Tribuna libre

Jesús Maeso de la Torre Escritor

Semblanza de Paco Poveda, inspector de educación

Quisiera memorar con este cañamazo de recuerdos la despedida a principios de verano de mi amigo Paco Poveda, Inspector de Educación, que derramó su magisterio pedagógico por la provincia gaditana durante más de cuarenta años. Conocí a este gaditano de Salamanca cuando yo era un bisoño maestro y él un psicólogo que nos impartía cursos de didáctica, en una enseñanza, la española, que pretendía dar un salto de calidad en la nueva nación a la que aspiraba la Reforma Política de 1976.

Y lo haré con un verso de uno de mis autores predilectos G.K. Chesterton, que viene a resumir a la perfección la vida de entrega de Paco a la educación: "No digáis de mí que por debilidad decliné alguna vez mi responsabilidad/ Que desaparecí en el mar desde las torres que erigimos, huyendo de los faros que encendimos en aquel tiempo prodigioso /sino que seguí viviendo en esa casa grande donde los niños escriben en el papel en blanco de sus inteligencias".

Esa es la virtud, la del compromiso y el deber, que mejor describe la personalidad de Paco Poveda. Cuando nos hablaba, daba la impresión de que lo realizaba desde su interior, con nobleza y disciplina, como quien transmite sentimientos y no conocimientos. Desde entonces pensé de él que era un educador de valentía y exigencias, como si sus retinas ya hubieran descubierto que se allegaba un tiempo nuevo que precisaba de nuevos y valientes retos didácticos. Nos hablaba de la educación como si fuera un sueño guiado desde su corazón generoso, como si nos alentara a aquellos jóvenes docentes a aparcar las voces oscuras de un tiempo pasado. Nos comprometía a una docencia mejor. Encomiable.

Colocó en el centro del debate social gaditano la cuestión educativa que precisaba de un golpe de calidad, conocidas sus carencias y penumbras. Para él, la escuela debía emprender el gran reto del futuro, la credibilidad definitiva ante la sociedad, donde la instrucción, pública o privada, no podía convertirse en un asunto baladí; y nos transmitió, recién finiquitada la dictadura, que de la educación de las nuevas generaciones dependía el futuro de nuestro país, después de años de indefensión educativa, analfabetismo y retroceso.

Marco T. Cicerón decía de la educación aquello de "¿Qué mayor regalo podemos presentar a la nación, que enseñar y educar a la juventud?".

Las múltiples deficiencias que arrastraba el sistema educativo fueron restauradas por profesionales comprometidos como Paco Poveda, un guía innovador y sabio, que atenuó con su comprensión la soledad eterna de los maestros, desde los relevantes puestos que ocupó.

Sé que tras la jubilación suelen regalarse generosamente los epítetos, pero Paco fue un hombre de referencia en el sistema educativo de la Junta de Andalucía y de la Delegación Provincial de Cádiz, por su valiosa labor, por hacer prevalecer lo colectivo sobre lo particular y por impartir lecciones de honradez y esfuerzo entre el profesorado, honestidades nada desdeñables en los controvertidos tiempos que vivimos.

Pocas veces conocí a un instructor del mundo educativo tan crítico, clarividente y honesto, y con una sorprendente habilidad, no para ordenar e imponer, sino para conciliar. Envidiable. Paco Poveda era conocido por sus dotes de innovación y por su incansable empeño profesional. Por eso resultaba imposible destejer lo humano de lo meramente profesional, porque antes de dirigir, ejemplarizaba con su ejemplo personal.

Una estrella rutilante ha dejado de lucir en el mundo educativo gaditano, pero su luz se ha encriptado en el castillo de su jubilación, junto a su esposa Lola, también psicóloga y docente, donde gozará de la serenitas romana, que en el mundo latino era sinónimo de paz de espíritu.

Sus esperanzadoras propuestas transmitidas a tantos docentes gaditanos, sacaron de la ignorancia a muchos niños en el acceso a los niveles básicos de la educación, con los que difícilmente serán manipulados en su edad adulta, para insatisfacción de los poderosos.

Escuchar, observar y dialogar, definieron el factor humano que nos dejó Paco Poveda al universo educacional, además de una huella indeleble y reconocida, porque en él, aunque sea salmantino de raíces, se cumple aquello de "Quod natura non dat, Salmántica non prestat".

Pero Paco Poveda, en el equipaje atiborrado de libros y de sueños con el que arribó a Cádiz, ya lo traía todo aprendido.

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