hasta que murieron mis padres (se refiere a sus abuelos), cuando yo tenía 16 años. De los 16 a los 21, cuando comencé a trabajar".

Aquel bebé rescatado de las fauces de la parca ha vuelto estos días al lugar donde sus padres perecieron enterrados. Ha visto fotos de la tragedia en la hemeroteca de esta casa y las comenta con cierta lejanía. "Sí, esta debe ser mi madre". Él apenas tiene recuerdos de ella en las raíces de su memoria. Tuvo una infancia feliz, asegura, junto a unos abuelos que ejercieron de padres a tiempo completo. Nadie podrá pagar nunca su pérdida, pero al menos debieron intentarlo.

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