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"La Marea llegaba a perder al año más de 5.000 jarras"

BULLE La Marea en una mañana de verano y cuesta escuchar las palabras de Mikel Elorza mientras los empleados ponen el establecimiento a punto. Chocan platos y se arrastran mesas mientras el hostelero que nació en Eibar desgrana su vida. Suena su teléfono varias veces. "Todas las mañanas son así de frenéticas", señala suspirando. Le agradecemos que haga un parón para charlar entre tanto ajetreo.

-Muchos creen que usted ha sido hostelero toda su vida.

-Qué va. He trabajado en un montón de cosas gracias a que mi padre era muy emprendedor y se le ocurrían negocios unos detrás de otros. La reconversión naval me llevó a buscar otro negocio después de trabajar en la contrata auxiliar que creó mi padre en Astilleros, entre otras muchas cosas que hizo porque era muy emprendedor. Nos tuvimos que ir mi hermano Ibon y yo. Habíamos hecho unos pinitos en el campo, en una finca que teníamos en Medina. Y empezamos con las zanahorias. Al lado del hospital de Puerto Real pusimos una fábrica y poco a poco hasta convertirnos actualmente en la primera empresa exportadora de zanahorias de España. Trabajamos con unos franceses de los más fuertes que hay en Europa y hemos empezado a trabajar ya con mercado comercial. Nos compraron la sociedad, pero la gestión en España la llevan mi hermano Ibon y mi hijo Mikel. Tenemos la factoría en Guadalcacín. El negocio, como todos los que tenemos, es de los tres hermanos.

-¿Por qué no siguió usted en el negocio de las zanahorias?

-Mi hermano estaba más dedicado al campo y yo al tema de Astilleros, pero al principio en el campo no había faena para dos. Y buscando una oportunidad de negocio nos enteramos que se vendía el local donde estaba el Kentucky Fried Chicken.

-Y allí nació La Marea.

-Fuimos desechando tipos de negocio y nos decantamos por una marisquería, cuando sólo existía la de Baro. Tuvimos la suerte de contar con la ayuda de Manolín 'El Gamba', el de Joselito, compadre de mi hermano Ibon. Nos ayudó mucho, se volcó y su familia, los Álvarez, para ayudarnos a iniciar el negocio del marisco. Además, yo siempre amé la cocina gracias a mi madre. Era una gran cocinera y me encantaba verla en los fogones. Iba con ella al Mercado Central a hacer la compra. Vivíamos cerca, en la calle Arbolí. Empecé a hacer pinitos en la cocina de La Marea y hasta aquí, después de más de 25 años. Somos lo que somos porque me he rodeado siempre de un gran equipo. Yo soy sólo una pieza del puzzle.

-Después abrió usted el restaurante Elcano.

-Hace once años. De momento va, que no es poco. Son dos tipos de negocios distintos.

-El de La Marea fue el primer chiringuito de España con la 'Q' de calidad turística y con la certificación ISO 14001 desde 2001. Llama la atención que con estas garantías no haya instalado usted este año el chiringuito de la playa.

-Han salido nuevos pliegos de condiciones con los que no estábamos de acuerdo. Se ha valorado solamente la aportación económica, a modo de subasta, sin tener en cuenta los méritos alcanzados hasta ahora y los premios de calidad. Antes contaba el 50 por ciento el dinero y el otro 50 los méritos y la experiencia. Ahora es 85% el dinero y el 15% el resto. Hemos concursado y no lo hemos conseguido. Dicho esto, el hostelero que tiene la concesión lo ha conseguido en buena lid, ahí no podemos decir nada.

-¿Siente que le falta algo este verano?

-Siento pena, es verdad, después de 17 años con el chiringuito. Sobre todo por los empleados, ya que teníamos un equipo fabuloso. De lo contrario no podíamos tener la 'Q' y pasar controles y autocontroles periódicos. Estos empleados se colocaban en otros establecimientos tras el verano con la condición de volver a La Marea el verano siguiente. Los clientes de fuera venían todos los veranos buscándolos. Ya habían hecho amistad.

-¿Hay algún proyecto que se le haya quedado en el tintero?

-Tenemos uno muy bonito en lo que fue el Bar Pedrín, en San Juan de Dios. Ese local es nuestro. Hemos visitado muchos sitios de España buscando inspiración e ideas. Es un proyecto novedoso, de hostelería, que creemos que encajaría muy bien en Cádiz. Sin prisas, esperamos ponerlo en marcha el año que viene. La saga Elorza seguirá al frente de este negocio.

-Ponga un ejemplo, un detalle de cómo ha afectado la crisis a la hostelería.

-Astilleros, Tabacalera, el muelle... todo eso se ha perdido y con ello la alegría en los bolsillos de los gaditanos. Eso se ha notado mucho. Los clientes comparten más los platos. Raciones, sobre todo. Pero tenemos la suerte de que a la gente le gusta salir, menos mal, y hacer esfuerzos para tomarse una cerveza en la calle.

-¿Se están notando este verano esos brotes verdes de los que hablan desde Madrid?

