Día Internacional Contra la Violencia Hacia las Mujeres| Testimonio "Es una satisfacción increíble saber que soy la dueña de mi vida"

  • Una víctima de violencia de género cuenta cómo consiguió dejar atrás del maltrato

  • Quiere que las mujeres que están pasando por esa situación sepan que "es posible salir"

Los maltratadores suelen anular la personalidad de las víctimas. Los maltratadores suelen anular la personalidad de las víctimas.

Los maltratadores suelen anular la personalidad de las víctimas.

Una voz juvenil y alegre nos atiende al otro lado del teléfono. Pide que le llamemos Marta. No es su nombre real. No quiere que se le identifique, pero sí contar su historia. Quiere que las mujeres que sufren violencia de género sepan que se puede salir de esa situación y pueden volver a ser felices, porque ella lo ha conseguido. No ha sido fácil: ha tenido que enfrentarse a sus miedos, pero los ha vencido y desea ayudar a otras mujeres a que hagan lo mismo.

Marta ha logrado separarse de su maltratador, vive con su hijo y tiene un trabajo a tiempo parcial. Afirma que se encuentra con mucha fuerza y prefiere quedarse con el lado positivo de lo que le ha ocurrido. Actualmente, se siente "superpositiva, feliz, con ganas de comerme el mundo, de trabajar, de ayudar". También se considera una afortunada: "Todos los días doy gracias a Dios por mi situación actual, por haber conseguido estar donde estoy, con mi hijo. Pero también doy gracias por lo que he pasado, porque soy quien soy por lo que he pasado. Me ha hecho ser más fuerte, o darme cuenta de todo lo fuerte que era; y haber salido adelante me ha dado más confianza en mí misma, en saber que soy capaz de conseguir todo lo que me proponga".

Asegura que jamás se imaginó que ella podía ser víctima de violencia de género. "Cuando te das cuenta, ya estás en el boquete y te preguntas: ¿cómo he llegado yo hasta aquí?".

Cuenta que primero comenzó el maltrato psicológico y luego llegó el físico. "Fue todo muy poco a poco, porque el maltrato no empieza de forma radical. Progresivamente te vas anulando como persona y te aíslas. Te crees que esto lo haces porque quieres, pero en realidad, te estás amoldando a lo que quiere él, para evitar discusiones y peleas".

"Cuando te das cuenta, ya estás metida en el boquete y te preguntas: ¿cómo he llegado yo hasta aquí?"

Cuando conoció a su expareja, se dio cuenta de que era un hombre celoso, pero no le dio mucha importancia. "Los celos se fueron incrementando con el tiempo. A raíz del nacimiento de mi hijo, la cosa fue a peor: empezó a echarme en cara cosas del pasado y cada vez las discusiones eran más agresivas. Comenzaron los insultos, los desprecios y las humillaciones. Al principio no te das cuenta y no entiendes este comportamiento, pero él le da la vuelta a la tortilla y te hace sentir que todo lo que hace es porque te lo mereces, porque tu comportamiento no es el correcto, y acabas asumiendo que es tu culpa".

Dice que cuando empezaron las agresiones físicas, con su hijo ya en el mundo, comenzó a preguntarse por qué le estaba pasando aquello y si realmente se lo merecía. "Mi principal temor era que esa personita normalizara la violencia y que en un futuro pudiera pasarle lo mismo".

Marta nunca llegó a denunciar a su agresor, el miedo la paralizaba. "Tenía mucho miedo porque las amenazas eran constantes. Me decía que cualquier día me vería en las noticias. Unas veces eran amenazas de muerte y otras, cuando le decía que acabara ya con todo, él respondía que no me iba a dar ese gusto". También la amenazaba con quitarle a su hijo.

Después de la primera agresión, Marta se puso en contacto con un abogado. "Sobre todo para informarme si era verdad que podía quitarme al niño. El abogado se portó muy bien conmigo y me dijo que tenía que buscar apoyo familiar, porque mi familia no sabía nada de lo que estaba ocurriendo. También me dijo que me quitase de en medio lo antes posible porque lo siguiente serían las palizas. Tenía mucho miedo, pero tomé la decisión de que mi vida tenía que cambiar".

Lo primero que hizo fue buscar un trabajo porque veía necesario tener independencia económica. "No quería depender de mi familia o irme con mi hijo a una casa de acogida. Quería normalizar mi vida lo máximo posible. Y tuve suerte: encontré un empleo y estoy trabajando a media jornada. No es mucho, pero me da para mantenerme y puedo conciliar mi vida familiar".

En ese proceso conoció el Programa de Empoderamiento y Activación para el Empleo para mujeres con discapacidad, que llevan a cabo COCEMFE (Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica) y Obra Social 'la Caixa', que también atiende a mujeres víctimas de violencia de género. "Entré en el programa y me ha cambiado la vida. Para mí, ha sido lo más importante para poder salir de la situación en la que me encontraba y darme cuenta de que yo lo valgo, que soy útil y soy una maravillosa persona", comenta entre risas.

Asegura que el Programa Empoderarte, de 'la Caixa' y COCEMFE, ha sido fundamental para salir de la situación en la que se encontraba

Insiste en que "gracias a esto y a mi trabajo, he conseguido salir adelante y soy otra persona. Bueno, más bien he vuelto a ser yo. Ya tengo otra vez la alegría en los ojos, me cuido, vuelvo a verme guapa... Antes evitaba mirarme al espejo porque no me gustaba lo que veía. Él quería que me arreglara para él, pero luego, si me veía arreglada, me decía que era para otro y que nadie me iba a querer. Pero ahora, la primera que se quiere soy yo, y me veo guapa por fuera y por dentro, que es lo importante".

Marta anima a cualquier mujer que se encuentre en una situación similar a la suya a que acuda al Programa de Empoderamiento que "además, es gratuito". Afirma que allí hay profesionales que le han ayudado “a encauzar el camino, a afrontar el miedo y a darme cuenta de que es posible salir de esa situación”. Por eso, quiere transmitirle a otras mujeres que "aunque tengan miedo y no vean salida, la hay. Se puede salir. Aunque creamos que estamos hundidas, se puede salir adelante y se puede llegar a ser feliz porque ahora mismo, yo soy feliz".

Asegura que tiene los mismos problemas de todo el mundo: la inquietud de si le van a renovar el contrato en el trabajo, el pago del alquiler... "pero es una satisfacción increíble saber que yo soy la dueña de mi vida. Tomo mis propias decisiones, escucho pajaritos por la mañana y no broncas, gritos ni insultos; mi hijo me ve sonreír, que es muy importante, y tengo ganas de vivir la vida".

Hace hincapié en que para ella, su paso por el Programa de Empoderamiento ha sido "un antes y un después. No parezco la misma persona pero lo soy. He vuelto a ser yo. Él me tenía totalmente anulada, no podía hacer nada sin su visto bueno, y no se cortaba en llamarme la atención en público y con eso, te vienes abajo, te ves muy chiquitita".

Esta mujer reconoce que los miedos no se vencen de un día para otro, “pero hay que trabajar y enfrentarse a ellos”. En este sentido, cuenta que ella sigue viendo a su expareja por el niño que tienen en común, “pero ya no tengo miedo a denunciar o a hacer lo que tenga que hacer si él me hace algo ni a plantarle cara”.

Afirma que ha sido un proceso largo, que ha durado más de dos años, pero ha conseguido separarse definitivamente de su expareja y dejar atrás el maltrato. Ha conseguido ser dueña de su vida y ser feliz.

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