Tribuna libre

Alfonso Caravaca / De Coca

A mi amigo Carlos Noguera

Esta semana hemos sufrido una sensible perdida; se nos ha ido una gran persona. Todavía me cuesta creer que mi entrañable amigo Carlos ya no está con nosotros, pues siempre pensé que tú le ganarías la batalla a esa terrible enfermedad. Por eso hoy, aún entristecido por ello, he sentido la obligación de escribirte estas últimas líneas. Creo que es lo mínimo que te mereces de alguien que ha tenido la suerte de considerarse, por encima de todo, tu amigo.

Quiero darte las gracias por haberme acompañado, por los grandes consejos que me diste, por el apoyo que siempre me prestaste en los momentos difíciles. En definitiva, por haber estado siempre ahí, como un auténtico amigo. A lo largo de mi vida, que casi he compartido entera contigo, he podido conocerte y enriquecerme con tus cualidades. Para mí eras excelente y además eras tremendamente familiar, educado, exquisito de trato y, por encima de todo, un verdadero cristiano.

Han sido más de 20 años los que hemos pasado al frente de nuestra hermandad. Siempre encontrabas tiempo, a pesar de la dedicación a tu trabajo (en donde también fuiste ejemplar), para nuestra cofradía y conseguiste que esta fuera un ejemplo de unidad y fraternidad. Ahora tu familia, tus amigos, el mundo de las cofradías y tu querida hermandad lloran tu pérdida, pero estoy totalmente convencido de que allí arriba estarás acompañado por Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Nuestra Señora del Buen Fin.

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