música · Tercera y última jornada en el festival NSM

La segunda casa de Enrique Bunbury

  • El cantante aragonés lleva su entusiasmo al público de Cádiz, que llenó el muelle desde primera hora para ver, entre otros, a Antílopez

Enrique Bunbury, totalmente entregado durante su concierto de anoche en el muelle gaditano. Enrique Bunbury, totalmente entregado durante su concierto de anoche en el muelle gaditano.

Enrique Bunbury, totalmente entregado durante su concierto de anoche en el muelle gaditano. / jesús Marín

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Y la espera estalló en una ovación emocionada y estruendosa. Bunbury hizo su entrada en el gran escenario del No sin Música, en el último día del Festival más marinero, tras tres días de atraque en el muelle gaditano, lleno como en ninguna de las jornadas anteriores. El impresionante juego de luces alumbró la entrega del público sempiternamente fiel al cantante zaragozano. "Cádiz es como mi segunda casa" confesó, y la declaración de amor terminó de rendir a la gran cantidad de padres e hijos que cantaban a dúo sus canciones, y que no estuvieron dispuestos a desmontar de su locura en toda lo que duró el concierto.

La ceremonia de la confusión, tema de su último disco, abrió la función y enganchó desde el principio al público, experto en todos sus trabajos y que ya llenaba el recinto desde varias horas antes. Las primeras canciones van dedicadas a su último trabajo, hasta que al cuarto de hora, Bunbury se suelta con un clásico, Mar adentro, que abre la senda a un buen puñado de canciones tan conocidas que el público no puede más de entrega.

El puerto, que ya no da abasto para servir comida y bebida, sigue recibiendo gente durante toda su actuación. Cuando el músico coge en sus manos la guitarra y se marca un solo, la gente enloquece. Sí, se puede bailar y cantar durante todo un concierto, aunque no seas el artista. Bunbury, por su parte, no se corta, se baja del escenario se sube a la valla, deja que sea el público el que cante. A esa hora, en el concierto instrumental han entrado en el grandioso palco escénico guitarras, saxos, acordeones, pianos, bongos, baterías... como una enorme (en todos los sentidos del término) banda para acompañar la voz del cantante, que se muestra en plena forma y, ya lo ha dicho varias veces, como en casa.

Antes de la medianoche, en la despedida la voz de Bunbury había adquirido la reverberación adecuada, la noche se había calmado y enloquecido al compás de sus cuerdas vocales. El público no podía disimular su satisfacción... se les notaba en la cara. Y la noche siguió.

El último día del festival No Sin Música se presentaba ayer con un sol que acompañado de suave brisa, hizo muy agradable la media tarde. Arrancaba esta tercera jornada festivalera con la actuación de los jóvenes de The Milkyway Express, que pudieron interpretar algunas piezas de su disco Malinche y que empezaron a poner a tono a un público que timidamentre iba apareciendo por el puerto. Cambio de escenario para escuchar y ver a la banda Last Drop, que este año estrena su primer disco, y que por el agrado que causó en el público ayer, seguro tendrá mucho éxito. Tiempo corto de descanso para refrescar gargantas con refrescos y cerveza en las barras que existen en el recinto. También para degustar algunos platos de comida rápida algo elaborada. Y es que el festival, ha contado con varios food trucks que servían comida rápida de lo más variopinta, como el de Arsenio Manila, en el que el atún es el producto estrella.

A las siete de la tarde, aproximadamente, comenzaba uno de los platos fuertes de la jornadea. El recinto del festival comenzó a llenarse de gente de forma instantánea. El motivo era la actuación del grupo onubense Antílopez. Este dúo, precursores del 'chiripop absurdo depresivo', consiguió que, de las tres tardes de todo el festival, la de ayer fuese la que más afluencia de público tuviera. Mantuvieron al público despierto y divertido, y activó, más si cabe, las ganas del público de seguir la fiesta. Temas como Harto de estar Harto o Musa en paro busca poeta, combinados con el humor y el salero que caracteriza a este grupo, fue la combinación perfecta para que el público disfrutase tanto de un concierto totalmente atípico hasta ahora.

Que Antílopez ya haya visitadio Cádiz en otros conciertos, pudo notarse ayer al momento. La simbiosis entre el grupo y el público,y el humor que le aplican a las interpretaciones, no dejaron de arrancar las carcajadas de los allí presentes. Hasta se pudo ver a algún que otro conocido carnavalero de la ciudad disfrutando de tan jaranera actuación.

Así fue trascurriendo la tarde con las notorias intervenciones sobre el escenario de La Tarambana, Vintage Trouble o Santísima. A medida que estos grupos iban tocando cada vez más gente iba dejándose ver por el lugar.

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