Daniel Sánchez López · director de fotografía en bollywood

"Me decían friki y no entendía por qué no lo eran los del fútbol o el Carnaval "

  • De Los Ángeles a Bombay. Apenas conocido en España, este cineasta gaditano trabaja en algunas de las películas más vistas del planeta porque su público es inmenso: toda la India

Daniel Sánchez Lópezdirector de fotografía en bollywood"Me decían friki y no entendía por qué no lo eran los del fútbol o el Carnaval " Daniel Sánchez Lópezdirector de fotografía en bollywood"Me decían friki y no entendía por qué no lo eran los del fútbol o el Carnaval "

Daniel Sánchez Lópezdirector de fotografía en bollywood"Me decían friki y no entendía por qué no lo eran los del fútbol o el Carnaval "

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Daniel Sánchez López (Jerez, 1981) es un director de fotografía muy poco conocido en España, pero es una celebridad en la India, donde existe una industria cionematrográfica potentísima de la que todos hemos oído hablar pero de la que tan poco sabemos, Bollywood. Sin embargo, su lugar de residencia es Los Ángeles. Entre Los Ángeles y Bombay afirma vivir en "los dos lugares más caros del mundo", lo que reduce sus posibilidades de ser propietario. Esa situación le da una sensación de tránsito.

-Análisis de causas. ¿Cuáles fueron sus primeros contactos con el cine?

-Yo tenía dos tíos que eran muy diferentes entre sí en cuanto a gustos, pero que compartían una pasión: el cine. Pero a ambos les gustaba un cine muy diferente. Ella vive ahora en Alemania y él es físico. A mi tía le encantaba el cine mudo y con siete añitos me ponía películas de Buster Keaton, de Chaplin... Mi tío tenía colecciones de género. Mucho terror clásico, pero también Paul Naschy y mucha serie B. Era un convencido del vídeo Beta y ya se saben cómo eran los del vídeo Beta. En su casa cogí un día una peli que pensaba que era de dibujitos por el nombre. Se llamaba La naranja mecánica. A mí me encantó. Mi tío me preguntó que si me había gustado, le dije que sí, pero que me había sorprendido que no salía ninguna naranja. No sé, creo que me esperaba una naranja hablando.

-Vaya, que usted era un friki del cine desde chico.

-Eso me decían, friki. Pero yo no lo entendía. Claro, en el instituto nadie estaba tan colgado del cine como yo, pero me preguntaba que por qué no llamaban friki de la Semana Santa al que estaba todo el día con las marchas. Y no, eso era un capillita, no un friki. O del carnaval, pero no, tampoco eso era un friki. O del fútbol. Que era la mayoría, gente de fútbol todo el rato. Tampoco era un friki, el friki era yo, el raro era yo, aunque a mí era lo otro lo que me parecía raro. Al final casi hasta me gustaba que me lo dijeran, aunque ser un friki no hacía que tuviera muchos amigos en el instituto. Eran los años del videoclub y al del videoclub lo tenía frito: tráeme esto, tráeme lo otro... Por entonces costaría 60 céntimos alquilar una película. Podía verlo todo y me gustaban especialmente las que en la carátula tenían un laurel de Cannes o de Venecia.

-¿Cuándo pasó de ver las películas a hacerlas?

-Yo estudiaba en el instituto Coloma de Jerez donde se apoyaba mucho la creación artística. Había concursos de todo: de cortos, de relatos. Los ganaba todos. ¡Incluso se hizo uno de cocina!

-¿También lo ganó?

-No, quedé segundo. Preparé uno de estos postres británicos muy elaborados. Y me ganaron unas albóndigas con chocos. ¿Se lo puede creer?

-Volvamos al cine. ¿Cuál es su primer recuerdo rodando?

-Rodar lo hago casi desde que tengo noción. A los 11 años mis padres me regalaron una videocámara y recuerdo que, con un amigo, hice una historia de un asesino en serie que dejaba como sello, tras sus crímenes, propaganda electoral del PSOE. Yo hacía once papeles y mi colega tres. Pero mi primer corto que mereciera ese nombre lo llamamos Corazón tan rojo. Era un falso documental, un fake. Un tipo mata a su hermano y luego se suicida. Como no tenía actores, tiré de los profesores del instituto haciendo de sí mismos e iban hablando de quién podría haber sido el culpable final de este hecho. Fue un montaje digital, con los dedos. Con un dedo daba al rec y con otro al play. La gente se quedó sorprendida con el resultado.

-Estudió comunicación audiovisual en Sevilla. Ya se sabe lo que dicen de las universidades españolas, que se aprende poco.

-Pues a mí me sirvió. Quizá no tanto a nivel técnico como una forma de acceder a un pensamiento global. Yo no sé cómo está ahora la cosa porque mi promoción fue la última del antiguo plan, pero recuerdo que ahí fue la primera vez que oí hablar de la teoría del goalkeeper y hoy dices: es lo que está sucediendo con internet. Me sucedió con muchas otras cosas. Me interesaban. Quizá no servían para nada si lo que querías era hacer películas, pero eran conocimientos que nunca vienen mal. Y fue a través de la Universidad, en el doctorado, como conseguí una beca para estudiar en la Cornell University de Nueva York.

