Barber shop Manolo Román: "En esta peluquería nos sentimos parte de la Viña"

  • El secreto de mantener un negocio con éxito es saber adaptarse a los tiempos, una premisa que ha aplicado el peluquero gaditano en su, ahora, 'barber shop' desde sus comienzos hace más de 30 años

El peluquero gaditano Manolo Román. El peluquero gaditano Manolo Román.

El peluquero gaditano Manolo Román. / Lourdes de Vicente

En Manolo Román el cliente se siente cómodo. Se respira una especie de complicidad compartida entre el titular y sus trabajadores en este espacio de la calle la Rosa que provoca que, rápido, el usuario entre en el juego. El ruido de las maquinillas o el leve crujido del rasurado a navaja se ve a veces interrumpido por la broma, por la risa consiguiente, y vuelta al trabajo concienzudo y siempre en constante búsqueda. ¿Qué viene buscando la gente en Manolo Roman Barber Shop? Para el profesional gaditano la respuesta no es fácil porque, con cierta humildad, dice que cada cual acude al lugar donde se siente a gusto. “Yo es lo que intento, supongo que como todos mis compañeros, que la gente se sienta bien, contenta con el resultado y que vuelvan otra vez. Pero sin competencia con nadie, simplemente, por el afán de superarse uno mismo”, decide uno de los nombres imprescindibles del comercio local del barrio la Viña.

–Peluquero por...

–Vocación, siempre me ha gustado y me puse a ello.

–Hace ya unos años, ¿no?

–Pues sí, hace 32 años. Empecé, como todos, de prácticas en una peluquería, bueno, yo estuve en Nico y en Carlos, en la calle Sopranis; y luego ya puse mi negocio. Bueno, y antes me saqué el título, claro, en San Fernando.

–¿Y eso? ¿Por qué no en Cádiz?

–Porque entonces en la academia de Cádiz sólo cogían a mujeres y no había hombres. Y, allí, en la academia de San Fernando sí te admitían. De hecho, en mi año éramos unos cuantos.

–Entonces, ¿usted me podría pelar a mí?

–Sí, claro, yo tengo el título de peluquero, no el de barbero que es para caballeros, pero siempre me ha gustado dedicarme al público masculino.

–Entonces, ¿nunca ha peinado a una mujer ya con su negocio?

–Bueno sí, claro... Aquí vienen chicas pero con el pelo corto. La cosa es trabajar el pelo corto, mejor dicho, que es lo que me va.

–¿Cuándo se decide a volar solo con su propio proyecto?

–Pues en el año 92 que puse mi primera peluquería, en la calle Manuel Rancés. Los comienzos costaron un poco, hacerse uno con la clientela propia y eso... Y, además, era una calle difícil, al menos para mí. Así que en cuanto pude decidí cambiarme de local y me fui a la calle San José esquina con Sacramento, donde ya empezaron a funcionar las cosas y me pasé allí ocho años y medio. Y ya luego me vine aquí a la Rosa. Tuve la oportunidad de comprar este local y aquí estamos bastante a gusto. Mucho. En esta peluquería nos sentimos parte del barrio de La Viña, y eso es muy bonito. Nosotros y José Manuel, ahí en San Félix, que lleva un montón de años también.

–En todos estos años, habrá notado usted la evolución en su sector. ¿Cuida ahora más de su aspecto el hombre?

–La evolución ha sido grandísima, sobre todo, en los últimos 7 u 8 años con, curiosamente, la vuelta a lo antiguo, a la barbería tradicional. Por eso también decidí trasformar el negocio y ampliarlo a barbería en ese tiempo, porque había una gran demanda de arreglar barbas, bigotes... Una cosa que antes, cuando yo empecé, no se llevaba tanto. De hecho, en los años 90 fue el momento de perderse un poco esa barbería tradicional, aunque hay negocios que se han mantenido en el tiempo, claro, pero la mayoría se perdieron y se pusieron muy de moda lo que es la peluquería unisex.

El interior de la barber shop de Manolo Román. El interior de la barber shop de Manolo Román.

El interior de la barber shop de Manolo Román. / Lourdes de Vicente

–¿Y los productos también han cambiado no?

–Claro, las marcas, los proveedores, también se van actualizando con el mercado, con la demanda. De las antiguas lociones y brillantina, después pasamos al tema de la cera para el pelo, que ya está menos de moda, y ahora son más los polvos fijadores, por ejemplo, y otro tipo de fijadores para las barbas y los bigotes.

–Y mucha técnica, entiendo... Una vez escuché que el barbero tiene más técnica que el peluquero

–Pues no sé qué decirte... Está claro que el barbero tiene que saber manejar bien la navaja pero date cuenta que con lo que hablábamos de la evolución de lo que te pide el cliente, ya no se trata de meter la maquinilla a un número y listo. El peluquero tiene que saber manejar bien la tijera. Hay auténticos artistas. Y en cuestión de peluquería de señora... Ni te puedes imaginar... Hacen virguerías...

