La unidad de medida de la vanidad 2.0 es el retuit. Para ganar en humildad nada más fácil que colgar en internet, a la vez que lo propio, algo del prójimo y ver cómo lo del otro tiene más éxito. Casi nunca me falla y jamás cuando lo que tuiteo es un chiste de Esteban. El otro día arrasó uno en el que Puigdemont le decía a un Rajoy de plasma: "Podéis convencer, pero nosotros os venceremos en los libros de texto".

Mi vanidad, sí, vencida, pero mi orgullo triunfante de tener un compañero de periódico con la puntería de acertar en la clave del problema. Mientras las competencias educativas estén en las manos de los nacionalistas, podrá ganarse este envite soberanista…, pero a la larga, si la educación de los niños y los jóvenes está en poder de los independentistas, la soberanía nacional tiene sus horas contadas. El chiste tenía mucha gracia, pero era humor negro.

La monomanía economicista del Partido Popular le ha impedido ver que no basta con contener y reducir el paro. Eso es fundamental, claro, pero hay mucho más. La educación y, en un sentido más amplio, la cultura no se pueden dejar impunemente en manos del rival ideológico. Son paradigmáticos los versos con que Jon Juaristi explicó, con una brevedad paralela al chiste de Esteban, el horror del País Vasco. El poema se titula "Spoon River, Euskadi", y reza: "¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes,/ y por qué hemos matado tan estúpidamente?// Nuestros padres mintieron: eso es todo". Los versos son de 1987, pero valen para hoy y para mañana.

El Gobierno, la Constitución, el régimen del 78 y, sobre todo, España pueden vencer, pueden convencer incluso, porque tienen de su parte la ley, el orden internacional, la verdad y la historia, pero no servirá de nada si no se encara el problema educativo. Por eso, los independentistas se parten el bazo de risa con las amenazas judiciales y con los razonamientos históricos y, en cambio, se ponen muy serios en cuanto se habla de la recuperación de las competencias educativas o, al menos, del control de unos contenidos básicos de cohesión nacional y respeto histórico.

Un método casi infalible para perder es jugar a la defensiva y uno que ya no tiene remedio es apostar por el corto plazo. Si el Gobierno se limita a poner en movimiento a sus fiscales y a los tribunales, el chiste de Esteban dejará de tener toda la gracia para convertirse sólo en una profecía literal.

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