-¿Aquello era otra cosa?

-Era un curso enfocado directamente a hacer un trabajo audiovisual. Allí rodé mi primer corto en 16 milímetros. Se llamaba Escaleno y era la misma historia contada desde tres perspectivas.

-Como 'Rashomon', de Kurosawa.

-Algo así, aunque no me inspiré en ella. Me dieron varios premios y pude acceder a otra beca, ésta, de La Caixa, para especializarme en California.

-Lo lógico es que se hubiera especializado en dirección, pero lo hizo en fotografía.

-No, yo pensaba en la edición. En edición es fácil que te salgan encargos, pero también es un mundo muy restrictivo. En California el primer año era una tabula rasa, te ofrecían de todo y a mí hacía tiempo que me picaba la fotografía. El lugar era increíble. Eran cuatro estudios equipados con millones de luces. Tenías un montón de focos con los que jugar, podía experimentar iluminación orgánica. Aquello me permitía aprender mucho de mis errores. Desde pequeño, en las películas, además del argumento, me interesaba cómo estaban hechas las películas no sólo que existiera un director que dirigía a unos actores.

-¿Qué salió de aquello?

-Todo. Había que hacer un corto final que era como si fuera la tesis. A mí me salieron cinco. Trabajé con compañeros de la India y en California rodamos un corto de un niño que vivía entre Pakistán y Afganistán y un documental para Coca Cola con música sufi.

-Ya tenía claro que no iba a volver a España.

-Siempre digo que estoy deseando trabajar en España. Parece mentira que en un mundo tan global haya tantas barreras para los técnicos cuando estás en el extranjero. Además, es muy difícil hacer una película en España. No encuentras inversor. Hay que tirar con dinero público o televisiones.

-De modo que se quedó en Estados Unidos.

-Quería seguir experimentando en Estados Unidos. Conseguí un trabajo en el Festival de Sundance, en el que no me pagaban mucho, pero era magnífico porque consistía en seleccionar proyectos de directores internacionales. Tenía acceso a todo el cine internacional del futuro. Por ejemplo, me llegó el proyecto de Pablo Berger sobre Blancanieves, que luego sería esa maravillosa película. Era como mis años en el videoclub, pero cada noche, en vez de una película, un proyecto. Había mucho interés en lo que se cocía en Hispanoamérica y, sobre todo, en la India.

-¿Así le llegó su oportunidad allí?

-Fue un poco una coincidencia: me ofrecieron un proyecto al mismo tiempo que una amiga se casaba allí. Me pagaron el viaje a Bombay. Era como una especie de Bonnie and Clyde en Delhi, pero con mucho protagonismod e ella. Tenía algo de feminista.

-¿Cuál fue la impresión que se llevó?

-Es el país más diferente que he visitado nunca. Cada día es una aventura y eso está muy bien, pero también puede llegar a cansar. Yo no soy de los iluminati, a mí eso no me entra, pero sí que es verdad que tienen una forma diferente y muy interensate de ver la vida.

-Aquí tenemos una idea de la producción de Bollywood dirigida a un mercado muy local.

-La relación de la India con el cine es increíble. Hay muchísimos cines y son veinte veces más baratos que aquí. Y sí, suelen ser siempre la misma historia e incluso te parece que son siempre las mismas canciones. Te dices: ¿dónde está la singularidad?. Pero sí hay un cine independiente que está muy escondido pero que a veces destaca. Hay buenas películas. Cuando trabajo allí me pregunto por qué estoy en la India, qué estoy haciendo. Lo hago porque quiero hacer un buen trabajo, tan bueno como si trabajara en cualquier sitio.

-¿Y hay recompensa?

-Mucha. El publico de la India no es un ignorante. Es uno de los más versados en lenguaje audiovisual. Hay tres idiomas, y no todo el muno habla a los tres, por lo que la comunicación visual es muy importante. Una de las últimas películas en las que trabajé, Majanati, ha sido un fenómeno en la India. Pero yo era sólo el director de fotografía y la gente me conocía por la calle. Me convertí en uan especie de celebrity. eso sólo puede suceder en la India.

-Es un pueblo al que le gustan las historias.

-Es una sociedad muy oral. Sigue habiendo muchos juglares y cuentacuentos por todas partes. ¿Y qué somos la gente del cine sino cuentacuentos?

-¿Cómo lo lleva con el cuentacuentos Donald Trump?

-Regular, pero también es cierto que California es una burbuja. Estados Unidos es un país en el que si no quieres enterarte de las cosas no te enteras. Y, además, al ser tan federal, hay pocas cosas que dependan de Donald Trump. El mismo día que Trump ganó las elecciones, California legalizó la maría.

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