–¿Y ahora, qué es lo más demandado por su cliente joven?

–Muchos cortes degradados, sobre todo. Cada época tiene sus cosas de moda y tienes que andar al tanto, siempre actualizándote. Nosotros, cada cierto tiempo siempre hacemos cursos y nos vamos formando en tendencias, en nuevas ideas, vas probando cosas, para luego adaptarlas aquí al cliente.

–Porque su clientela es más bien joven...

–Siempre he tenido a mucha gente joven. Entonces, mantengo a los clientes que cuando empecé eran jóvenes y siempre sumando a nuevos clientes jóvenes. Aunque, como te decía, ahora los jóvenes vienen buscando cosas más tradicionales que incluso las personas más mayores.

–Gente conocida que venga por aquí...

–Pues mira Fernando Niño, el jugador del Villareal, cada vez que está por aquí viene a cortarse el pelo con nosotros. Y luego pues de la gente del Carnaval prácticamente todos los que viven o trabajan por aquí son clientes nuestros: Manolín Santander, el Waxi, el Carli... Bueno y me haría especial ilusión que pongas que también en los últimos años hemos arreglado nosotros a la comparsa de Juan Carlos Aragón. El año de ‘La Guayabera’, por decirte una, le hicimos nosotros todas las barbas, que iban muy perfiladitas, muy chulas.

–¿Qué es lo más extraño que le han pedido?

–Uff, no sé qué decirte... “A mí me vino un hombre los otros días pidiéndome que le hiciera tres brechas por los tres golpes que la ha dado la vida...”, cuenta uno de sus trabajadores. “¿Y no le has contado lo de Romario? No es extraño pero es bonito, ¿no?”, azuza otro ante la negativa de Román.

–Venga, cuéntemelo...

–Es que son cosas que uno hace pero no para que se cuenten. “Venga, si un cliente lo puso en Facebook y todo” (insiste el trabajador). Bueno, pues nada, que una persona sin hogar necesitaba que lo pelara y, nada, le busqué un huequito y el hombre vino los otros días con una caja de bombones a agradecerlo.

–¿Cuál diría que ha sido el mayor obstáculo al que se ha tenido que enfrentar en estos años y cuál la mayor satisfacción que le ha reportado su negocio?

–Los obstáculos, como te decía, los del principio. Hacerte con la clientela, el tema de los alquileres de los locales también... Tener éste en propiedad es una tranquilidad. Y todo por el afán de superarte siempre. Yo cuando me he visto que no avanzaba siempre he intentado cambiar algo para dar un paso más. Y satisfacciones muchísimas pero la mayor de ellas es que mis hijos pues se han interesado por esto también y, bueno, están siguiendo con la profesión.

–¿Qué me dice?

–Pues sí. Él (señala a uno de sus tres trabajadores que se están afanando en la peluquería, a pleno rendimiento) es hijo mío y trabaja conmigo y aquel (un chico más joven) también es hijo mío y está ahora mismo de prácticas. Y luego tengo al mayor que acaba de abrir, vamos, el pasado el lunes, una barbería propia, Román, en la calle Sagasta.

–¿Cómo ha afectado la crisis sanitaria a su negocio?

–A ver, antes del coronavirus, los cuatro teníamos todo el día ocupado. Durante toda la jornada, los cuatro teníamos a un cliente tras otro y ahora, pues bueno, la cosa ha bajado, se nota sobre todo porque nosotros damos las citas más separadas para que aquí no se junten muchas personas. Así que preferimos por seguridad pues trabajar con menos clientes al día. No me puedo quejar pero estamos deseando, claro, que todo esto pase y volver a la normalidad del todo. Pero ha habido momentos duros... Sobre todo con el confinamiento. Estuvimos 50 días cerrados y eso fue una puñalada, para nosotros y para cualquier negocio. Afortunadamente, en cuanto se pudo abrir los clientes nuestros respondieron del tirón. Estamos muy agradecidos, desde luego, a nuestros clientes. Aunque hay un sector que hemos perdido...

–¿A cuál se refiere?

–Pues a los Erasmus. Por esta zona viven muchos estudiantes de intercambio y suelen venir aquí todos los años. Muchos chavales italianos, alemanes... Pero este año nada, eso se ha notado un montón.

–Ya que estamos en vísperas. Un deseo para 2021...

–Bueno, pues que todo esto del virus acabe pronto, que volvamos a la normalidad y que bajen el IVA que es del 21%...

–¿Pero esto no era una actividad esencial según el Gobierno? ¿Cómo que tiene el IVA del producto de lujo?

–Pues eso digo yo... Esto fue cosa del anterior gobierno del PP que fue el que subió el IVA de este sector, del 12% al 21%... Era por la crisis, pero así se quedó y es asfixiante.

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