Línea de fondo

pedro manuel espinosa

Llorones

Clubes como el Madrid o el Barcelona no pueden tener quejas del estamento arbitral

Durante muchos años el Barcelona había perdido esa cantinela llorona y victimista que recordaba de mi infancia. Aquel club acomplejado ante el Madrid, obsesionado con el centralismo y liderado por el Nuñismo, había dejado paso a una entidad ejemplar en el campo de juego, con un estilo propio e innegociable, bellísimo, un equipo más holandés que la Holanda de Cruyff y Rinus Michels. La época de bonanza coincidió además con una sequía blanca en la competición doméstica inusual. En las últimas dos décadas, los títulos azulgrana triplican a los madridistas. Sin embargo, en las últimas semanas hemos vuelto a asistir a ese comportamiento llorica, quejumbroso, a esa obsesión por encontrar conspiraciones desde la capital, por señalar incluso a Javier Tebas como el instigador de la cruzada que pretende enterrar al Barça de Messi. Particularmente me parece patético. No porque los árbitros no se equivoquen, que lo hacen porque pitar es muy difícil, sino porque clubes como el Madrid o el Barcelona no pueden reclamar nada del estamento arbitral. Sumando errores al final de cada Liga son los más favorecidos. Incluso en Europa, o acaso ya no recuerda Piqué y compañía cómo se clasificó el histórico conjunto de Guardiola en Stamford Brigde ante el Chelsea de Mourinho. Aquello fue escandaloso, y sin embargo, cuando se coronó campeón de Europa nadie dudó de que era el mejor del continente y, posiblemente, de los mejores de la historia.

Lo bueno para el Barcelona es que ahora que Piqué no para de llorar, al menos ha encontrado la reprimenda de los estamentos del club, que igual pensando en que no quieren volver a esa época oscura del que dicen es más que un club, de Núñez, Gaspart y el motín del Hesperia, han decidido centrar la atención sobre el terreno de juego. Porque normalmente, en este juego, el mejor del mundo, suele ganar el mejor. Y si este año no toca, seguro que no será culpa de los árbitros.

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