Alcalde republicano por solo un día

Historias de Cádiz

En marzo de 1904 el concejal republicano José García Cossío presidió el Ayuntamiento de Cádiz durante veinticuatro horas. Movimiento monárquico para recuperar el cargo

Llegada a Cádiz del Rey Alfonso XIII en 1904
Llegada a Cádiz del Rey Alfonso XIII en 1904 / Archivo
José María Otero

19 de febrero 2022 - 19:48

En marzo de 1904 la ciudad de Cádiz vivió una situación insólita para la época, con la presencia de un republicano al frente del Ayuntamiento, si bien dicho mandato apenas llegaría a las veinticuatro horas. Eran los años de la restauración monárquica y la representación republicana en la vida política española era muy escasa.

El alcalde de Cádiz era el conservador Luis José Gómez Arámburu, conocido por sus rivales políticos como ‘don Jota’. Eran años en los que el nombramiento de alcalde correspondía al Gobierno de la Nación, que lo designaba entre los concejales elegidos en las elecciones o bien autorizaba a que fuera elegido entre ellos mismos. Gómez Arámburu había triunfado con amplia mayoría en las elecciones anteriores y fue designado alcalde sin oposición alguna.

Los hechos que dieron lugar a la existencia de un alcalde republicano dieron comienzo en las elecciones parciales al Ayuntamiento celebradas en noviembre de 1903. Tras dichas elecciones y por diversos motivos fueron declarados incompatibles con el cargo de concejal los republicanos Francisco de la Viesca y José Quevedo. Por el contrario fueron declarados compatibles los monárquicos García Bourlier y Clotet y Miranda. Hubo recursos y el Gobierno de Antonio Maura, pese a su carácter monárquico, decidió en favor de los candidatos republicanos, ordenando que tomaran posesión de sus cargos de concejal y cesando a los monárquicos ya citados.

El alcalde de Cádiz había apoyado decididamente a Clotet Miranda y García Bourlier, con los que mantenía amistad política y personal. Al llegar la resolución del Gobierno contraria a sus intereses, consideró la misma como un reproche personal y dimitió de inmediato. Llamó a los concejales que le apoyaban para darles a conocer la resolución del Gobierno y anunciar su dimisión. “En cuestiones de dignidad, soy mi único juez”, afirmó. A continuación acudió al despacho del secretario, hizo constar su dimisión y le pidió que se despidiera de todos los funcionarios en su nombre. Finalmente, cogió su sombrero y marchó a su domicilio de la plaza de San Antonio.

El secretario municipal, Pró, conforme a la Ley, comenzó a llamar a los tenientes de alcalde para que se hicieran cargo de la Alcaldía. Juan Arámburu, José Luis de la Viesca, Augusto Marenco, Ruiz Tagle, Galván, Mier y Terán, Serdio y Rupérez, contestaron sucesivamente que se encontraban enfermos y que no podían hacerse cargo de la Alcaldía. Pró llamó a continuación a los concejales por orden del número de votos obtenido en las elecciones. Viniegra, Díaz Brau, Izpizua, César Gutiérrez, Sevilla, José Arámburu, Llull, Francisco Díaz, Lacave y Guerra Jiménez manifestaron no poder hacerse cargo del Ayuntamiento. Todos querían mostrar su solidaridad con el alcalde dimitido. Los siguientes concejales eran los republicanos José García Cossío y Gabriel Martínez, que no se encontraban en las Casas Consistoriales. El secretario, a la vista de la hora, envió un escrito al Gobierno Civil dando cuenta de lo sucedido.

A la mañana siguiente, cuando todos estimaban que el Gobierno se vería obligado a convocar nuevas elecciones, entró en el Ayuntamiento el concejal republicano García Cossío. Estaba acompañado por Manuel y Antonio Rodríguez Piñero, veteranos republicanos de nuestra ciudad y curtidos en cientos de batallas políticas. Cossío manifestó al secretario que era el concejal que por Ley le correspondía tomar posesión de la Alcaldía y que estaba dispuesto a ello. En efecto, Pró le dio posesión oficial y Cossío se convirtió en el alcalde accidental de la ciudad.

El estupor que produjo esta situación en la ciudad es fácilmente imaginable. El Ayuntamiento era abrumadoramente monárquico, pero la solidaridad de los concejales con Gómez Aramburu había aupado a los republicanos al poder municipal.

Cossío, tras tomar posesión, acudió al Gobierno Civil para mantener una entrevista con el gobernador, José Martos O’Neale, un hombre adicto al conservador Antonio Maura. La entrevista se llevó a cabo con toda cordialidad. Martos recordó a Cossío que el Ayuntamiento era monárquico y que estaba prevista una próxima visita a Cádiz del Rey Alfonso XIII. Cossío manifestó que estimaba que su mandato como alcalde iba a ser muy breve, ya que bastaba para su cese que algún concejal con más votos que él reclamara la Alcaldía, pero que mientras fuese alcalde de la ciudad actuaría con toda la corrección que le imponían sus deberes. En cuanto a la visita del Rey, Cossio aseguró al gobernador que si se producía estando él al frente del Ayuntamiento cumpliría como caballero lo que la cortesía y el respeto al Jefe del Estado le reclamaba, con independencia de sus ideas políticas.

Tras esta entrevista el alcalde republicano regresó al Ayuntamiento para presidir la sesión municipal. En la bancada de concejales solamente estaban otro concejal republicano y otro independiente. El público, afiliados a los partidos republicanos, llenaba el salón y aplaudía calurosamente. Cossío pidió que entraran los dos concejales republicanos confirmados por el Gobierno, Viesca y Quevedo, a los que dio posesión de sus cargos. A continuación siguió el pleno en el que se aprobaron asuntos de trámite. Curiosamente había una petición del Cabildo Catedral para que la Corporación asistiera a los Oficios de Semana Santa, lo cual también fue aprobado.

Pero los monárquicos no deseaban que esta situación continuara. Esa misma noche mantuvieron una reunión en el domicilio de Enrique Macpherson, que les pidió que volvieran a ocupar sus puestos, ya que la visita del Rey era inminente y era necesario recabar el apoyo del Monarca para los asuntos de interés para Cádiz. Gómez Aramburu señaló que la dignidad política de todos estaba ya a salvo, ya que había sido un republicano el que había dado posesión de sus cargos a los concejales de su partido, pero que él no estaba dispuesto a ser alcalde. Todos quedaron conformes en que Juan Arámburu, como concejal más votado, reclamara de inmediato el puesto de alcalde accidental de la ciudad.

En efecto, al día siguiente Juan Arámburu asumió la Alcaldía y efectuó el relevo con Cossío con absoluta normalidad y cortesía. Los concejales acordaron pedir al Gobierno que les concediera la posibilidad de elegir de entre ellos al alcalde titular.

Días más tarde, el Gobierno accedió a la petición y los concejales consiguieron convencer a Luis José Gómez Arámburu a que aceptara de nuevo la Alcaldía de Cádiz.

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