Cádiz

Cádiz pierde al 45% de sus jóvenes en menos de dos décadas

  • La población de la ciudad ha envejecido a la par que ha ido descendiendo en número Se duplican los mayores de 85 años

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La población de Cádiz ha experimentado un envejecimiento radical en las dos últimas décadas. La notable pérdida de población que sufre la capital ha ido acompañada por un aumento de las personas mayores y una fuerte disminución de los más jóvenes, lo que puede afectar de lleno al propio desarrollo social y económico de la ciudad a corto y medio plazo.

En mayo de 1996, cuando se elaboró un censo intermedio (pues se hacen siempre cada diez años), estaban empadronados en la ciudad 51.871 personas con menos de 25 años de edad. Por contra, en el padrón del 1 de enero de 2012, esta cifra había bajado hasta apenas 28.329 personas, lo que supone un descenso del 45,38%. El INE publicó esta semana los datos del padrón cerrado al 1 de enero de 2013. Aún no se han hecho públicas las cifras por grupo de edad, pero Cádiz volvió a perder población en el último año, cerca de un millar de vecinos, por lo que estos parámetros seguirán siendo negativos.

El gobierno municipal ha rechazado la visión negativa que del continuado descenso de la población se viene realizando en los últimos años. Se defiende que Cádiz es la segunda ciudad más densamente poblada de España (dato en todo caso referido a capitales de provincia, liderada por Barcelona, ya que hay una veintena de localidades del país con mayor densidad de habitantes que Cádiz), pero no se menciona la profunda evolución que la pirámide de población está sufriendo a la vez que sigue el descenso en el padrón. La capital logró a principios de los noventa su récord de población, con algo más de 156.000 habitantes, por lo que desde entonces ha perdido 34.000 vecinos. El Ayuntamiento elaboró en 2009, cuando entonces sí le preocupaba la pérdida de habitantes, su propio censo tras criticar las cifras manejadas por el INE, indicando que entonces la ciudad contaba con 143.175 habitantes.

El indiscutido envejecimiento de la población supone para la ciudad un incremento en los costes sociales, aumentando las necesidades de plazas asistenciales, especialmente la públicas atendiendo a la precaria situación económica del conjunto de la ciudad. Este colectivo ciudadano es el que menos gasta, lo que incide en el comercio tradicional, y si hasta ahora sus pensiones suponían una garantía, el recorte en las mismas ya impiden que sigan siendo el sustento de muchas familias.

Por contra, el descenso en el número de jóvenes ha provocado en los últimos años el cierre de varios colegios, una situación que se irá agravando a lo largo de la próxima década si persiste esta pérdida de población.

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