Antonio Lizana · Músico

"Lo que quiero es encontrar el trance"Entrevista

  • El isleño llega esta noche al Baluarte de la Candelaria para participar en Cádiz Fusión.

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Antonio Lizana"Lo que quiero es encontrar el trance"Entrevista

Entre el jazz y el flamenco, entre el saxofón y el cante, entre Oriente y Occidente, el músico isleño Antonio Lizana, uno de nuestros talentos más originales y sorprendentes, navega cómodo entre mares distintos, sin perderse cuando la guía es la honestidad. Con Oriente, su tercer compacto, llega esta noche al Baluarte de la Candelaria para participar en Cádiz Fusión.

-Un primer disco es una declaración de intenciones y un segundo disco es la prueba, superada o no, de que el músico pueda tener recorrido. 'Oriente' es su tercer compacto, ¿es el de la consagración?

-Pues lo que dices me cuadra perfectamente porque estando con la misma formación y apostando por el mismo equilibrio entre música improvisada y flamenco, sí que creo que es en el que las composiciones están más homogéneas, más definidas,si cabe, ya no es mezcla de distintos elementos... Es el más homogéneo y asentado de los tres.

-Con respecto a 'Quimeras del mar' y 'De Viento' hay más cante, ¿ha sido pretendido?

-Pues sí, como el cante es una cosa que he estado descubriendo cada vez más en los últimos años, cuando haces un disco no quieres más que demostrar lo que estás trabajando últimamente. Y he estado trabajando en muchos cantes y he querido plasmarlos ahí. Y también hay más mensaje que quería decir, con lo cual hay más texto y hay que cantar más

-Entre esos mensajes está Frontera, el tema que abre el disco, una letra social y comprometida donde no hay medias tintas...

-Sí hay un par de temas de corte más reivindicativo como éste y Debí nacer ya culpable, que si Frontera hace referencia al dolor que causan las fronteras, a las miles de historias terribles que están sucediendo todos los días, Debí nacer ya culpalble narra el pensamiento de una persona que es esclava, que sabe que en toda su vida no va a poder tomar una decisión de manera autónoma sino que siempre va a ser esclavo de otra persona, una persona que no tiene sueños, y si intentas empatizar con una persona en esas circunstancias, realmente te conmueve.

-Esclavitud, libertad... ¿la música nos hace libres?

-Totalmente, y eso va unido con la temática de otras canciones que tienen un punto de trance o meditativo. Hay canciones que parecen un manual de meditación, como Respira, por ejemplo. Es algo a lo que todo el mundo debería acercarse, a este punto de meditación. Yo me he estado dado cuenta que últimamente me da igual la etiqueta pero lo que quiero es encontrar el trance. Encontrar el trance mediante un solo de saxo súper jazzero o cantando una seguiriya o meditando... Hay algo con lo que conectas, cierras los ojos, se va el tiempo y te olvidas hasta del sitio en el que estáas.

-Eso tiene que ver mucho con la cultura oriental a la que rinde homenaje.

-Exactamente, todo va ahí. El Oriente tiene un punto musical pero también un punto místico y espiritual. Y camino hacia ahí, hacia ese punto en el que conseguimos que la mente se calle y conectes con otra cosa.

-Musicalmente, ¿qué compases o estructuras toma de Oriente Medio, y creo que también de los países del Este?

-Pues, por ejemplo, Frontera está construido en 9x4, un ritmo que no se suele usar en Occidente ni en Sudamérica y que se usa en Irán y Turquía. Y, otro ejemplo, el tema que da nombre al disco está basado totalmente en la sonoridad de Omar Faruk, que es un músico turco que a mí me inspira mucho. En ese tema no toco el saxo, toco la flauta persa y luego le meto una toná-liviana que es un cante que está en desuso prácticamente.

-En el cante, ¿busca palos concretos o improvisa?

-Depende. En Debí nacer culpable tenía la base y buscaba un cante solemne y, como entonces estaba escuchando una petenera de Morente, me dio por cantarla encima y vi que le venía perfecta así que le escribí yo mi letra. Igual ocurrió en O dela, que tenía una base musical contundente y le metí una soléa de la Fernanda de Utrera. Pero también en otros muchos casos me surgen canciones que no tienen el aval de un palo o un estilo, sólo son canciones que en mi voz tienen ya el tinte aflamencadocomo en Frontera, Respira o Vengo perdido.

-Oiga, ¿y un fandango que tiene por ahí pero que suena diferente?

-(Ríe) Sí, en La semilla, es un fandango pero está hecho en 5x4 y con una armonía que no es la tradicional, vamos que lo único que conservo es la voz pero los acordes están ahí puestos de otra forma.

-¿Sigue siendo todavía exótico para el público lo de cantaor y saxofonista?

-Sí, mucho y, encima, aun más porque los conciertos son un derroche energético muy fuerte. Tocamos y cantamos al máximo, a flor de piel, no hay nada templadoy la gente me sigue preguntando que cómo no me asfixio, y la verdad es que no lo sé (ríe). Es algo muy físico y cuando termino los conciertos necesito mínimo media hora para recuperarme (ríe).

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