José A. Brieva Romero

Exdirector de la Unidad de Investigación del Hospital Universitario Puerta del Mar.

Investigación biomédica y el reparto de los fondos ITI

La necesaria cohesión entre los mejores investigadores será difícil de reconstruir

Detalle de un investigador trabajando en un laboratorio. Detalle de un investigador trabajando en un laboratorio.

Detalle de un investigador trabajando en un laboratorio. / EFE

En una tribuna de este periódico del 7 de febrero de 2017 ya se explicó la importancia de crear un Instituto de Investigación Biomédica en Cádiz (INiBICA). Esa tribuna advertía de los errores a evitar en el uso de los fondos ITI aprobados para el desarrollo del Instituto. En el tiempo transcurrido desde entonces, se elaboró un diseño estratégico mediante el que el INiBICA se estructuró en áreas específicas, en las cuales se agrupaban investigadores sanitarios y universitarios, con el objetivo de desarrollar masa crítica de calidad suficiente que permitiera a medio plazo su acreditación oficial por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), como ha ocurrido con todos los institutos similares de Andalucía. Los fondos ITI se aplicarían a estos fines, dotando a las diferentes áreas de personal adicional e investigadores nuevos con alta formación contrastada y fomentarían la necesaria sinergia sanitario-universitaria propiciando la confluencia física de todos los investigadores. Hace pocos días se ha comunicado el reparto de los fondos ITI aprobado por las autoridades. Pues bien, nada de lo que se había dicho se ha cumplido y se han cometido todos los errores avisados en la tribuna mencionada al principio.

Para empezar y sorprendentemente, la apresurada convocatoria de los fondos ITI, promulgada hace apenas un mes, se convierte en una convocatoria de proyectos, no vinculada al INiBICA, con lo que no se aseguraba un reparto razonable según líneas o áreas pre-definidas. Además, no había límite para que un mismo investigador pudiera participar en varios proyectos. Por último, se permite a los investigadores de la Universidad de Cádiz (UCA) no sanitarios acceder a los fondos previstos para personal del Sistema Sanitario Público Andaluz (sólo con incluir algún sanitario en el grupo) o presentarse como sanitarios no siéndolo. Nadie ha explicado la razón de estos virajes en el diseño inicial del reparto.

Sea como fuere, la financiación, inicialmente prevista para dinamizar el Instituto en un sentido equilibrado y riguroso, ha resultado inadecuada y arbitraria. Inadecuada ya que no se atiene al desarrollo de las áreas diseñadas para el INiBICA, quedándose áreas previstas con escasa o nula financiación y financiando áreas no previstas. Arbitraria en cuanto no se han financiado proyectos con mayores garantías científicas, mientras sí se ha financiado proyectos con pobre respaldo científico. Es sabido que un buen proyecto necesita un investigador principal y un grupo que lo garantice, máxime cuando se fomenta la creación de un Instituto. En este sentido hay que explicar que la calidad científica de un investigador se mide mediante parámetros internacionalmente admitidos, siendo quizás el de mayor garantía el Índice h. Basta repasar los parámetros de los concursantes para ver investigadores más consolidados (Índices h >17) no financiados e investigadores con escasos logros (Índices h bajos, incluso <4) financiados. De estos últimos cabe dudar incluso de su capacidad real para gastar el dinero recibido. Además, curiosamente, hay grupos de investigación financiados doble o triplemente, mientras otros con parecidas trayectorias científicas no han sido financiados. Un ejemplo llamativo de los sesgos producidos es el hecho de que los proyectos de investigadores-UCA obtienen el 70% de la financiación (5,4 millones), frente a un 30% de proyectos liderados por investigadores-SSPA (2,3 millones de €).

A las dudas sobre el conjunto del proceso descrito, se añade la imprecisión de la información sobre los criterios usados en la evaluación de los proyectos. Por ejemplo, en varios proyectos de investigadores sanitarios, la puntuación se ve penalizada porque se pretende contratar a personal altamente cualificado. También, de manera sorprendente, estos mismos proyectos se valoran negativamente porque "se trata de un proyecto ambicioso más próximo a una línea de investigación que a un proyecto propiamente dicho". Hay que explicar que en las semanas previas a la presentación de los proyectos, la Dirección del INiBICA recomendaba la apuesta por personal muy cualificado, capaz de atraer proyectos a Cádiz en el medio plazo, así como agrupar los proyectos de varios grupos para fortalecer líneas estables de investigación. Da la impresión de que a lo largo del proceso se cambiaron las normas o bien que algunos no llegaron a comprenderlas o a explicarlas donde correspondía. El hecho es que los criterios se cambiaron, y esto no llegó a muchos investigadores sanitarios. Con estos mimbres, es preocupante pensar qué va a pasar con la financiación conseguida para contratar a más de veinte investigadores de calidad; más bien lo que va probablemente a ocurrir es que se emplee en contratar post-docs endogámicos escasamente contrastados. Es muy dudoso que una auditoría externa validara muchas de las decisiones habidas, y por haber, en este proceso.

La distribución definitiva de los fondos tiene claros efectos indeseables: 1º) No se atiende la organización definida por el INiBICA, por lo tanto se obvia un desarrollo estratégico. 2º) Quedan sin financiación grupos consolidados lo que genera serias dudas sobre la efectividad y justicia del proceso. 3º) A medio plazo, coarta las posibilidades de acreditación del INiBICA por parte del ISCIII, ya que este requiere un plan estratégico y, al menos, un 50% de grupos sanitarios, así como contar con un plan progresivo para la vinculación física de los investigadores a centros sanitarios. 4º) El precipitado, confuso e inadecuado proceso narrado da un mensaje altamente negativo a muchos investigadores biomédicos consolidados gaditanos, que se mueven entre el estupor y el enojo al verse injustificadamente postergados, lo que les induce a abandonar el Instituto. La grave consecuencia de esto es que la necesaria cohesión y colaboración entre los mejores investigadores biomédicos de Cádiz va a ser difícil de reconstruir. El Instituto de Cádiz está hoy más lejos. Esto significa que la Dirección Científica del INiBICA, las autoridades sanitarias locales (Gerencia Hospital y Dirección de la Fundación Cádiz) y las regionales (Consejería de Salud, Secretaría General de Investigación, Progreso y Salud) han propiciado medidas que objetivamente dificultan la creación real del INiBICA. Quizás todo iba de poder descontar unos pocos parados de las listas, durante la duración de la ITI. Esto sin duda es fácil de hacer y, al tiempo, algunos pueden haber hecho favores a un sector, o a algunos investigadores afines. Lo lamentable es que si las cosas se hubieran hecho bien, se habría podido consolidar una estructura necesaria, el INiBICA, de forma estable, lo que habría garantizado más empleos, y empleos más duraderos, al tiempo que habría contribuido prolongadamente a mejorar la salud del entorno. De nuevo esta provincia carece del necesario liderazgo para realizar proyectos beneficiosos, no sabiendo superar la pereza, la incompetencia y los intereses particulares. De paso, Sevilla se quita de encima el engorro de tener que contribuir en el futuro al sustento de un Instituto de Investigación Biomédica en Cádiz. Ante estos hechos, algunos de los cargos mencionados ¿no tendrían que considerar seriamente la oportunidad de dimitir?

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