Cádiz oculto

¿Qué hay de verdad?

  • Hay muchos factores que pueden provocar alteraciones en la manera de percibir la realidad como la sugestión o, directamente, la ignorancia sin sentido peyorativo

Imagen de 2016 con una superluna junto a una torre de la Catedral de Jerez.

Imagen de 2016 con una superluna junto a una torre de la Catedral de Jerez. / Miguel Ángel González

SIEMPRE digo que puede parecer frustrante al lector que me declare escéptico. ¿Cómo puede ser esto posible si me dedico a escribir sobre misterios? Porque, ojo, mi escepticismo es tal cual lo describe el DRAE: “Desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo”. Por lo tanto, no es que no crea tajantemente, sino que me gusta poner las cosas en un brete para intentar llegar a la verdad, o, al menos, acercarme lo máximo posible a ella. Los libros de Cádiz oculto se basan en transmitir leyendas, o historias más o menos modernas, relacionadas con el mundo del misterio; darle cuerpo escrito a lo que hasta entonces han podido ser relatos de tradición oral, que se han ido narrando en las masetiyas (así escribe esta palabra el gran Pedro Payán), casapuertas o mentideros de la capital o la provincia. No obstante, en muchos casos pongo en duda que lo que se me cuenta haya sucedido realmente así, no porque el testigo esté mintiendo, que los habrá también, sino porque desde su percepción cree haber vivido el acontecimiento tal y como lo cuenta. Hay muchos factores que pueden provocar alteraciones en la manera de percibir la realidad, como la sugestión o, digámoslo directamente, la ignorancia. Si alguien miedoso, o con ‘respeto’ hacia estos temas, visita una casa abandonada puede creer ver fantasmas donde solo hay sombras; si esa casa, además, cuenta con alguna historia paranormal, todo se dispara, y cualquier ruido, halo de luz, corriente de aire, etc., puede ser interpretado como fenómenos procedentes del otro lado. El individuo se sugestiona. Por otro lado, la ignorancia, sin sentido peyorativo alguno, puede adjudicar al más allá sonidos perfectamente justificables, porque los edificios se ‘oyen’, hacen ruido, y mucha gente no lo sabe.

Cuando me enfrento a una historia suelo investigar un poco más, dar un pasito hacia adelante en busca de la verdad. No repico los ‘misterios’, como hace Internet, sin poner en duda nada. Así, por ejemplo, me acerqué a la Casa de Oración de las Iluminadas, en Puerto Real, donde nada de lo que se me mostró (fotografías, vídeos, documentos…) parecía tener un origen enigmático. Igualmente, con interés por la verdad y respeto, que no están del todo reñidos, escribí sobre ese ‘plesiosauro’ que apareció en una playa de Zahara de los Atunes en 2002. Si me llego a quedar con lo que cuenta la Red habría sido ingenuo y desleal hacia mis lectores. Decidí hablar directamente con la persona que había tomado la fotografía, Sergio Pérez González, estudiante de zoología cuando realizó la instantánea, y él desveló el misterio, tal y como lo cuento en Cádiz oculto 2: se trataba del cadáver de un pez espada. Unos doce años después de aquel hallazgo, el propio Pérez González pudo saber de qué se trataba al examinar el cráneo de uno de estos peces.

En este mundo del misterio hay que intentar llegar siempre hasta el final

Igualmente expondré que, maravillado por la fotografía de una figura humana en un banco de la Catedral de Jerez, noticia a la que se le dio bastante pábulo en Internet, me puse no solo en contacto con el autor de la fotografía, que accedió amablemente a cederme el archivo NEF para su estudio. Así pues, tres fotógrafos distintos, dos ajenos al mundo de la investigación paranormal, lo analizaron y, sin ellos conocerse y saber que yo había enviado el archivo a ambos, concluyeron lo mismo: ni está manipulado ni encontramos errores ni nada que allí mismo hubiera podido provocar tal figura.

En este mundo del misterio, y aunque nos encanten las historias que nos cuenten, hay que intentar siempre llegar hasta el final, y, si no se puede, al menos transmitir los relatos como eso, meros relatos, experiencias que pudieran o no haber sido, sin aceptar a pie juntillas lo que se nos cuenta. Porque, en realidad, es imposible que haya tanta gente en Cádiz con la capacidad de ver fantasmas… al menos de los que aquí nos referimos.

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