-Se nota menos crispación en la gente, está más relajada después de un gran período de tensión. Los mensajes de los brotes verdes nos llegan por prensa, pero en el consumo no se va a notar hasta que descienda mucho más el paro. Afortunadamente la gente joven está muy preparada y no teme a nada. Es una pena que se vayan a trabajar fuera de España, pero volverán mejor preparados todavía.

-¿La Marea se aferra al verano para sobrevivir el resto de los meses?

-Bueno, el verano es la época fuerte. Pero tenemos un invierno cálido en los que aprovechamos los fines de semana. Además, estamos entre dos hoteles, el Playa Victoria y el Meliá, y se notan mucho las ventas con los congresistas que allí pernoctan.

-La Marea perdió esa estampa de sus alrededores repletos de personas los domingos por la mañana con su jarra en la mano. ¿Cómo afectó a su negocio la Ley Antibotellón?

-Reconozco que era lógico que se prohibiera. No era normal lo que se formaba aquí, visto ahora con la perspectiva del tiempo. Eso tenía que tener un fin. Nuestras 'jarras gaditanas' que encargábamos a Sevilla nos costaban al año un dinero porque se extraviaban. Le puedo decir que cada año perdíamos más de 5.000 jarras, que costaban cada una entre 500 y 600 pesetas. También, los que querían venir a la terraza se echaban para atrás viendo las aglomeraciones. Los tiempos son otros y hay que aceptarlo y adaptarse. Nos hacemos mayores y vamos pensando de otra manera.

-Usted fue premio Cádiz de Promoción Turística en 2012. ¿Está la ciudad en su mejor momento en este sector?

-No nos podemos quejar. Aquí hay mucha riqueza por enseñar y los turistas se están dando cuenta. Se ha hecho un gran trabajo desde el Ayuntamiento y desde el Patronato Provincial de Turismo, con González Piñero a la cabeza presentando Cádiz por toda España. No nos olvidemos de la labor de Horeca o de la Cámara de Comercio.

-¿Qué relación sigue teniendo con su familia de Eibar?

-Muchísima. Vamos muy a menudo y tenemos una gran amistad con nuestros primos. Nosotros somos gaditanos porque vinimos aquí muy pequeños, pero no hemos perdido el contacto.

-¿Tiene usted sus 8 apellidos vascos?

-Un primo hermano nuestro hizo hace tiempo el árbol genealógico. Y salían 60 apellidos. El árbol lo hemos roto nosotros al afincarnos en Cádiz. Pero tenemos 60. Por todos lados. Ocho te los puedo decir del tirón.

-Adelante.

-Elorza, Guisasola, Andueza, Albizuri, Iriondo, Arriola, Arrizabalaga y Yarza. Agustín Guisasola, un famoso defensa central que tuvo el Athletic de Bilbao es primo nuestro.

-¿Y qué le pareció la película?

-Divertidísima. No conozco a nadie que no le haya gustado. Está exagerado tanto el vasco como el andaluz, pero la película está muy bien.

-Y de remate, la chirigota de 'Los Patxis...'.

-Oh, eso ha estado genial, sembrao. Yo quizás le hubiera metido más babetazos, pero supongo que han querido ir con pies de plomo para no ofender a nadie. Es nomal. El tema está muy bien tratado. Mi gente de Eibar se partía de risa viendo la chirigota.

-Usted salió en chirigotas, según cuentan...

-El mismo año de 'Los cruzados', en 'Las hierbas salvajes del doctor Morsegué' y al siguiente en 'Las cortinas del Falla', con Manolo Rocha, José Mari Jurado y compañía. Saqué hasta un romancero.

-¿Qué me dice?

-Se llamaba 'Los rehenes del ayatolá', cuando Jomeini hizo rehenes a un montón de americanos en Irán. Yo iba de Jomeini y mi cuñado Manolo del Tío Sam. Relatábamos los martirios a los que los iraníes sometían a los americanos. El Pantera, el buzo, tenía una chabola al lado de nosotros en Astilleros y fue él quien nos pintó el cartel del romancero con unos dibujos espectaculares. Nos hartábamos de reir inventando las pamplinas del romancero.

-Una pregunta futbolera. En Primera, a falta de Cádiz, bueno es el Eibar, ¿no?

-Yo soy del Cádiz, pero estoy muy contento con el ascenso del Eibar. En mi casa somos todos cadistas. No se ha sabido aprovechar el boom de la juventud en el cadismo. Y vienen muchos jóvenes de la provincia al Carranza. Es necesario llenar el estadio y creo que esto lo han entendido ya los nuevos gestores del club. Y otra cosa: se echan en falta jugadores de Cádiz, que sientan la camiseta. Desde luego, es un milagro que otra vez haya miles de socios. Yo y mi familia ya lo somos desde el mismo día que abrieron las taquillas. Los primeros en la cola.

-Le preguntaba por el Eibar.

-Sí, es verdad. Resulta que después de ascender le exigían en la LFP una ampliación de capital para jugar en Primera División. Los Elorza hemos comprado acciones del Eibar y hemos ayudado a que puedan cumplir con los requisitos. Hasta gente de Australia ha comprado acciones. Ha sido un 'boom'. Ya estamos planeando ir a ver al Eibar a Sevilla o Málaga.

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